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Manuel Piñeiro, discreto paladín de la unidad y la soberanía de Nuestra América

Piper, al centro, junto a Fidel y Salvador Allende.
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Publicado: martes, 20 de marzo de 2018

Por Fernando M. García Bielsa

 

Por estos días se cumplen veinte años de la muerte del Comandante Manuel Piñeiro Losada, fundador de los órganos de seguridad cubanos y durante varias décadas estrecho colaborador del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, de quien fue amigo e interlocutor prácticamente cotidiano en los complejos quehaceres de la elaboración y ejecución de la política exterior antiimperialista y la acción internacionalista de Cuba.

Piñeiro, conocido también desde los días de la lucha guerrillera en las sierras orientales como ‘Barbaroja’, y que fue uno de los más destacados dirigentes de la Revolución, falleció en la capital cubana el 11 de marzo de 1998, cuando estaba a punto de cumplir 65 años, en una etapa en la que comenzaba a escribir y develar hechos y documentos hasta entonces confidenciales acerca de las muchas y delicadas misiones solidarias que dirigió en apoyo a las fuerzas anti dictatoriales y progresistas del hemisferio.

El Comandante Piñeiro había sido uno de los fundadores del “Movimiento 26 de Julio” en la provincia cubana de Matanzas durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, integró en la Sierra Maestra la Columna Número Uno dirigida por su gran compañero y amigo Fidel Castro Ruz, para luego coadyuvar a exitosas campañas guerrilleras bajo las órdenes de Raúl Castro en las serranías del norte oriental, en lo que tuvo un destacado desempeño.

Algo después del triunfo revolucionario de 1959 Piñeiro devino fundador de los órganos de la seguridad y del Ministerio del Interior, los cuales contribuyeron a preservar la independencia y soberanía nacionales ante las permanentes agresiones imperialistas. Ya para entonces era un estrecho colaborador de Fidel Castro en la concreción de la ayuda y solidaridad hacia una amplia gama de fuerzas revolucionarias y patrióticas de América Latina y el Caribe, y también en otros continentes, como parte del impacto mundial de la Revolución Cubana, a la cual sirvió con inteligencia y lealtad durante toda su vida.

Fue un hombre de acción, consagrado a sus tareas, y de un optimismo natural, asi como con gran olfato y capacidades de dirección que le permitieron asumir con éxito muy delicadas responsabilidades y misiones políticas, guiadas por el objetivo fundamental de ayudar a quebrar el dominio yanqui en la región. A través de la discreta labor política y solidaria de Piñeiro y su equipo de oficiales y funcionarios se materializaron empeños unitarios en varios países, y en otros en asesoría militar y ayudas en la lucha contra las más brutales dictaduras militares que contaban con el apoyo de los Estados Unidos.

En 1975 se crea el Departamento América, como parte del aparato auxiliar del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, donde por otros veinte años Piñeiro continuaría desempeñando un importante papel en el desarrollo de las relaciones con fuerzas  revolucionarias, políticas y sociales en nuestro Continente, por lo que las actividades bajo responsabilidad de Piñeiro continuaron siendo una de las mayores preocupaciones de las administraciones estadounidenses.

Considerado por muchos como un conspirador nato para las buenas causas, que gozaba ante los desafíos, Piñeiro fue a su vez un ejemplo de disciplina, lealtad y discreción, virtudes que le acompañaron siempre en su importante ejecutoria revolucionaria. Su inteligencia, sus dotes para operar con absoluta discreción y la habilidad con que formó y dirigió a su equipo de subordinados, le permitieron contrarrestar exitosamente en múltiples ocasiones la acción de los aparatos de inteligencia norteamericanos.

Casi todos los que lo conocieron, amigos o los más diversos interlocutores coinciden en destacar la austeridad y la modestia de aquel compañero, su carácter ameno y hasta jaranero, su “don de gentes”, y su capacidad para relacionarse con muy variadas figuras y líderes de diversas vertientes políticas, entre los que contaba con gran respeto y admiración, más allá de las diferencias ideológicas.  Para quienes con él trabajamos era jefe y a la vez maestro y amigo, que infundía respeto a la vez que era accesible y jovial.

El enfoque político y revolucionario fue siempre la guía tanto de su labor personal como al orientar el trabajo de las entidades que dirigía. Dedicó innumerables horas a ampliar las relaciones de Cuba con prácticamente todos los sectores políticos y sociales de este continente, sin importar las posiciones ideológicas y la militancia partidista, siempre y cuando existiese un ápice de nacionalismo y honestidad. Era capaz de dialogar con disimiles interlocutores. En la amplitud de su labor llegó a los sectores más improbables, militares, conservadores, reformistas o religiosos, en lo que partía del concepto de Fidel de que espacio que no se cubre lo ocupa el enemigo. Nunca en tales quehaceres hizo concesiones de principios.

En la historia de Nuestra América, en su difícil confrontación con la política imperial de Washington, está sin dudas el importante aporte que en su momento aportó el inolvidable Comandante Manuel Piñeiro Losada.

 

Reproducido de : www.rebelion.org 

El autor es analista político cubano.

 

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