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Con la base al garete El PPD ante el plebiscito de 2017

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Por Ángel Israel Rivera

Publicado: martes, 11 de abril de 2017

La cúpula directiva del PPD tiene a la base de ese partido “al garete”. A sólo dos meses del plebiscito, no ha podido articular una directriz clara de qué deberían hacer sus votantes ante la consulta de estatus ingeniada por el PNP para junio de 2017. Unos días predominan en el discurso unas posibilidades, y otros días se habla de otras, pero el PPD luce a la deriva ante el diseño plebiscitario de Rosselló, el cual parece haberlo sacado totalmente de balance. ¿Qué posibilidades se han barajado en lo que los dirigentes deciden finalmente qué hacer? Se habló de la posibilidad de acudir masivamente al plebiscito a marcar un NO, es decir, a dañar la papeleta de la consulta porque la misma no incluye como opción al ELA territorial. ¿Pero en qué cabeza cuerda cabe que se pueda incluir el territorio no incorporado como opción en una consulta que legalmente tiene por objetivo la “descolonización inmediata de Puerto Rico”? Ya sabemos todos, que a pesar del pomposo nombre en español de Estado Libre Asociado, el ELA territorial, porque lo asegura el Tribunal estadounidense en el caso de Sánchez-Valle —y el propio Congreso lo refrendó con la LEY PROMESA— es un territorio colonial sujeto a los poderes plenarios del Congreso. De modo que no tiene sentido alguno reclamar “la descolonización inmediata de Puerto Rico” con la propia colonia como opción a elegir. No obstante, algunos de los llamados “líderes” del PPD —que no lo son realmente porque los verdaderos líderes saben dirigir a sus votantes en lugar de tenerlos en ascuas largo tiempo y lanzados al garete— han ido a mendigar las firmas de ocho senadores republicanos de la derecha de ese partido, en una carta que le pide al Secretario de Justicia la anulación de la consulta por no incluir al ELA territorial. Lo que más llama la atención es que sean sólo ocho, tan pocos, que sean los más derechistas del Partido Republicano y que encima provengan de estados en los cuales casi no habitan hispanos. Según el último censo federal los hispanos que residen en Estados Unidos llegan ya casi al 16% de la población total y entre ellos, el 63% son mexicanos y sólo un 9% provienen de Puerto Rico. No obstante, los senadores republicanos que “posan” de expertos en Puerto Rico —y que favorecen la posición PPD de colocar el ELA COLONIAL entre las opciones de estatus— provienen de estados como Mississippi (sólo 3% de su población es hispana), Carolina del Sur (5% de hispanos), Wyoming (8% de hispanos), Arkansas (6% hispanos) y Missouri (3% hispanos). ¿Qué tan expertos pueden ser sobre asuntos de la vida política puertorriqueña tales senadores? Sí es muy probable que algunos tengan inversiones en Puerto Rico, conozcan algo de cómo les conviene a ellos dar continuidad a la colonia, a sabiendas que bajo tal régimen los habitantes de Puerto Rico padecemos una gran crisis económica y fiscal, y hemos sufrido, además, múltiples experiencias de corrupción en nuestro gobierno territorial, todo ello producido por los partidos PNP y PPD que han gobernado en nuestro país por décadas. Lo peor de la posibilidad de participar en el plebiscito de junio votando un NO —y por lo tanto dañando así las papeletas— es que tal acción tiene como consecuencia contar tales votos como eso mismo, como “papeletas dañadas”, junto con todas las demás dañadas por toda clase de motivos o por torpezas de los electores. En Puerto Rico, el voto de protesta que daña papeletas, no tiene la más mínima tradición de tener efecto alguno. La CEE las cuenta junto con todas las demás dañadas… y no pasa nada. Si fueran muchísimos votos de ese tipo, quizá el PPD podría reclamar que el plebiscito debe anularse. Pero… ¿y si esos votos fueren mucho menos que los votos estadistas? ¿Qué clase de imagen pública proyectaría el PPD como partido?

Otra vía para el comportamiento político del PPD ante el plebiscito de 2017 que se ha mencionado con alguna insistencia últimamente es la abstención electoral. Como se sabe, la abstención electoral tiene el gran problema de que puede significar mil cosas. Un elector puede abstenerse porque se enfermó, otro porque estaba de viaje (recordemos que la consulta será en pleno verano) otro porque prefirió irse a la playa, otro por pura apatía política y aún otros para protestar, junto al PPD, de que el plebiscito no incluyó el ELA territorial como forma para lograr la “descolonización inmediata” de Puerto Rico. Además de lucir ridículo ante el propósito legal de la consulta, la abstención de los electores del PPD ante ese plebiscito tiene el gran problema de que no puede tener consecuencia alguna que sea constructiva. Al abstenerse, no se sabe nunca si ese es un voto de protesta o no, o si lo es por estar en contra del Gobierno de Rosselló, o en contra del diseño de la papeleta del plebiscito, o contra la estadidad. Y como es lógico, la oficialidad en la CEE, aunque mide la abstención en términos de los inscritos que no fueron a votar en cada elección en particular, jamás le ha otorgado importancia a la cifra, ni siquiera cuando la abstención llegó a tan altos niveles en 2016 que dejó a Ricardo Rosselló con sólo el 42% del voto total y a Bernier con el 38%. En las elecciones pasadas la abstención aumentó de manera exponencial y… ¿qué efecto tuvo? Ninguno. Ricardo Rosselló se inició como Gobernador como si tal cosa, porque obtuvo más votos que los demás candidatos, aunque no obtuviera mayoría. Recordemos que nuestro sistema es tan poco democrático que ni siquiera exige un porcentaje determinado para poder ocupar el cargo principal del gobierno interno del país. Aquí la ley no exige una segunda vuelta, como en muchos países europeos y latinoamericanos para obligar a que la persona que ocupa el más alto cargo público lo ocupe con mayoría de votos. En nuestro país la abstención subió astronómicamente en 2016 y el fenómeno ni siquiera generó análisis ponderados de los observadores políticos, ni mucho menos protestas como las que se vieron en Estados Unidos porque Donald Trump alcanzó la Presidencia sin tener la mayoría de los votos populares a su favor. De modo que la abstención de los Populares en ese plebiscito de 2017 pasará sin mayores efectos en el sistema político y, además, tampoco habrá servido para impedir que las cifras oficiales den por triunfante a la estadidad federada. Ni mucho menos es fácil hacer una campaña contra la estadidad por la vía pasiva e incolora de la abstención.

