Opinión / Editorial

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El asalto del capital a la educación pública

Publicado: martes, 13 de febrero de 2018

El mensaje del gobernador Ricardo Rosselló, anunciando sus ideas para reformar la educación pública en Puerto Rico, se redujo a una lista de conceptos viejos, empacados en una nueva retórica para tratar de imprimirles novedad y urgencia. Sus palabras, sin embargo, nos llevaron al pasado. Porque esta agenda de privatización no es nueva. La práctica de convertir lo público en un botín para intereses privados la han ensayado todos los gobiernos recientes, sobre todo- pero no exclusivamente- cuando el Partido Nuevo Progresista (PNP) adviene a la administración de la colonia. Ahora, sin dinero, sin ideas y sin otra motivación que su fanatismo ideológico, el gobierno de Rosselló recicla dos viejas ideas que se quedaron en el tintero durante la administración de su padre, el ex gobernador Pedro Rosselló: los cuestionados vales o comprobantes educativos-en inglés, “vouchers” - iniciativa que ya fue derrotada una vez en los tribunales por su inconstitucionalidad, y las llamadas escuelas “charter”, un experimento para financiar escuelas privadas con fondos públicos que ha levantado y sigue levantando ronchas dondequiera que se han ensayado. 

Nada garantiza que las escuelas “charter” sean mejores alternativas educativas para los estudiantes puertorriqueños que el sistema que tenemos. De hecho, la experiencia en Estados Unidos, desde donde nos llega este experimento, arroja resultados mixtos y, en algunos casos, altamente desalentadores en un modelo que se ha convertido en uno de los nuevos “mantra” de la administración Trump. El propio Trump se ha referido a la educación pública como “un monopolio manejado por el estado”. Cónsono a su visión, nombró como secretaria de Educación a la multimillonaria Betsy De Vos, una promotora fanática de las escuelas “charter”, bajo el pretexto de que constituyen una opción adicional para mejorar la educación de niños y jóvenes en riesgo. Pero, mientras el riesgo sigue acechando a los niños y jóvenes desventajados, el “School choice”, como le llaman allá al modelo que presume de ofrecerle diversas opciones educativas gratuitas y ecualizadoras a todos los estudiantes, es en realidad una manera de desviar recursos del Estado para que sean administrados por empresas privadas que se benefician del presupuesto gubernamental, sin otras exigencias más allá de que sus estudiantes tomen las llamadas pruebas estandarizadas que el Departamento de educación federal administra anualmente a sus educandos.

Nadie en Puerto Rico cuestiona que nuestro sistema de enseñanza necesita cambios profundos y urgentes. Pero no es sólo el sistema público; el privado también. En términos generales, la educación privada en Puerto Rico también carece de métricas de excelencia, excepto unas pocas escuelas para las élites económicas e intelectuales del País. Mientras, el sistema público mantiene un grupo de escuelas especializadas que son excelentes, así como las Montessori que están probando ser una alternativa preciosa y costo efectiva para mejorar la educación pre escolar y elemental y, sobre todo, estimular la creatividad y curiosidad natural de los niños y las niñas.

 Una cosa es el consenso de que hace falta mejorar la educación pública y otra es entregar nuestras escuelas a manos privadas, sin ninguna garantía de que los resultados van a justificar tan monumental decisión. En Estados Unidos, y aunque son financiadas por el Estado, las escuelas “charter” no están sujetas a las normas y guías generales de la educación pública, y pueden incluir modalidades diversas, desde el llamado “homeschooling” (la enseñanza en el hogar) hasta franquicias que “venden” servicios diversos. Un reciente experimento de escuelas “charter” virtuales (enseñanza a través de Internet) en el estado de Pennsylvania fracasó estrepitosamente, cuando sólo el 48% de sus estudiantes inscritos pudo graduarse para obtener el diploma de escuela secundaria. 

En un reciente informe sobre el desempeño de las escuelas “charter” en Estados Unidos, El centro de investigación sobre resultados en la educación, (CREDO, por sus siglas en inglés), entidad adscrita a la Universidad de Stanford en California, concluyó que las escuelas “charter” con fines de lucro obtuvieron resultados significativamente más bajos en las áreas de matemáticas y lectura que sus homólogas sin fines de lucro. Otro de sus hallazgos fue el impacto negativo de las escuelas “charter” con fines de lucro en el desempeño de sus estudiantes en matemáticas, en comparación con las escuelas públicas tradicionales. 

En muchos países del mundo, la educación pública avanza a pasos agigantados. Las pruebas PISA, el programa internacional mundialmente aceptado para la medición de desempeño de los estudiantes en las áreas de ciencias, matemáticas y lectura, publicó la lista con los mejores sistemas educativos públicos del mundo en el 2017, a base de sus métricas. Asia domina ampliamente, con Singapur en el primer lugar, y Japón, China, Taiwan, Corea del Sur y Vietnam entre los primeros quince. En esos primeros lugares están también los sistemas educativos de Finlandia, Estonia, Suiza, Alemania, Países Bajos (Holanda y Bélgica) e Irlanda. De este hemisferio sólo figura Canadá entre los estelares. Educación gratuita y obligatoria a todos los niveles hasta los 18 años. Como ven, entre los mejores hay países ricos y pobres. El capital no es el principal criterio de calidad. De hecho, el común entre los mejores es la preparación, el prestigio social, el salario y las condiciones de trabajo de sus maestros y maestras. 

El pueblo de Puerto Rico tiene que empezar a cuestionarse que la respuesta oficial de este gobierno a todos nuestros problemas sea la privatización. No es posible un país nuevo y distinto sin un gobierno vigoroso que garantice a todos sus ciudadanos y ciudadanas sus derechos básicos, entre éstos, una educación pública gratuita y de calidad. No permitamos que una vieja y mala idea dé al traste con nuestras posibilidades de desarrollar un sistema educativo público de excelencia- con los estudiantes y maestros como centro- y que responda a la visión de un Puerto Rico vivo, libre de la dependencia, de la cortedad de miras, de la corrupción y de unos políticos mediocres e ideólogos fanáticos que pretenden arrastrarnos al abismo.

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