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Leo Brouwer: “La cultura ya no existe, se ha transformado en entretenimiento”

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Publicado: martes, 12 de septiembre de 2017

Xavier Quirarte

 

ALeo Brouwer la guitarra lo sedujo, entre los 11 y 12 años, “en medio de una soledad muy especial. Conocía mucho el piano, pero para mí era un mueble. Lo único que me fascinaba era la resonancia de la caja, de ahí, quizá, que siempre me hayan gustado mucho más Stravinsky, Bartók y los contemporáneos que los grandes clásicos inmortales”. 

Referente de la composición guitarrística mundial, el músico nacido en La Habana en 1939 será homenajeado esta semana por el Conservatorio Nacional de Música en el contexto del VI Festival Internacional de la Guitarra. Además de una charla sobre composición y clases maestras del instrumento a lo largo de la semana, el viernes a las siete de la noche Brouwer dirigirá un gran concierto con sus obras.

El maestro cuenta en entrevista que “la intimidad del instrumento iba bien con una especie de introspección. Aunque yo no podría explicar por qué me fascina, eso es lo que está más cerca de la realidad. Es un instrumento femenino de líneas suaves, de sonido suave. No quiere decir que la mujer sea suave, quiere decir que la mujer significa algo de la gran belleza del universo, algo superlativo”.

Con más de seis décadas como compositor, su obra abarca tanto piezas con influjo de la música popular cubana, como otras con lenguajes abiertos, que van del serialismo y el dodecafonismo al minimalismo, pasando por arreglos a canciones de los Beatles y música para el cine. Para explicarse como compositor, Brouwer elige el término ecléctico. “Así le llaman un poco a la visión posmoderna. Por ejemplo: a mí no me interesa la melodía, aunque las haya tenido que escribir, sobre todo para el cine. Al ser la melodía la reina del siglo XIX, de la gran época sinfónica, y justamente tener un instrumento generador de mi sonido que es la guitarra, que es estrictamente lo contrario del mundo sinfónico -en términos generales-, se justifica un poco el que yo escriba para la guitarra como si fuera una orquesta y viceversa”.

Brouwer declara su admiración “por los grandes compositores de esta época, que son tremendos y muy poco conocidos, pero las formas musicales son herencia, son formas cerradas, contenedoras de un patrimonio. Por supuesto, no hay nada nuevo en composición: todo es una revalorización de la historia. Pero la aparente novedad de un lenguaje -en este caso los lenguajes que yo uso, que son insoportablemente modernos para el público en general, aunque para el especializado quizá sean una canción de cuna-, este tipo de sonoridad, es algo con lo que nací. No nací con la paz y el equilibrio que producen algunos documentos extraordinarios de la herencia patrimonial histórica.

 

¿Qué ocurre con la música en manos de la industria?

Cuando la música genera dinero ya no importa que no sirva para nada, eso es lo que piensan las productoras. Mientras más barata, más repetitiva, más dinero produce y menos inteligencia. No hace falta la inteligencia, no hace falta la sensibilidad para sudar bailando (lo que es estupendo, ¡ojalá yo fuera mejor bailarín!). ¡Hay música hasta en los cementerios!

 

¿Llegado el momento de su partida, querría escuchar música en el cementerio?

Bueno, hay voces maravillosas que me gustaría oír, ciertamente. Y, por qué no, unas populares, como Dulce Pontes, la portuguesa; como Mayte Martín, la flamenca; pero también a los contratenores Andrea Scholl y Philippe Jaroussy. Yo creo que sí, cuando uno se horizontaliza para siempre tiene que estar acompañado de algo hermoso. Pero de aquí a allá falta mucho: ¡yo aspiro estar en el equipo de los 120 años!

 

¿Además de las cuestiones técnicas, qué les enseña a sus alumnos?

Bueno, primero, a limar asperezas en su quehacer, guiar un poco los gustos estéticos, paralelamente a una indagación sobre los gustos propios, porque es terrible la unicidad o repetición de patrones musicales en el mundo actual. Creo que el invento de la internet, por ejemplo, es extraordinario, posiblemente una de las cosas más reveladoras en la historia del hombre, pero piensa por nosotros. Limita la habilidad de escribir y la habilidad de pensar, y no de transcribir el pensamiento que manipulan para nosotros. El ser humano ya no es el mismo después de ser manipulado por los medios y por el poder, ya sea el poder político o económico, cualquiera que éste sea. No me gusta hablar de la política y de estas historias, porque no lo merecen, pero no habrá una estética poderosa limpia. En un futuro cercano habrá un símil del dinero y del confort. La cultura ya no existe, se ha transformado en entretenimiento.

 

Reproducido de www.segundacita.blogspot.com

 

 

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