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Para salvar la razón y poder caminar juntos: A propósito de la visita de Naomi Klein

Naomi Klein
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Publicado: martes, 13 de febrero de 2018

Melanie Pérez Ortiz

 

¿Cómo cambiar la narrativa pública del país en momentos de crisis? A mí me sorprende —tal vez por ingenua— cuando los ciudadanos apoyan las políticas estatales que les restan derechos y beneficios. El estado dice que no hay dinero y que hay que recortar, como haría cualquier hijo de vecino si se hubiera sobregirado, pero se niegan a involucrarse en el análisis de las preguntas: ¿Cómo fue que nos endeudamos? ¿Quién o quiénes se beneficiaron en el proceso? ¿Qué se hizo con el dinero que se dice que hoy adeudamos? ¿Cuáles son los mecanismos para contraer deuda pública y luego cobrarla? ¿Sabe la gente que la mayoría de la deuda son intereses, al 785 porciento? 

Todavía no tocamos fondo, desde el impago del gobierno, la imposición de la Junta de Control Fiscal y luego la desnudez literal y figurativa del país en las postrimerías de la catástrofe Irma-María y, cuando miramos hacia el frente, la oscuridad parece ser total. 

Recuerdo cuando salió el libro titulado No logo que publicó Naomi Klein a finales de 1999. Los noventa fueron años de reorganización de los discursos de izquierda, puesto que luego de la caída del Bloque Soviético y el triunfal anuncio de Fukuyama de que habíamos llegado al fin de la historia y que el capitalismo había vencido la Guerra Fría, el neo-liberalismo agarró fuerza y las izquierdas pasaron por un largo periodo de autocrítica, a partir de la consideración de que las simplificaciones, paternalismos, primer mundismos, machismos y racismos de sus propuestas, además de los intentos de producir países comunistas en el S. XX, sólo habían tenido como consecuencia la creación de estados autoritarios que decían representar esa abstracción romántica que llamamos pueblo, que a su vez sólo tenía el mandato de obedecer. Entonces, No logo, llevó el foco de la discusión a la crítica de las prácticas económicas globales. Lo que venden las multinacionales, dice, son marcas. Hacernos de esas marcas implica prestigio y goce. Pero si se mira las prácticas empresariales para crear los productos que ofrecen dichas marcas, descubrimos que la manufactura está subcontratada en países de tercer mundo donde se paga menos del salario mínimo del primer mundo y los derechos laborales son menos. Se trata de racismo estructural global. Entonces, resistir a la nueva organización del capital debe incluir dos cosas. Por un lado, hacer públicas estas prácticas, puesto que el conocimiento público de la realidad sobre la explotación de poblaciones enteras a favor del glamour que se vende logrará que la gente deje de comprar la imagen arruinada y, además, boicotear. Leo los libros de Klein y me sorprende lo sencillo de sus argumentos. Es cierto que lo que dice no es nada nuevo para nosotros los “tercermundistas”. (¿Somos tercermundistas? Aquí alguien va a brincar). ¿Cómo no saber que nosotros fabricamos las medicinas que se venden a sobreprecio en el mundo mientras no contamos con acceso a la salud? En su documental titulado The Schock Doctrine y el libro del mismo título, explica que las primeras veces que se aplicó la doctrina del shock en el mundo, siguiendo las propuestas de Milton Fiedman y la escuela económica de Chicago fue en Chile, donde se mató un movimiento popular que había llegado al poder por las urnas, asesinando a su presidente, Salvador Allende. En ese caso el estado de shock fue creado militarmente. Luego de Katrina acuñó el término “capitalismo del desastre”, porque era evidente que la crisis no se tenía que manufacturar, sino que el capitalismo globalizado neoliberal es capaz de aprovechar una crisis natural para empujar su agenda de privatizaciones de lo público y la reducción de beneficios sociales, adquiridos en Estados Unidos luego de la crisis económica de los años treinta del Siglo XX con su subsecuente Nuevo Trato gestado por Franklin Delano Roosevelt, y en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Otra vez, qué simple. Katrina hizo evidente que el racismo es estructural. En Flint y en Detroit, como en Nueva Orleans, se aprovecha la crisis para desplazar a las poblaciones más pobres y no es coincidente que ellas sean poblaciones negras y latinas. 

