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l Estado pierde el monopolio de la asistencia social en Cuba:¿Para bien o para mal?

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Publicado: miércoles, 6 de febrero de 2019

Por Sergio Alejandro Gómez

 

En la Cuba de 2019 hay sectores que dirigen negocios prósperos, desde clubes nocturnos y restaurantes de lujo, hasta servicios de pizzas a domicilio y hostales de primer nivel. Y esos cubanos solventes quieren ayudar a los suyos. 

El paso de un intenso tornado por La Habana este domingo movilizó a dueños de negocios privados, artistas y comunidades religiosas para llevar ayuda a las zonas más afectadas. Nada de eso fuera noticia si no se tratara de Cuba, un país socialista acostumbrado a que el Estado se encargue de todo.

La capacidad de organización e impacto mostrados en los últimos días habrían sido impensables una década atrás. Pero las reformas aplicadas durante el gobierno del General de Ejército, Raúl Castro, abrieron nuevos espacios a la iniciativa privada que han cambiado el paisaje al entramado económico y social del país para bien.

En la Cuba de 2019 hay sectores que dirigen negocios prósperos, desde clubes nocturnos y restaurantes de lujo, hasta servicios de pizzas a domicilio y hostales de primer nivel. Y esos cubanos solventes quieren ayudar a los suyos.

Con la frase “muchos granos de arena hacen una isla”, el conocido club nocturno y centro cultural Fábrica de Arte Cubano (FAC), dirigido por X Alfonso, organiza una colecta de comida, agua, ropa y cualquier otra ayuda imperecedera para hacerla llegar personalmente a las personas afectadas.

El pasado 29 de enero, los cantantes Yomil y El Dany, Haydée Milanés, Athanai y Diván, entre otros, repartieron personalmente un camión de víveres a los damnificados en Jesús del Monte, en el municipio Diez de Octubre.

El sector artístico siempre ha sido protagonista en este tipo de situaciones, como hizo la Brigada Martha Machado dirigida por Kcho tras los huracanes del año 2008, pero antes habían contado con algún tipo de respaldo institucional.

En las últimas horas se han sumado a la ayuda negocios privados como Ring Pizza, el mayor distribuidor de este tipo de comidas a domicilio en La Habana, y el restaurante De L´Abuela, que llevaron alimentos hasta los lugares más dañados.

Las organizaciones religiosas, que cada vez ganan más espacio y membresía en Cuba, también se personaron para entregar comida y otras ayudas a los afectados, en paralelo a las instituciones oficiales que habilitaron puntos de venta de comida a precios favorables y entrega gratuita a los hogares que lo perdieron todo.

Alguien podría preguntarse: ¿Qué hay de malo en todo eso? Y la respuesta es nada. Pero, de nuevo, el asunto es que hablamos de Cuba, una sociedad que aspira a ser diferente y en la que lo “normal” no pocas veces llama la atención.

En la mayor parte del mundo, las personas son solidarias ante un sistema que es profundamente injusto y desigual. El propio concepto de caridad es tan antiguo como el hombre y se basa en que unos tienen y los otros, no.

Por el contrario, se supone que el socialismo, un sistema estructuralmente justo, no tenga por qué depender de la acción individual para resolver los problemas de la mayoría. De hecho, así funcionó Cuba después del triunfo de la Revolución y hasta el impacto del Periodo Especial.

¿Es bueno o malo entonces que el Estado cubano vaya perdiendo ese monopolio, mas no el liderazgo, en la asistencia social ante la emergencia de nuevos actores y un contexto económico y político distinto?

Una respuesta corta podría ser que todo depende de cómo se den las cosas, pero comparto algunas valoraciones al respecto:

Lo bueno: 

Los actores sociales que surgen a partir de los cambios en Cuba son legítimos y tienen tanto deberes como derechos en la sociedad. Que quieran gastar parte de sus ingresos en ayudar a otros cubanos, es cuando menos una buena noticia y un ejemplo a seguir.

Si el Estado no se cierra ante el nuevo escenario y utiliza su liderazgo y legitimidad, puede canalizar las energías particulares a favor de los intereses de la nación y en beneficio de las grandes mayorías.

