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Filadelfia también: Para completar el rompecabezas de la historia de la diáspora

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Por Efraín Barradas

Publicado: miércoles, 26 de abril de 2017

La publicación en 1977 de las memorias de Bernardo Vega, libro que todavía hay que estudiar con más detalle, por la cantidad y calidad de su contenido histórico y por la historia aún sin explorar de su propia creación, cambió nuestra visión de la diáspora puertorriqueña en los Estados Unidos. Vega nos hizo descartar la idea casi aceptada como dogma que las comunidades boricuas, especialmente la de Nueva York, se establecieron a partir del final de la Segunda Guerra Mundial cuando, definitivamente, se dio una emigración masiva a esa ciudad. Con el relato de la vida de su tío Antonio –¿personaje real?, ¿ente literario?– nos hizo ver que las comunidades puertorriqueñas en esa y en otras ciudades de los Estados Unidos tuvieron sus orígenes en el siglo XIX y que antes de 1945 ya habían producido movimientos culturales y políticos de interés e importancia. Por ello siempre he dicho que la investigación sobre la diáspora boricua en los Estados Unidos se divide en dos periodos, aBV y dBV: antes de Bernardo Vega y después de Bernardo Vega.

Pero por años el foco de interés de los investigadores se ha centrado casi con exclusividad en Nueva York. Esta ciudad, el centro de la emigración puertorriqueña a los Estados Unidos, parecía tener el monopolio absoluto sobre la investigación histórica y social de este hecho. Pero poco a poco han ido apareciendo estudios sobre las comunidades boricuas en otras localidades estadounidenses: Chicago, Boston y hasta el lejano Hawái. Por ello mismo, hoy le damos la bienvenida a un texto que estudia la historia de los puertorriqueños que emigraron a Filadelfia; se trata de un libro de Víctor Vázquez-Hernández, Before the Wave: Puerto Ricans in Philadelphia, 1910-1945 (New York, Centro Press, 2017). Este breve libro es una muestra más del magnífico trabajo que ha hecho y sigue haciendo el Centro de Estudios Puertorriqueños de la Universidad de la Ciudad de Nueva York para apoyar y difundir el estudio de la realidad boricua en los Estados Unidos. 

Before the Wave… es un trabajo que se basa en nueva investigación histórica y sociológica y también, como buen texto académico, se construye a partir de investigación hecha anteriormente. Así lo reconoce el autor con sus frecuentes referencias, por ejemplo, a los estudios de Carmen T. Whalen, quien hasta el momento era la estudiosa que más detalladamente había investigado el tema, y el libro de Virginia Sánchez-Korrol sobre nuestra comunidad en Nueva York, libro que en gran medida le sirve de modelo principal a Vázquez-Hernández para el estudio de nuestra presencia en la ciudad que por un tiempo fue la tercera de mayor población puertorriqueña en los Estados Unidos, después de Nueva York y de Chicago. El autor reconoce que se apoya en la investigación previa para avanzar la suya. Su honestidad académica es impecable y reconoce, sin así expresarlo y como Newton, “estar subido a hombros de gigantes”, como decía el físico inglés repitiendo lo dicho por los maestros medievales. Sin el trabajo de otros investigadores – además de Whalen y Sánchez-Korrol hay que mencionar a Jorge Duany y, sobre todo, al propio Bernardo Vega – este libro no existiría; pero recalco el rigor y la honestidad de su autor al reconocer la labor anterior en la que apoya su propia investigación. 

Pero ¿qué contribución hace Vázquez-Hernández para ir completando el gran cuadro de la historia de la diáspora? El autor, más allá de interpretar cifras sacadas de los censos y de explorar periódicos y archivos, tuvo la gran oportunidad de entrevistar a puertorriqueños que vivieron la experiencia de la temprana emigración a Filadelfia o a familiares suyos. Esa historia oral, pues, se convierte en la contribución central de su estudio. También ofrece fotos y documentos –anuncios de fiestas y actividades políticas y religiosas– que le sirven para crear una imagen aún más detallada del proceso de formación de esa comunidad. Pero la evidencia, en el fondo, es escasa y, por ello, a veces se repiten en las páginas del libro los mismos nombres; es que todavía hay más investigación que hacer, aunque no cabe duda de que este breve estudio de Vázquez-Hernández servirá a futuros investigadores de la presencia boricua en Filadelfia.

