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Archivo Histórico: Mansión Georgetti

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Publicado: martes, 13 de febrero de 2018

La Democracia  25/2/24

 

1.  El Palacio

El viernes último a las nueve de la noche experimentamos una de las sorpresas más agradables que en nuestra vida de cronistas hemos sentido, al pisar llenos de júbilo los umbrales de la regia mansión de nuestros muy queridos amigos, los esposos Giorgetti, que se alza en la parada del tranvía  eléctrico número 20 en Santurce y cuyo edificio señala uno de los grandes monumentos arquitectónicos de Puerto Rico.

Con motivo de abrir los salones y ofrecer su nueva espléndida residencia - que es un palacio - a sus amistades, dieron esa noche los esposos Giorgetti, una recepción y baile, que resultó de gran esplendor, demostrándose por centésima vez el refinado y esquisito gusto de sus dueños que saben imprimir una distinción personalísima a todos sus actos sociales.

Cuando nos dirigíamos a la residencia señorial, tuvimos que hacer un alto en la parada 18, ante el impenetrable bloque de automóviles que aparecían formados en cuatro columnas y marchando en una misma dirección, cubriendo el ancho de la carretera.,  Poco a poco, muy lentamente, el bloque se descompuso y convirtióse en una línea y en esta forma de marcha necesitamos más de treinta minutos hasta llegar al magestuoso edificio.  Los autos paraban ante el vestíbulo  situado en la calle del Hipódromo, sobre el que proyectaban una luz meridiana, millares de bombillas eléctricas en colores, colocadas con simetría y arte.  Esas bombillas rodeaban todo el edificio, y luego se extendían a lo largo de los jardines hacia el norte y hacia el sur, formando caprichosos giros.

Las amplias aceras de ambos lados de la carretera, en un frente de unos cincuenta metros, habían sido tomadas por el público, que presenciaba la entrarda al edificio de nuestro mundo social,

No pretendemos traer a estas páginas los nombres de las damas y caballeros concurrentes al acto.  Una omisión sería siempre lamentable, sotre todo cuando en un ambiente de tan franca cordialidad se reúnen más de trescientas cincuenta personas no sólo de la sociedad de San Juan, sino de Ponce, de Mayaguez, de Guayama y de Arecibo, y entre esta selección vimos las más significadas figuras de nuestros organismos oficiales, de la Judicatura, de la Banca, del Comercio y del periodismo.

Y entre esos elementos directores, figuraban ilustres representantes de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, el Jefe de la escuadra actualmente estacionada en Culebra, Almirante R. E. Coontz y el vice-Almirante H. A. Wiley, su Estado Mayor, y unos sesenta oficiales y además de ochenta periodistas que acompañan al Honorable Coontz.

Don Eduardo Giorgetti y su dignísima esposa doña Áurea Balseiro, secundados por don Epifanio Fernández Vanga, don Rafael Balseiro y don José Ruiz Soler, recibían a los invitados, haciendo las presentaciones el señor Ruiz Soler.

Ya dentro de la regia morada, y pasada la primera impresión que causa todo lo artístico y más cuando está realizado por la soberana belleza de damas, verdaderamente subyugantes,  no sólo por sus atractivos personales, sí que también por la riqueza y el lujo de sus toaletas, nos decidimos visitar detenidamente el Palacio.  Mientras las melodías de un vals, tocado por una orquesta de violines mágicos, movía  rítmicamente en suaves ondulaciones, centenares de parejas, aprovechamos estos instantes para contemplar y tratar de describir, aunque bien sabemos que no hemos conseguido nuestro propósito, los diversos departamentos de la señorial mansión.

Empecemos diciendo que todo el edificio es de concreto reforzado, a prueba de incendio.

Los techos están hechos de tejas de un tono verde-mate. Las paredes exteriores son de cemento y decoradas con terracota y mosaicos. Las columnas de las paredes son también de cemento, con adornos de terracota lisa. Todas las cornisas son de caoba dominicana. El piso, bajo las cornisas, es de vidrio de Venecia con relieves de mosaico dorado.

Los arcos y paneles están decorados con terracota y cubiertos de cristal Tiffany con mosaico de color siena tostada.

Todas las ventanas que miran a los cuatro puntos cardinales, ostentan vidrieras de cristales semitrasparente, de color de ámbar, las cuales producen caprichosos prismas al ser heridos por los rayos del sol.

Estos cristales han sido importados de Inglaterra.

