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Naomi Klein: “Necesitamos una contranarrativa que explique el plan alternativo de la gente”

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Publicado: miércoles, 28 de febrero de 2018

PAReS*

 

Naomi Klein es una reconocida periodista, autora y activista en temas relacionados al capitalismo, el cambio climático y los movimientos altermundistas. Klein estuvo en el país invitada por el colectivo Profesorxs Autoconvocadxs en Resistencia Solidaria (PAReS) para visibilizar los problemas del capitalismo del desastre y las alternativas para una transformación justa y ecológica de este archipiélago tras el paso del huracán María. Esta entrevista ocurrió en el Bo. Mariana de Humacao, al final de un encuentro de organizaciones en resistencia que luchan por otro país posible y necesario. 

 

PAReS: ¿Qué te parece lo que está ocurriendo en Puerto Rico en cuanto a la organización de la resistencia al capitalismo del desastre?

Naomi Klein: Es fantástico estar aquí en una reunión de organizaciones donde las personas están uniéndose y acercándose para generar una visión compartida. Me parece que la Federación de Maestros está lista para esta lucha. Mientras que otras organizaciones están muy agotadas y no representan una oposición fuerte [al capitalismo del desastre]. Entonces pienso que esta es una de esas situaciones en que las personas que tienen la fuerza y la capacidad deben compartirlas y ayudar a los demás a levantarse. Algunas organizaciones estaban muy bien preparadas para este momento, habían hecho sus análisis, tenían soluciones listas y estaban en una mejor posición [para responder], como Casa Pueblo que ya tenía una visión de un mundo libre de esta dependencia extrema, con soberanía energética y alimentaria. Las personas que ya iban en esa dirección se han levantado en este momento de formas extraordinarias. Pero a las personas que piensan de manera centralizada, les toma tiempo adaptarse.

 

PAReS: En tu experiencia como activista, periodista y escritora, ¿cómo se construye el poder desde la base? ¿cómo se moviliza a las personas eficazmente?

Naomi Klein: En este momento es necesario tener algún tipo de plan y una visión sobre cómo salir de estas múltiples crisis, que se intersectan y superponen, y que afectan a Puerto Rico ahora. Creo que están en una mejor posición de lo que parece. Hace unos meses [el 1 de mayo de 2017], salieron a la calle cerca de 100,00 personas contra la austeridad. Además, estaba la huelga estudiantil. Ese movimiento no ha desaparecido. Es posible movilizar a la gente. Estas movilizaciones ocurrieron por la deuda y la austeridad. Me parece que ahora hay que hacer un análisis coherente de los factores que provocaron la crisis e, igualmente importante, de cuáles son las soluciones reales. En este momento, a la población se le están imponiendo muchas “soluciones” falsas e increíblemente peligrosas. En verdad, es una carrera contra el tiempo. La idea de explotar la crisis, acentuar la desigualdad y la dependencia, imponer más privatización y más austeridad estuvo en pausa por un breve periodo de tiempo, pero ha regresado con más fuerza. De hecho, ocurrió estando yo aquí con el anuncio [de la privatización] de la AEE y el plan fiscal que se estaba develando. 

Necesitamos una contra–narrativa que explique el plan alternativo de la gente para responder a este plan brutal que ha emergido. Creo que oponerse a los planes [del capitalismo del desastre] nunca ha sido suficiente. Y cuando el status quo es totalmente inaceptable, como ahora, ninguna lucha que sea exclusivamente defensiva va a lograr una movilización, no porque no tengan la capacidad de organizarse, sino porque no va a inspirar a la gente. El rol de los organizadores y los intelectuales en este momento es ampliar “el menú” de posibilidades. Ahora mismo, solo hay dos opciones falsas: el status quo, que está fallándole a la gente brutalmente, o la promesa, aunque falsa, de que, si se les da a las corporaciones más de lo que piden, las cosas se van a arreglar. Este es un momento de cambio, la gente lo quiere, por tanto, hay que ampliar “el menú” del cambio.

