Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

En las entrañas de la marcha oposicionista

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)

Publicado: martes, 11 de abril de 2017

Por Marco Teruggi

 

La siguiente nota fue escrita para 15 y Último por Marco Teruggi, quien estuvo acompañando la marcha oposicionista desde La Carlota hasta El Recreo, cuando, desviada ilegalmente por el gobernador de Miranda Capriles Radonski, terminó enfrentada con los piquetes policiales que impidieron su paso al centro de Caracas, lugar donde a esa misma hora se llevaba a cabo otra nutrida concentración, en este caso del chavismo. Por un instante los venezolanos revivimos los aciagos momentos del 11 de abril de 2002, cuando ese mismo personaje –en aquel entonces alcalde de Baruta– junto a Leopoldo López y otros líderes de la derecha, desviaron una concentración oposicionista que terminó enfrentada con partidarios del chavismo con un lamentable saldo de muertos y heridos emboscados por francotiradores, lo que fue utilizado como excusa para el golpe militar.

Al escribirse, todavía no había sucedido el asesinato del joven Jairo Ortiz en el sector de Montaña Alta, municipio Carrizal del mismo estado Miranda, epicentro de guarimbas en 2014 y cuyo alcalde –activo instigador de las mismas– milita en las filas del partido oposicionista Acción Democrática. Según se sabe a estas horas, pese a que inicialmente se dijo que fue herido de un disparo en el pecho, al parecer la bala que lo mató fue disparada a espaldas suyas, lo que repite el formato de algunos asesinatos de las guarimbas de 2014 y el golpe de 2002, en el que víctimas del oposicionismo cayeron en manos de copartidarios.

A la espera de la versión oficial de lo sucedido en Montaña Alta, dejamos a nuestros lectores y lectoras el texto de Teruggi, el cual constituye tanto una crónica de primera mano de los acontecimientos, como una radiografía de sus protagonistas: quiénes son, cómo eran, qué hacían los marchistas de ayer, a todas estas inquietudes y a algunas otras puede encontrarle respuestas acá.

 Hay algo de juego para ellos. Como una adrenalina de ricos, de gente que nació en casas grandes, fue a colegios privados, de vacaciones a Miami –“mi amor en el próximo viaje tenemos que comprarle una GoPro a la niña María”, conversaba una familia antes de tirar piedras– de quienes siempre estuvieron en el mismo lugar de la vida, el de la comodidad. Se les nota en la cara, el color de la piel, en el silencio funerario durante la movilización, en la ropa que no deja saber si irán a jugar al tenis o a intentar tumbar al gobierno. Es una evidencia. Cualquiera que vaya se daría cuenta. Cualquiera salvo ellos, que cantan “el pueblo unido jamás será vencido”.

En términos numéricos fueron más que los días pasados, menos que en el mes de octubre durante el intento de golpe de Estado, y, por ende, menos que el 1 de septiembre pasado. Una hipótesis posible sería porque esta vez la dirigencia sí los convocó a confrontar y no a aplaudir a líderes sin liderazgo, ni a seguir abollando cacerolas. Eso había pasado en septiembre y octubre, y el resultado había sido de abucheo a la dirigencia, insultos por redes sociales, la desmovilización de su propia base de apoyo. Esta vez en cambio hubo acción, y para esa base social tan nítidamente clasista y masticada en rencor, eso le dio perspectiva al llamado.

Fueron emocionados con la perspectiva de confrontar. Se les notaba a los más jóvenes, sobre todo: armaban barricadas, cargaban piedras, palos, sillas, pedazos de muebles, alambres, máscaras antigas, cremas contra lacrimógenos. Ellos fueron la vanguardia de la movilización. Los más grandes, con gorras de películas gringas o australianas, y el porte de quien manda en una empresa, fueron de retaguardia. Algunos adultos se animaron a ir al frente. ¿Al frente de qué?

Se sabía que iban a buscar la confrontación, lo habían anunciado. En nombre de la “libertad”, la “resistencia a la dictadura”, de “Venezuela”, del “hambre que se vive”. También sabían que no los dejarían pasar de Plaza Venezuela. Todo estaba entonces montado: la movilización épica y burguesa, y el esquema de contención de las fuerzas de seguridad. Este consistió en un muro –literal– en la autopista que hizo, desde el primer momento, imposible la perspectiva de franquearlo. Era también una evidencia. En ese marco comenzó el desarrollo de la acción.

Las primeras líneas fueron juveniles, que, con ganas, se lanzaron a confrontar. Rápidamente comenzaron a darse sucesivos oleajes: avances tumultuosos con piedras en la mano, estampidas desordenadas ante los gases y el agua de las ballenas. Así fue planteado el esquema que duró cerca de dos horas. Algunas células estaban más organizadas, con, por ejemplo, gente con guantes para tirar los gases al Guaire. Porque, si bien existió un componente de espontaneidad, la cabecera estuvo evidentemente muy organizada. La derecha busca violencia callejera, y como tal se ha venido preparando. No existe casualidad, ni improvisación.

Para ellos se trata realmente de una dictadura y de una represión. Esa es su batalla, y esos gases y esa agua son la marca de ese “régimen tiránico”. Aunque hayan tirado bombas molotov sobre las ballenas con una sorprendente facilidad, y no hayan salido motos a cazarlos con escopeta como animales. La orden del gobierno fue contener, y ese objetivo en Caracas, así parece, se cumplió.