Las divisiones interiores son de concreto monolítico empañetado. Los pisos son de mármol blanco, menos los de las habitaciones particulares donde son de roble o caoba lustrados.

Las puertas, el cielo raso y el maderamen son de caoba de Santo Domingo.

Las barandillas de los balcones ostentan dibujos artísticos. Las lámparas que penden del techo de los salones, son de bronce y cristal antiguo, de estilo romano.

En sitios convenientes, en medio del salón, destacan deslumbrantes arañas de cristal transparente en oro, rojo y púrpura.

El gran salón de recepciones se abre a las dos plantas, con magníficos balcones en la de arriba.  El techo de este salón está construido de maderas de caoba y paneles de cristales, a través de los cuales la luz se obtiene por medio de ciento treinta y cuatro bombillas eléctricas con reflectores.

El metal usado en todos los departamentos, es bronce.

Cada dormitorio contiene su guardaropa de cedro oloroso y tanto las puertas de ellos como las de los cuartos de baño son de espejos.

El salón de estudio y la biblioteca se hallan en el primer piso, donde se respira un ambiente de paz confortadora.

Los dos departamentos destinados para los huéspedes se hallan situados en el primero y el segundo piso; la sala de biblioteca es magnífica , y hay también un salón de billar.

El cuarto de Radio, que opera en la parte del sur de la casa, es un verdadero salón teatro.

Todos los hilos eléctricos van a través de tubos de metal y al igual la calefacción y fuerza.

El sistema telefónico consta de diez y ocho estaciones de intercomunicación.

Hay tres líneas directas por las cuales pueden conversar a la vez sin interrupción seis personas.

Todos los servicios eléctricosy telefónicos llegan a la casa por bajo tierra.

Las líneas de adorno, las columnas, los jarrones para las flores, están construidas de terrracota con mosaicos incrustrados para combinar con el techo verdoso, las blancas paredes, y los mosáicos en colores, que dan una sensación placentera.

Sintiéndonos  ya poetas y llenos de inquietante curiosidad, paseamos por los jardines que tienen magníficos invernaderos, que están pavimentados de ladrillo nativo y nos parecía todo aquello la evocación de una égloga.

Desde el jardín observamos en todo su potente colorido el bello edificio, y entonces nos damos cuenta de algo que enaltece al arquitecto que hizo los planos, el señor Nechodoma.

La arquitecturra es apropiada para nuestro clima caluroso, enervante y prueba de ello es que los techos han sido construidos como para proteger el edificio de las tediosas horas de sol.

Las ventanas defendidas por las cornisas, permanecen en la sombra, y la luz solar quiebra allí todos sus dardos.

Las notas de la música que suenan como susurro de brisa y que llegan a nuestro oídos como la caricia de un ensueño, nos atraen al gran salón de baile.

Nuestros ojos vuelven a contemplar extáticos un cuadro hermoso, encantador, que pide el pincel de un gran artista.

Las parejas danzan alegremente.  Hay un soplo de vida que parece contagiarnos a todos en esa alegría serena, pura del alma, que se refleja en los semblantes que rebozan de satisfacción.

Si tuviéramos que resumir en unas cuantas palabras lo que es la residencia de los esposos Giorgetti - Balseiro, diríamos que es un museo donde puede admirarse estatuas, cuadros, columnas romanas, obra de artistas insignes, lámparas, divanes lujosos, arañas, jarrones japoneses, figuras de alabastro, armoniosos planos,  en fin, cuanto el gusto más refinado pueda soñar.

Hay un aturdimiento de luz por todas partes y emana de todo un perfume que parece salir de la caoba acumulada allí […].

Tanto el arquitecto de la obra, señor Nechodoma, como el contratista don José Molina, deben sentirse orgullosos de haber construido este palacio residencia que no es solamente el más grande de las Antillas, sino también el más cómodo, y sin exageraciones, el más artístico y  hermoso, estando a la altura de los mejores en su clase en el mundo.

No hemos de cerrar estas líneas sin expresar desde lo más profundo de nuestro corazón, las gracias a los esposos Giorgetti - Balseiro, por la inusitada brillantez que supieron imprimir al acto, por la hidalga cortesía  con que trataron a todos y en esta congratulación debemos mencionar a las distinguidas señoras de Fernández Vanga y de Ruiz Soler, que se multiplicaron para que no desentonase el menor detalle en aquel conjunto de armonía y de arte.

La Democracia une las suyas a las alabanzas que tan respetables  y queridos amigos escucharon de labios de todos.

 

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