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CLARIDADES: El dogma y la ética cristiana

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Publicado: martes, 13 de febrero de 2018

La compleja historia del desarrollo de las comunidades cristianas se reflejó en el dogma de su religión. Surgida inicialmente como pequeña secta judía, el cristianismo se fue transformando en religión universal, a medida que satisfacía las necesidades y demandas de nuevos grupos de población y diversos elementos étnicos y de clase. Ello determinó que el propio dogma cristiano se hiciera extraordinariamente complejo, enredado y contradictorio. Es difícil hallar otra religión en el mundo que encierre tantas contradicciones internas, que sea tan ilógica y absurda. Si dejamos de lado las contradicciones existentes entre los distintos evangelios, como hecho de importancia relativa, y nos limitamos a examinar sólo los conceptos fundamentales del cristianismo es imposible no asombrarse de las inconciliables contradicciones que se nos presentan.

La idea del dios omnipotente y bondadoso está en abierta contradicción con la del dios que sufre y que expía con su muerte los pecados de los hombres.

La idea misma de ese dios omnipotente y benevolente contradice la idea del pecado en que estaría incluido todo el género humano y la doctrina acerca de la recompensa en el más allá y de los tormentos que deben sufrir los pecadores. Si es tan bondadoso y omnipotente debió haber brindado feliz destino al mundo y a los hombres, no condenar a eterno tormento a todos los hombres por haberlos creado malos él mismo.

El dogma de la predestinación contradice la doctrina de la iglesia sobre el libre albedrío del hombre. El dios omnipotente destinó por anticipado a unos para el pecado y los tormentos en el otro mundo. Pero al mismo tiempo, según la doctrina cristiana, la voluntad del hombre es libre, él mismo elige para sí el camino del bien o el camino del pecado, y por eso dio recompensa a unos y a otros, los castiga. Los teólogos cristianos tratan de resolver de distinta manera esta contradicción dogmática, pero con idéntico resultado negativo.

Salta a la vista también el absurdo de la Trinidad. Dios es uno y tres a un tiempo: dios-padre, dios-hijo y dios-Espíritu Santo. Dios-padre envía a su hijo a la tierra y éste nace allí de dios, el Espíritu Santo, y de una mujer. En la tierra, el dios-hijo dice constantemente a los hombres que su misión es cumplir la voluntad del padre que lo ha enviado, y no la suya propia; que reza a su padre rogándole que le de fuerzas para soportar la terrible ejecución, le ruega inclusive que lo libre de esa ejecución. Pero resulta que él y su padre y el Espíritu Santo, que también es su padre porque hizo que lo concibiera su madre, son una sola y misma cosa, el propio dios. Es imposible a la razón humana comprenderlo. Este enredo se explica por el hecho de que las partes integrantes de la Santísima Trinidad fueron tomadas de fuentes distintas; dios padre es el Jehová-Savaof hebreo; dios hijo es el mesías-salvador, cuya imagen compleja ya hemos examinado anteriormente; el Espíritu Santo es pléroma, el principio divino abstracto de los gnósticos y que éstos ponían muy por encima del dios hebreo Jehová, e inclusive, en parte, lo oponían a este último. La asociación inescrupulosa de esas distintas ideas es la que dio por resultado la Trinidad cristiana.

Existen también otras numerosas contradicciones dogmáticas y faltas de coordinación lógica.

Esas contradicciones y la compleja ideología del cristianismo son fruto de esa encarnizada lucha dogmática entre las distintas orientaciones, lucha que a su vez, era el reflejo de la que libraban las diversas fuerzas de clase, de los intereses de éstas, que aparecen representados en el cristianismo de la primera época. Pero las masas de creyentes no manifestaban confusión ante esas contradicciones del dogma, lo que tiene su explicación, pues el cristianismo se gestó como religión de los esclavos y de las masas oprimidas, quienes no necesitaban del dogma; les era preciso creer en una divinidad bondadosa, en el salvador; buscaban consuelo en la religión.

 

Fuente: Historia de Las Religiones - S. A. Tokarev

 

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