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CLARIDADES Long y Muñoz

Puerto Nuevo norte
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Publicado: martes, 20 de marzo de 2018

A partir   de la década de 1950,  los contratistas, los desarrolladores y los bancos privados que proveían financiamiento a la construcción no solo se constituyeron como una fuerza protagónica  del crecimiento económico  de  Puerto Rico, también  se  transformaron en la voz política responsable de afianzar el amarre simbólico entre la casa propia, la prosperidad y el porvenir de una sociedad democrática. Los nuevos proyectos de urbanización se representarían como mucho más que un simple albergue seguro  para una población con recursos moderados o escasos. Para un contratista tan agresivo como Leonard Darlington Long, los miembros del Colegio de Ingenieros y Arquitectos de Puerto Rico o los socios de la vigorosa Asociación de Constructores de Hogares, un hogar privado y propio era una salida a la pobreza y, al  mismo tiempo, una muralla contra el avance de los extremismos.

Entre el 1948 y el 1952, Long, por ejemplo, invocó en múltiples esferas el miedo al totalitarismo “ruso” para imponer sus agendas desarrollistas. El contratista buscaba zafarse del cerco reglamentario de la Junta de Planificación y de paso lograr las condiciones más favorables posibles para ejecutar múltiples obras privadas. Amparándose  en la extrema necesidad de proveer residencias a bajo costo para los veteranos y trabajadores, Long supo, primero, aprovecharse de las fisuras del “cuarto poder” y obtener los permisos de construcción de la gigantesca urbanización  de Puerto Nuevo sobre terrenos agrícolas, algunos de ellos  inundables. Segundo, alcanzó a negociar y eliminar varias de las exigencias de los reglamentos para la lotificación, zonificación y construcción aprobados en 1946.

Una guerra ideológica estallaría en un tercer momento, cuando Long, originario de  Carolina del Sur, intentó obtener por medios  no siempre legítimos, los beneficios contributivos que el plan Manos a la Obra otorgaba a las industrias extranjeras que se establecían en el país. Una vez asumida la gobernación, Muñoz rechazó el supuesto acuerdo de palabra sobre las exenciones fiscales que este desarrollador había solicitado al exgobernador Jesús T. Piñero. Suficientes beneficios representaban ya los financiamientos que el Banco Gubernamental de Fomento y la Federal  Housing Administration había otorgado a la nueva y gigantesca urbanización  de la Everlasting Development Corporation. Puerto Nuevo además, lució a los ojos de la Junta y de Muñoz como una ventana al caos urbano que la ausencia de los planes de ordenación prometían. La denegación de todo tipo de beneficios contributivos  a los desarrolladores y el rechazo a urbanizaciones de las escalas de Puerto Nuevo fue, seguramente, uno de muchos intentos para  cerrar  esta posibilidad.

El historiador Carlos Zapata discute en detalle la larga y dura contraofensiva política de Long contra Muñoz,  acusando al segundo de orquestar  en el Caribe una “dictadura  de tipo rusa” con el financiamiento de Estados Unidos. En verano de  1951, su corporación contrató a Chester M. Wright, presidente de  la asociación de empresarios y profesionales TIES, con sede en Miami, para producir un informe sobre las condiciones políticas de la Isla. El documento de dos partes y titulado  “Dictatorship under the  U.S. Flag. Is Puerto Rico Following a Russian Pattern?, no solo señala a Muñoz como un tirano con control sobre la judicatura, la legislatura, los medios de comunicación y las instituciones  públicas. Wright afirmó que el gobierno  despreciaba a la industria privada que se había dado a la tarea de producir casas unifamiliares para ser adquiridas por un bajo costo… Long expuso que “Muñoz desea caseríos. No desea que los puertorriqueños posean sus propios hogares”. 

 

Fuente: Tiempos Binarios – La Guerra Fría desde Puerto Rico y el Caribe 

– Jorge L. Lizardi

 

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