Pero las viejas izquierdas no veían cómo hablar de economía sin decidir de antemano quién dirigiría la revuelta. Entonces, sin líderes claros, la gente se tiró a la calle en la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, Washington a finales de 1999.1 Y cuando parecía que las nuevas generaciones no habrían esperado por que el liderato de izquierda se pusiera de acuerdo, ocurre el ataque contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York en 2001 y Estados Unidos declara un estado de emergencia del que no hemos salido aún. Pero cuando en medio de la crisis económica creada por las prácticas irresponsables de los capitalistas con relación a las hipotecas sub prime que tuvo como consecuencia una crisis económica mundial que se llamó La gran recesión2 ya habían pasado 10 años del 11 de septiembre y, nuevamente, la gente se tiró a la calle a protestar en el movimiento que se llamó Occupy Wall Street que a su vez se inspiró en el Movimiento 15 M o de indignados en España.

En No is Not Enough, su libro más reciente (sí, me salté uno o dos, pero verán que voy a hablar del clima ahora) Klein analiza el momento histórico que da pie para que una persona como Donal Trump, tan ignorante, incoherente, racista y cínico, gane las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Reflexiona la periodista y activista canadiense que cuando entra el tema del clima en escena se acaba la era de la razón. Lo que quiere decir es que no importan los hechos, ni el debate, ni la búsqueda de la verdad como métodos para organizarnos socialmente, porque el cambio climático es un asunto tan grave que amenaza la supervivencia del planeta. Entonces, el capitalismo neo-liberal y quienes se benefician de él, para sobrevivir evaden la razón y sus argumentos de modo que nos coloca a unos contra otros desde los miedos y los fanatismos exacerbados.

Estamos pasando el huracán de los recortes y ése no se va. La pasada huelga estudiantil proponía cambiar el modo en que pensamos la realidad puertorriqueña en el contexto de la crisis fiscal. En ese contexto se formó PAReS (Profesores Autoconvocados en Resistencia Solidaria). Allí argumentábamos, entre otras cosas, que tenemos que unirnos los puertorriqueños contra quienes nos desposeen y no contra quienes protestan. Se trata de un grupo diverso de profesores con plaza y sin plaza que pusieron el cuerpo en más de una ocasión para que la palabra abstracta que caracteriza los contextos universitarios tuviera forma concreta. 

La huelga terminó. Acabamos el semestre pasado luego de varias reuniones de reflexión sobre la situación presente. Comenzó un semestre nuevo luego de sólo 3 semanas de descanso e investigación en los proyectos propios. La catástrofe Irma-María nos incomunicó. Cada cual estuvo un tiempo resolviendo lo inmediato y también trabajando de voluntarios en distintos espacios. Luego, quisimos nuevamente reunirnos y los que allí aparecieron a partir de una convocatoria por los medios que creamos en el contexto de la Gran Huelga y que aún continúan activos, nos abrazamos y nos preguntamos qué hacer (con este cuento comienza Mariolga Reyes su ponencia). Con la pobreza tantas veces negada a la vista a través de los árboles pelados y sin esperanza de tener electricidad por meses; con el miedo que produce el darse cuenta de que el gobierno nos abandona a nuestra suerte mientras logran concretizar un plan para lucrarse de la crisis (Whitefish, Energía Eléctrica), con nuestros acuíferos contaminados y con nuestras casas y familias rotas, ¿cómo incidir, nuevamente, con un análisis hecho desde la razón y los hechos, para que finalmente veamos lo común que tenemos que defender: la tierra, el agua, y el poco bienestar social que queda en un país ya privatizado? ¿Cómo hacer evidente que contra las predicciones de Ronald Reagan y Margaret Tatcher la noción de trickle down economics es una mentira y lo que ha sucedido en décadas de neoliberalismo es que se han concentrado los bienes del planeta en unas pocas manos que no respetan la vida? Eso es exactamente de lo que se ocupa Naomi Klein. Vamos a invitarla. No para que nos explique lo que ya sabemos. Es que ella se ha ocupado de investigar por más de una década este tema a nivel global y sería bueno que incluyera el caso de Puerto Rico en su mapa. Ella tiene una audiencia mundial. Nos puede servir de altavoz. ¿Vendrá? Parece poco probable. Uno dice que tiene un contacto que trabaja con ella. Luego aparece otro contacto más directo. No le podemos pagar. No se puede invitar a una persona a hablar de esta crisis y pagarle. Tiene que venir por sus medios. Naomi ven. Voy. Intercept y Global Justice Alliance pagan.

