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POESIA

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Publicado: miércoles, 1 de agosto de 2018

MONEDAS

 

A Eduardo Gabriel

 

I Tras el 

a que no me atrapas 

vamos a los

 juguetes

 

II En un pedazo

de tierra roja

dos máquinas juegan

a levantar

una casa,

una ciudad,

un mundo

 

III El parque

es todo luz. Un

pajarillo a punto 

de la siesta

parlotea

 

IV Mira en derredor,

señala y exclama: papá,

cuidado, que

los árboles están prendidos

en fuego

verde

 

Voy de regreso a casa.

Miro al cielo. Tantas estrellas.

Mi tiempo es el 

de los dioses idos. 

Cierro los ojos.

Escucho el bocinazo. Un carro frena. 

Abro los ojos.

Estoy en medio de la Ponce de León. 

La voz de mi hijo, en susurro: 

Todavía no. Por favor, cruza.

Sálvate.

Sálvame. 

Lo escucho. Cruzo.

¿Lo escucharé

mañana?  

 

 

 

BOOKSTORE DRIVER

 

That’s when I reach for my revolver.

Mission of Burma

 

Hijo, te pido perdón

por lo que callo.

 

Uno tras otro, los días pasan.

Todo es lo mismo. Exacto.

A la boca se asoma

Un repentino buche de furia, 

 

un rencor con mano firme

me tuerce en dirección 

a la hora de lobos aullando en la cabeza.

 

Es cuando tiemblo sobre el lavamanos.

Soy aquello que ante el espejo susurra 

toda clase de obscenidades, soy aquello

que repite 

 

“Are you talking to me?”,

“Are you fucking talking to me?”,

 

y apunta al espejo

y se apunta a la sien

con un dedo ensangrentado. 

 

Al baño llega tu voz

Papá, ven a comer conmigo

a la mesa que estoy solo.

Me resigno. Bajo los ojos.

Ya voy, hijo. Ya voy. Ya termino. 

 

Cuentas tus días en la escuela.

Cantas. Pruebo un bocado.

Mi plato esta frío.

 

No tengo idea de 

cuánto tiempo estuve con la puerta cerrada. 

Me da terror justificarme

si alguna vez me descubres.

 

Preguntas por mi día

en el trabajo.

Agota sonreír. Tus ojos puros,

profundos. Sonrió.

Lo usual, hijo.

Acaricio su cabeza: ¿Te gustó

lo que papá cocinó hoy?

 

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claritienda Daniel Santos