 

PAReS: Dado que la lógica subyacente al activismo se ha centrado mayormente en el “no”, es decir, la oposición a ciertos proyectos, ¿crees que cambiar la política de izquierda a una política del “sí” requerirá necesariamente un cambio de táctica?

Naomi Klein: Sin duda requiere un compromiso con la política. No sé qué forma tendrá; tal vez tomar un partido político existente; tal vez crear un partido político nuevo; tal vez iniciar una plataforma del pueblo, que incluya un proceso para decidir cuál será su manifestación política. Pero, si queremos cautivar a la gente, necesitamos manifestaciones políticas que reflejen la urgencia de este momento histórico; y eso requiere un compromiso con la política, con P mayúscula, al nivel más alto que podamos llegar. Esto no quiere decir que no nos organicemos en nuestras ciudades y nuestras comunidades. Pero dejar que otros se encarguen de la política es una forma de abdicar en este momento. El trabajo a pequeña escala no va reducir las emisiones significativamente, ni va a combatir la desigualdad; tampoco va a crear una nueva dinámica de poder. Creo que debemos ser más ambiciosos.

Los millennials están mucho más dispuestos a ensuciarse las manos. Son mucho menos puristas que mi generación. Nosotros decíamos: “Cambiemos el mundo sin ocupar el poder”; “No me voy a ensuciar las manos”; “No tenemos líderes”. La gente está viviendo en la contradicción: hay “anarquistas por Bernie Sanders” [risa colectiva]. Lo están haciendo a todos los niveles porque sienten la urgencia y están cansados de no ganar. Es asombroso. En el Reino Unido, muchas organizaciones que se habían mantenido al margen de la política ahora están haciendo campañas. Y hacen falta políticos dispuestos a trabajar con estos movimientos, como Sanders y Corbyn.

 

PAReS: Recientemente estuviste en Barcelona donde hay una fuerte lucha política en torno a la soberanía nacional, que a menudo se presenta como si se tratara de escoger entre la independencia nacional y el anticapitalismo. ¿Qué piensas de estos debates? 

Naomi Klein: Quebec es una formación colonial que les robó la tierra a los indígenas. Uno de los problemas en donde existen movimientos de soberanía fuertes, es la forma en que éstos pueden borrar las complejidades de las jerarquías al interior de estos territorios; las elites pueden hacerse pasar por oprimidas y borrar sus propias prácticas opresivas. No estoy cuestionando si deben ser soberanos o no. Pero uno de los problemas de los movimientos de liberación que no han tenido éxito en largos periodos de tiempo es que están al servicio de un aplazamiento eterno de atender la dinámica interna y otras amenazas a la soberanía. 

Siento mucho respeto por Ada Colau [alcaldesa de Barcelona] y el papel que ha desempeñado en la compleja dinámica al interior de su partido, Barcelona en Comú. Ella está tratando de sostener una discusión sobre las muchas formas de amenaza a la soberanía —la soberanía del agua y la vivienda— y que lograr la soberanía nacional no significa necesariamente que se resolverán estos otros problemas. Debemos ser capaces de discutir las formas de soberanía que hay que reivindicar y no permitir que una sola definición englobe a las demás. Este es un asunto que no puede dejarse para después que se logre la soberanía nacional. En esta etapa de la integración económica global en la que surgen pequeños jugadores económicos, pequeños territorios recién independizados, a menudo se hallan bajo una creciente presión de establecer acuerdos pro corporativistas. En Groenlandia, por ejemplo, hay movimientos por la soberanía indígena que por fin están logrando victorias, pero su vulnerabilidad económica es tal, que la única forma en que pueden adquirir la libertad económica es perforando pozos de petróleo en la capa de hielo que se está derritiendo bajo sus pies. Por eso, si no se lidia con estos problemas, ¿de qué le vale la soberanía a un pueblo ártico cuya supervivencia económica depende de que se vuelvan cómplices de su propia aniquilación cultural?