Vino a escribir tres artículos para The Intercept que en el momento que escribo estas reflexiones sobre su visita no han salido, pero el periódico digital tiene una buena trayectoria de seguir la crisis local.3 También estuvo grabando un pequeño documental. Su agenda de visitas incluyó Vieques, Peñuelas y el depósito de cenizas, Casa Pueblo, y proyectos de agro-ecología. En la Facultad de Estudios Generales, el pasado viernes 26, habló junto a Ruth (Tata) Santiago de la Iniciativa de Eco Desarrollo de Bahía de Jobos (IDEBAJO) quien habló del racismo estructural e histórico que ha sufrido esa comunidad en particular, Elizabeth Yampierre de UPROSE y Climate Justice Alliance, quien explicó cómo la comunidad puertorriqueña en el exilio está organizada para apoyar al país, Eva Prados Rodríguez del Frente Ciudadano por la Auditoría de la Deuda, quien explicó nuevamente cuánto de esa deuda es probablemente anti-constitucional y por lo tanto ilegal y odiosa, para volver a urgirnos a realizar la auditoría integral y ciudadana de la misma y, finalmente, Mariolga Reyes Cruz de PAReS, quien desde su formación como antropóloga urgió a que andemos el camino juntos y pendientes de todos, más allá de los debates que nos desgastan y nos separan. Todas eran mujeres. Todas tuvieron la misma cantidad de tiempo y Klein, en realidad, terminó dando plataforma a voces que en Puerto Rico normalmente se pierden. Por ejemplo: ¿Desde cuándo está Eva Prados hablando de la necesidad de la auditoria sin que se la escuche? ¿Cuántos sabían del trabajo que hace la comunidad que Santiago representa? ¿Cuántos sabían del trabajo que hace Yampierre en Nueva York? Yo me enorgullecí cuando la conocí. Klein, por su parte, nos inspiró a soñar juntos y en público. Se trata del futuro que queremos y necesitamos, dijo en otro contexto. 4