Si lo miramos con algún detenimiento y profundidad, el llamado a la abstención en el PPD, sólo podría tener la consecuencia negativa de facilitar más la abstención electoral para las elecciones de 2020. Aunque no es lo mismo un plebiscito que una elección general, la abstención sería un llamado indirecto del liderato de ese partido a que sus electores sigan con normalidad la línea de la menor resistencia, la ley del menor esfuerzo, y se alejen de las urnas de la democracia. En el largo plazo, es lo menos que conviene a las cúpulas del PPD y del PNP porque aumentos consecutivos y significativos en la abstención electoral en Puerto Rico van minando la legitimidad del sistema político que ellos han preconizado por décadas. Además, se ve como un gran contrasentido histórico que el partido cuyo líder fundador, Luis Muñoz Marín, le enseñó a este Pueblo el valor del voto y del apego a las urnas de la democracia, sea precisamente el que llama a sus seguidores a alejarse de las urnas.

Parece ser cada vez más evidente, que el único lugar en donde pueden votar con consecuencias constructivas para el país los electores del Partido Popular es bajo el símbolo del círculo en la segunda columna. Este símbolo representa la independencia y la libre asociación, pero al mismo tiempo representa en forma indirecta el rechazo contundente a la estadidad federada y la única forma de “matarle el gallo en la mano” a Ricardo Rosselló y otros dirigentes del PNP. ¿Por qué? Es muy sencillo, si todos, desde los independentistas más radicales que nunca o casi nunca votan, hasta los votantes consuetudinarios del PPD, pasando por todo tipo de libre asociacionistas y soberanistas —y de no afiliados a partido alguno— votaran TODOS A UNA por el círculo de la papeleta, crean o no crean en la libre asociación o en la independencia, estarían en la práctica convirtiéndole el dichoso plebiscito a Ricardo Rosselló en el plebiscito Estadidad Sí o No del cual llegó a hablar Bernier, candidato a Gobernador del PPD en las elecciones de 2016. Y si el voto anti estadista es prolífico, y se junta con el voto de castigo, por las mil razones que los puertorriqueños ya tienen para estar disgustados con el PNP y con Ricardo Rosselló y su “gobierno de aguaje”, que no hace sino la voluntad de la Junta de Supervisión Fiscal, que hace el teatro de que defiende al Pueblo frente a la Junta, pero luego decide a favor de lo que perjudica a la mayoría de los puertorriqueños, entonces la estadidad podría recibir una derrota segura. Esa sí que podría llegar a ser una estrategia efectiva contra la estadidad. Aunque tal derrota no sería hechura principal de la cúpula actual del PPD, si una mayoría de Populares vota por el círculo, podrían reclamar, junto con todos los demás, el haberle propinado la derrota a la estadidad.

No hay que olvidar que si el PPD se encuentra en esta situación difícil no ha sido sino el producto de los propios culipandeos e indecisiones de su cúpula. Hicieron un compromiso programático con el Pueblo en 2012 de celebrar una Asamblea de Estatus pero traicionaron viciosamente tal compromiso durante cuatro largos años. Ni siquiera fueron capaces de ingeniar un plebiscito criollo de manufactura PPD con el cual provocar la derrota de la estadidad y demostrar al Congreso y al mundo la verdadera realidad política de este país: que la estadidad en 2012 ni obtuvo mayoría ni sacó más del 45% del voto total, lo cual fue más de un punto porcentual de descenso comparado con el plebiscito de 1998 en que la estadidad obtuvo el 46.5% del voto. No fueron capaces de movilizar a su propia gente, ni mucho menos al resto del Pueblo, para darle una pela a la estadidad y darle una lección al PNP contra los plebiscitos marrulleros. Y como la cúpula del PPD no hizo nada de eso, ni tampoco investigó ni persiguió las corrupciones de la Administración anterior, pues dejó a numerosos Populares muy disgustados con los múltiples errores e indecisiones de García Padilla, lo cual se tradujo en el alto nivel de abstención de 2016, junto con la abstención también de muchos electores consuetudinarios del PNP. ¿Con qué cara y fuerza moral viene ahora a decir Héctor Ferrer que el PPD es la alianza de fuerzas más grande que tiene Puerto Rico? En todo caso de que lo sea, por lo visto, es la más inefectiva. No ha servido para evitar durante todo un cuatrienio que el PNP afilara sus colmillos en un plebiscito como el de junio de 2017.

Los dirigentes del PPD viven enredados porque no entienden a fondo su propia base. Hablan tardíamente de “consultar a la base” y dan eso como excusa para no producir una directriz clara ante el plebiscito de 2017. Pues les tengo una noticia: el estudio realizado desde la UPR con entrevistas profundas en el año 2015 revela muchas cosas importantes sobre la base del PPD. Y las voy a comunicar en mi próximo artículo “Especial para CLARIDAD”.

Espérenlo.

 

El autor es catedrático jubilado del Departamento de Ciencia Política del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Dictó cátedra en Río Piedras por más de 39 años.

 

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