Muchos han hablado del huracán María como un develar, y pienso que lo que se ha puesto al descubierto es lo que significa no tener soberanía en tantos aspectos de la vida; lo que significa la dependencia alimentaria y energética cuando el sistema sufre una falla significativa. Creo que ahora la mayoría de los puertorriqueños lo sabe porque lo están viviendo, pero tiene que hacerse un diagnóstico adecuado para que el gobernador no pueda decir: “El problema es que necesitamos una compañía que venga de afuera y nos haga el trabajo.”

Cuando estuve en Barcelona en noviembre, poco después del referéndum, la situación era muy intensa. Hubo mucha violencia del estado cuando la gente trató de votar y arrestaron a todo el gabinete. Barcelona en Comú respondió ampliando la definición de soberanía; definió su proyecto político como uno de múltiples soberanías. Está construyendo un mundo donde haya soberanía del agua, soberanía alimentaria y soberanía económica hasta el punto de que cualquier municipalidad pueda ejercer al máximo su poder en una economía global. Creo que este es el proyecto político más interesante del planeta en este momento.

Lo más preocupante de lo que está ocurriendo en Cataluña es que [los nacionalistas] no están resolviendo su visión política antes de luchar por la soberanía. Hay coaliciones de izquierda increíbles con una visión anarcosindicalista para una Cataluña independiente. Y están los neoliberales acérrimos que no quieren pagarle nada al resto de España. Esto me parece épicamente peligroso. Es más realista construir la soberanía desde la base, a partir de una experiencia vivida —el agua, la energía, la comida o la vivienda— que permita construir un proyecto de soberanía nacional liberador, especialmente en el sur de Europa —Grecia, España, Portugal— donde todos saben lo que significa que las finanzas internacionales te arrebaten la soberanía.

 

PAReS: Luego del huracán María parecería haber un aumento en la capacidad y el interés de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos en incidir en los procesos de ayuda en la emergencia y la reconstrucción. ¿Conoces otros ejemplos en que hayas visto una relación similar?

Naomi Klein: No creo que haya muchos ejemplos de lo que dices en contextos posdesastre. Lo que mencionas es algo nuevo. Creo que el rol de los verdaderos aliados de la diáspora es darles poder a los puertorriqueños, no venir a salvarlos. Creo que mientras más planes puedan hacer, más gente les dará el apoyo que necesiten.

Esta carrera contra el tiempo puede causar mucho miedo. Ellos [los capitalistas] ya tienen un plan y quieren que ustedes lo acepten. Y ustedes no tienen un plan. Alguien dijo hoy [en el encuentro] que la velocidad a la que se desarrollan los movimientos es muy distinta a la que se desarrolla el capitalismo del desastre porque a ellos no les importa un bledo la democracia, y porque son autócratas. Por eso creo que hay que pensar en cómo hacerlo; es como “crear un espacio” para la autodeterminación. No hay que tener el plan completo para decir “exigimos ese espacio”; y las precondiciones para ese espacio deben ser: “no pueden vender todos nuestros recursos” o “no reconocemos la ley PROMESA”, lo que sea. Pero que nadie se crea que esa es la solución o la meta final; es la precondición para comenzar. Creo que hay que articularlo como un derecho; el derecho a la propia determinación de la reconstrucción, la recuperación, la transformación, o como quieran llamarla. Ese derecho ha sido violado por esta especie de venta de liquidación que les ha caído de sopetón. Es muy distinto a decir simplemente “No privaticen la AEE”. Tienen que resistir la privatización para poder transformar porque tienen ese derecho.

 

*La entrevista fue realizada por Federico Cintrón Moscoso, Gustavo García López, Mariolga Reyes Cruz, Juan Carlos Rivera Ramos y Bernat Tort; transcrita por Damián Irizarry y Luis López; y traducida al español por Aurora Lauzardo.

 

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