***
¿Cuáles eran los objetivos de la derecha? En primer lugar, el de alimentar la matriz internacional. Allí está el frente de batalla central hoy, desde donde operan para desgastar al gobierno, forzar pronunciamientos, sanciones, posibles intervenciones. La derecha es dependiente de ese frente, lo necesita económica, política, logística y diplomáticamente. En un escenario donde la Organización de Estados Americanos (OEA) ha decidido atacar frontalmente a Venezuela, esas fotografías, videos, son imprescindibles: alimentan la matriz de la “dictadura”, “violación de los derechos humanos”, “falta de libertad de prensa”. Cuanto más caos logren, mejor les será. Por eso la hipótesis de los muertos en estos escenarios no debe ser descartada. Les vendría como anillo al dedo.

En segundo lugar, cabe preguntarse si el plan era pasar Plaza Venezuela. Con esa fuerza desplegada en la autopista y el operativo planteado, no existía posibilidad de logarlo. Lo importante pareciera haber sido entonces el impacto comunicacional, la respuesta a su base social dejándola confronta que había disminuido notoriamente, y el desarrollo de acciones dentro de la estrategia de guerra de desgaste prolongada. Dos movilizaciones con choques en una semana, más la que ya anunciaron harán el sábado, sumado a los ataques comunicacionales y las declaraciones internacionales, les permite trabajar el plan de batalla permanente, del golpe de Estado en continuo.

¿Cuál sería el día final del golpe? Resulta difícil saberlo, les faltan dos elementos imprescindibles: pueblo –barriadas, clases populares– y un sector de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Sin lo uno ni lo otro no se tumban gobiernos en Venezuela. Pero se puede hacer mucho daño, tanto nacionalmente, como en el plano internacional marcado por la incertidumbre y la noticia de misiles norteamericanos lanzados sobre Siria.

El chavismo ganó en mantener la paz, evitar un enfrentamiento, un desborde mayor, esa sería una primera afirmación. No es la primera vez que se logra y es estratégico: la violencia, la confrontación, es el escenario que busca la derecha. A eso quiere llevar al país. Para eso provocan, buscan el momento del choque, tienen una base social que lo anhela, quiere una revancha que castigue en masa.

También en términos de movilización el chavismo ha mostrado que su capacidad, aunque haya reducido, sigue siendo grande. Su base social tiene las raíces históricas, es eminentemente popular. Se nota en las pieles, los rostros, la alegría, la manera de ser parte de una revolución, del país de Chávez. El corte de clases es nítido. No se han perdido las calles, se logró ocupar el espacio público varias veces en las últimas semanas, en particular desde el ataque directo de la OEA, agresiones que, se sabe, fortalecen la unidad chavista, el sentimiento antiimperialista. Somos más fuertes cuando nos atacan de frente.

En términos de movilización de las bases sociales la asimetría histórica se mantiene: el chavismo es más fuerte. En la capacidad de resolución del conflicto en las altas esferas también. Eso indicaría que la balanza se inclina de nuestro lado. El problema es medir la correlación de fuerzas con base en quienes se expresan de manera directa en las calles. No es un secreto que una parte importante de la población –¿la mayoría?– está desgastada, alejada, desilusionada por los dos bloques en disputa. Se vio en estos días de denuncia del supuesto autogolpe: reinó en las calles un llamativo silencio. Se podría decir –para alivianar– que es porque la derecha perdió su credibilidad, que el problema es suyo. Una lectura cruda indicaría que, con las múltiples diferencias, no solo le sucede a la dirigencia de derecha.

Por eso la pregunta es qué piensan quienes no se movilizan y observan los enfrentamientos desde la casa, ven a través de los medios de comunicación esta realidad compleja, marcada –allí el agua profunda– por la situación económica que no se estabiliza a pesar de anuncios y actos de entrega de dólares. El día a día es de incertidumbre, de dificultad económica. No para quienes tiraron piedras en nombre del hambre: ellos no saben lo que es. Pero sí para muchos que han dejado de creer, que han visto la política reducirse a una agudización de la confrontación superestructural, mientras los precios se liberan. Las cajas Clap estabilizan solo una parte, y los medicamentos son una preocupación cada vez que se los necesita. ¿Ellos qué piensan? ¿Dónde irán electoralmente? Esa instancia no se ganará por peso callejero, sino por capacidad de haber construido sentido común, credibilidad, haber detenido el deterioro material impuesto por los ataques económicos.

Pasados los días de choque abierto –no se puede saber ni cuándo terminarán ni por cuánto tiempo– seguirá la tarea estratégica: rearmar la mayoría, hablar y escuchar a quienes se han convertido en espectadores de políticas/os en quienes ya no creen. La derecha quiere sumarlos a sus filas a través de la estrategia de caotización, en particular la económica. ¿Qué planes tienen los diferentes actores del chavismo? Tal vez sea hora de rearmar la política como poderes creadores del pueblo, y no como una partida de ajedrez.

 

Reproducido de www.15yultimo.com

 

  (2) Comentarios




claritienda Pez en llamas