El título del libro promete un estudio de la emigración boricua a esa ciudad entre 1910 a 1945, año cuando comienza la entrada masiva de boricuas a los Estados Unidos, emigración fomentada tanto por el gobierno insular como el metropolitano. A pesar de la promesa del título, Vázquez-Hernández dedica el último capítulo de su libro a los años posteriores a 1945. Aunque no estudia ese periodo con tanta atención como lo hace al que declara como su objetivo desde el título, el estudio de este periodo reciente va en contra del compromiso hecho en el título y convierte así el libro en una historia de la emigración boricua a Filadelfia desde 1910 hasta hoy. Pero lo que podría parecer una falla es en verdad un mérito. De todas formas, el interés de Vázquez-Hernández claramente se centra en la primera mitad del siglo XX. Eso se nota por la ausencia de un análisis detallado de la población boricua en Filadelfia –los Philly-Ricans como a veces se les llama– a partir de los censos más recientes, como hace muy detalladamente para los años anteriores a 1945.

Dos rasgos más quiero destacar del estudio de Vázquez-Hernández. El primero es la atención que siempre le presta a la presencia de los tabaqueros entre los grupos hispanos en Filadelfia. Desde que Vega destacó esa importantísima presencia en la comunidad puertorriqueña, los historiadores de la diáspora han tenido que prestar atención a ese grupo obrero que desempeñó un papel tan importante en nuestra historia, acá y allá. Filadelfia fue un centro de producción tabaquera desde el siglo XIX. Para el periodo que Vázquez-Hernández estudia quedaba sólo una gran fábrica de cigarros en Filadelfia, la Bayuk Brothers Cigar Company. Pero había aún otras pequeñas y hasta chinchales o talleres donde trabajaba una sola persona. La mecanización de la industria tabaquera fue uno de los factores más importante para la desaparición de estos obreros en Filadelfia y en todos los Estados Unidos. Patricia A. Cooper, en su importante estudio sobre los sindicatos de tabaqueros, Once a Gigar Maker: Men, Women, and Work Culture in American Cigar Factories, 1900-1919 (1992), apunta el importante papel de las mujeres en la industria del tabaco en Filadelfia y, en particular, en Bayuk Brothers donde dice que para principio del siglo XX trabajaban más de mil. Aunque Vázquez-Hernández no dedica toda su atención a los tabaqueros y las tabaqueras hispanos(as) de Filadelfia, su libro nos hace ver una vez más que es imposible entender la temprana historia de los puertorriqueños, los cubanos, los españoles y los mexicanos en los Estados Unidos sin prestarle atención a ese grupo obrero.

El segundo rasgo que quiero destacar del libro de Vázquez-Hernández es su visión pan-latina de la comunidad puertorriqueña en Filadelfia. Ya Vega había observado la unidad y solidaridad entre puertorriqueños y otros hispanohablantes en el siglo XIX y principios del XX en Nueva York. Lo mismo se puede decir de la historia de nuestra comunidad en Filadelfia y así lo establece y lo recalca Vázquez-Hernández. Por ello constantemente les presta atención a los otros emigrantes de origen hispano que ayudaron a formar una comunidad puertorriqueña en Filadelfia. Con el crecimiento de la población boricua esa unidad se fue quebrando. Hoy, cuando en ciudades como Nueva York, la emigración dominicana, mexicana y de otros grupos latinoamericanos crece, los puertorriqueños volvemos a sentir la necesidad de la unión y la solidaridad con todos esos otros hispanos. Es esa necesidad lo que en el fondo fomenta la transformación de los grupos hispanos en latinos. Ya en el siglo XIX y a principios del XX veíamos ese mismo proceso que el Vázquez-Hernández correctamente llama pan-latino y que apunta y examina en el caso particular de la comunidad puertorriqueña en Filadelfia.

Mucho queda por estudiar para tener un mejor y más amplio cuadro del proceso de formación de nuestra diáspora, proceso que acertadamente Sánchez-Korrol definió como uno que va “from colonia to community”. Este libro de Víctor Vázquez-Hernández ofrece una pieza más en ese rompecabezas aún inacabado. Por ello hay que felicitar al autor y darle la bienvenida a su libro. Así sinceramente lo hago.

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