En la conferencia de prensa que se celebró posteriormente al evento, no vi los medios principales y también me sorprendió el desinterés. Otra vez me siento incapaz de entender. Allí vi la figura solitaria de Silvia Gómez, quien preguntó la simpleza de: ¿Qué es la doctrina del shock? La respuesta de Klein: Cuando hay una crisis las personas no tienen la energía para resistir. No es la primera vez que sucede que un gobierno se aprovecha de una crisis para desmantelar la esfera pública. La crisis se manufactura. Me vuelvo a impresionar de lo sencillo de la persona de Klein, de sus ademanes y de sus palabras. Tal vez todo sea más sencillo de lo que normalmente pensamos; no sé. Hay racismo ambiental, dice Klein y pienso en Peñuelas y en Tata. María exacerbó algo que sucedía hace rato. La gente se puede salvar a sí misma. La gente sabe cómo resolver sus problemas. Nos toca rescatar la agricultura, Vieques, de donde se ha ido 1/3 de la población, quienes han sido sustituidos por anglosajones. La crisis es también una oportunidad para tomar fuerza. Se está organizando una demanda contra el gobierno por violaciones a derechos humanos. (Se lo contaron aquí y ella lo repite. Las voces de quienes hablaron con ella salen al foro público). Ha habido violaciones a los derechos humanos en la huelga, contra los estudiantes que se manifestaron, que no haya electricidad es una violación a nuestros derechos, que no haya lancha para Vieques. Esto lo dice Yampierre. También se pregunta por modos de localizar las historias locales en el ámbito global. Todos le hacen preguntas a Klein, pero ella cede el micrófono. Si le preguntan sobre la deuda responde: Todo lo que yo sé sobre la deuda me lo explicó Eva. Eva, ¿quieres responder tú? Así varias veces. A los periodistas les cuenta: Nuestra función es investigar. Tenemos que ignorar las noticias falsas (fake news) y hacer nuestro trabajo tan bien como humanamente podamos. Si hacemos nuestro trabajo nos hacemos relevantes. Las personas se sienten invisibles. Hay que hacer reportajes. La resistencia es fútil. Ha habido grandes victorias y pequeñas victorias que han sido borradas. Ustedes los puertorriqueños han protegido sus playas, se han enfrentado al ejército y han tenido éxito en la tarea de abrir escuelas. Esas historias necesitan amplificación. En Orocovis hay una escuela de agroecología a la que yo quisiera mandar a mi hijo porque el conocimiento de la tierra es parte fundamental de la educación que se ofrece. Se propicia que los estudiantes toquen las plantas y así se liberen de su estress. Normalmente a los niños se los aísla de los contextos en los que pueden construir juntos. Eso es abuso.

Sobre el asunto de las escuelas, la vi impresionarse en la conversación con Mercedes Martínez, Presidenta de la Federación de Maestros de Puerto Rico, por su optimismo y compromiso. Yo me impresioné cuando la escuché hablar del proceso de resistencia al cierre de escuelas. Dice que han salvado la mayoría. Yo no sabía que las protestas habían sido exitosas. Nadie en los medios nos lo contó. También analiza Rivera que cada comunidad se organiza para salvar su escuela, pero que no hay comunicación entre comunidades ni gran cooperación horizontal. 

Le piden que deje un mensaje para los estudiantes. Klein responde que la estructura de resistencia ya está en su sitio. Ella ha estado mirando lo que aquí sucede desde Canadá y dice que era inspirador. Los movimientos son fluidos. Se escriben obituarios sobre ellos cuando hay etapas de aprendizaje. Todo es resistencia activa.

Ella no lo sabe, pero cuando al final de la actividad los estudiantes comenzaron a cantar que Decimos no, no nos pararán. Decimos no. No nos pararán. Y el que no crea, que haga la prueba. No nos pararán, en ese momento estaban dando una muestra de que el movimiento estudiantil está vivo. Bueno, para muestra un botón. Ahí están los comedores sociales, vivitos y muy pertinentes para la crisis posterior a María, luego de que la administración universitaria hizo de todo para cerrarlos.

Al día siguiente, en Humacao, en el Barrio de la niña Mariana hubo un encuentro de organizaciones comunitarias. Teníamos que contestar la pregunta sobre ¿Qué podemos hacer juntos que no podemos hacer separados? Una de las participantes pidió, en la plenaria de la tarde, que todos diéramos un voto de confianza y apoyo a las demás organizaciones presentes y lo que encontró fue silencio. Tal vez cada cual se preguntaba qué implica esa petición, pero también quedó claro que a pesar de que hay mucha gente trabajando para crear propuestas alternativas a las privatizaciones y el neoliberalismo del gobierno de turno, todavía tenemos que encontrar los modos para caminar juntos. Lo que está claro es que se trata de una coyuntura que exigirá de nosotros reacciones y propuestas. Mejor proponer que reaccionar, creo. 

 

Caminemos.

 

 

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