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Meteorología Política

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Por Ricardo Alegría Pons

Publicado: martes, 13 de febrero de 2018

En un lugar del cual me quiero recordar, don Miguel de Cervantes dice que la historia no solo es testigo de lo que ha pasado, sino además, aviso de lo presente y advertencia de lo porvenir.

En una reciente reunión en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump, cuestionaba ante un grupo de legisladores, por qué los Estados Unidos debería acoger más inmigrantes de Haití y de “países de mierda” en África en vez de lugares como Noruega. 

Y si es cierta la aseveración de Ortega, de que el hombre “es él y su circunstancia”, no hay que ignorar que este pensamiento fue avalado por más de 60 millones de ciudadanos norteamericanos. 

Robert A. Zimmerman, alias Bob Dylan, escribió una balada muy a propósito de estos tiempos:

“You don’t need a weatherman to know which way the wind blows… the answer, my friend is blowing in the wind”

Hasta hace apenas unos años, muchos cuestionaban que Puerto Rico fuese una Nación –concepto en rigor antropológico– que no debe confundirse con el concepto Estado, el cual requiere como elemento inherente el poder soberano. Hoy día, sin embargo, todos los sectores políticos son conscientes de que Puerto Rico no es un Estado, pero si una Nación. 

“La nación se define a través del concepto nacionalidad”. “La nacionalidad es una categoría sico-sociológica, y no política ni jurídica.” (R. Garzaro, Diccionario de Política. 3ra ed. Publicaciones Gaviota, 2015).

No hay duda que los tiempos nos traen vientos de reivindicación de la nacionalidad. En efecto, si algo queda hoy claro, es el efecto devastador que produjo en África y en el Mediano Oriente la integración multicultural en unidades estatales realizadas por el colonizador europeo el siglo pasado. El conflicto entre Hutus y Tutsis en Ruanda es ejemplo extremo de lo anterior. Asimismo la desintegración de la URSS y de Yugoslavia son muestras bastante elocuentes. Tampoco es posible no prestar atención a casos como los de Quebec, Escocia, el País Vasco, Cataluña, etc. 

Irónicamente en lo que se refiere a nuestro caso, aún en los Estados Unidos de América –que no es una federación plurinacional– existen en la actualidad movimientos separatistas. Curiosamente en los dos últimos estados admitidos a la unión: Alaska y Hawaii, pero también en California y Tejas y otros. 

En suma, solo cabría preguntar cuántas naciones se han integrado a otra en el curso de las últimas décadas en contraste a cuantos estados plurinacionales se han desintegrado. En este contexto pienso inevitablemente en la reunificación de nacionalidades separadas por conflictos en la guerra fría, como Alemania y Vietnam. 

Resulta entonces anacrónico, que al fenómeno nacionalidad, consecuentemente reivindicada en estos tiempos con tanto fervor en otras latitudes, por catalanes, vascos y gallegos (en el Reino de España) y por escoceses y galeses (en el Reino Unido) ¡Todos ellos con plenos derechos políticos, a diferencia de Puerto Rico!, sea minusvalorizada y hasta menospreciada por aquellos que persiguen la integración –asimilación de Puerto Rico a la metrópoli.

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