El activismo mostrado por este nuevo sector de la sociedad puede ayudar a movilizar aún más el tejido social, promover la solidaridad entre los cubanos y que las personas se sientan empoderadas y capaces de marcar la diferencia. Todo lo cual va en conjunción con el espíritu de los cambios que necesita el país.

Que un escenario más “competitivo” sirva para recordar la importancia del tacto político y el hecho de que los símbolos son tan importantes como las intenciones. Un hombre como José Martí, sin dudas, hubiera preferido ver a los jóvenes cubanos marchar recogiendo escombros en 10 de Octubre, Regla o Guanabacoa, en lugar de portando antorchas en su honor.

Se abre también la oportunidad para que las autoridades intervengan de manera inteligente y tomen acciones de gran impacto popular y pocos costos. Una de ellas podría ser levantar las tarifas aduanales para el ingreso de la ayuda que recolectan cubanos y amigos en el exterior.

Una acción de ese tipo concentraría opinión pública mundial en el verdadero culpable de los muros entre Cuba y Estados Unidos: el bloqueo. No lo tendrían muy difícil: El gobierno de los Estados Unidos congeló este miércoles una cuenta abierta en el sitio de financiamiento colectivo Gofundme, que pretendía lograr 20 mil dólares en ayuda para Cuba, producto de supuestas violaciones de las leyes del bloqueo.

También callaría la boca a quienes pretenden aprovecharse del contexto para atacar a Cuba, como el cantante español Alejandro Sanz, quien publicó en Twitter: “Cómo es posible que las ayudas recogidas para el tornado de Cuba no lleguen, que pongan restricciones aduaneras o que se apropien de ellas para poder venderlas a personas que se han quedado sin nada? Siento impotencias y el silencio del gobierno no ayuda”.

En un hecho inédito, tras el huracán Irma, en 2017, se crearon cuentas bancarias en pesos (cup) y pesos convertibles para depósitos de quienes quisieran contribuir a la recuperación. Esta vez se podría hacer algo similar.

A pesar de las diferencias políticas o ideológicas, la mayoría de los cubanos que están fuera del país confían en que el dinero depositado se utilizará para ayudar a la gente, un voto de confianza que envidiarían muchos gobernantes de la región y que demuestra hasta qué punto perder el monopolio de algo no significa perder la capacidad de liderarlo.

Lo malo: 

Que la exaltación de la iniciativa individual, aunque sea loable y positiva, se intente imponer simbólicamente como sustituta o superación del Estado y la acción coordinada de las mayorías. Puede parecer algo excesivo, pero la matriz está impuesta hace tiempo. Contar con un Estado y un sistema de asistencia social en el que cada persona sabe que no quedará desamparada si se levanta un día en la mañana y un tornado EF4 arranca el techo de su edificio, es uno de los grandes logros de la Revolución, y uno que cada cubano, dentro o fuera de la Isla, debería cuidar.

Que se intente menospreciar el nivel de organización y la importancia de una Defensa Civil como la cubana, reconocida internacionalmente, y capaz de llevar a cabo proezas como la evacuación de decenas de madres e infantes del hospital materno Hija de Galicia, tras el paso del tornado.

Que nos quieren hacer creer que existe la posibilidad de superar la hemorragia de los problemas estructurales (el subdesarrollo, la pobreza y la desigualdad), con curitas particulares. Y esto no quiere decir, en ningún sentido, que esté mal intentar ayudar y hacer lo que cada uno considere correcto.

Que entre tantas noticias, unas bien intencionadas y otras no tanto, se opaque lo que hacen otras organizaciones que también forman parte de la sociedad civil cubana. La Asociación Hermanos Saíz (AHS) en La Habana convocó este martes y miércoles a artistas e intelectuales a trabajar en la recogida de escombros. Asimismo, entre los primeros en organizar recogidas de artículos figuró la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y la agencia de noticias Prensa Latina.

Que dejemos de creer que la mejor y más efectiva vía -aunque no la única-, para hacer la diferencia en estos y muchos otros casos es la acción coordinada de toda la sociedad a través de sus instituciones (sin burocracia y con efectividad), que por demás se financian con el dinero público y no con caridad. Un Estado eficiente, además de fuerte, es un buen remedio para que nunca suceda.

 

Reproducido de www.rebelion.org

 

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