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Luchó contra Pinochet y ahora lo persiguen

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Por Redacción de CLARIDAD

Publicado: miércoles, 28 de febrero de 2018

Por la Redacción/CLARIDAD

 

La historia de un exguerrillero llegando a la presidencia de algún país latinoamericano, no es rara. Ya se conocen tres casos –Brasil, El Salvador y Uruguay– donde excombatientes que arriesgaron sus vidas luchando contra regímenes militares asumieron luego la máxima dirección política de su país. En el caso de Uruguay, el exguerrillero electo presidente, Pepe Mujica, es también una de las personas más influyentes del continente. 

 El caso de Chile parece ser distinto. A pesar de haber vivido una de las dictaduras más sangrientas, y también la más reciente –la de Augusto Pinochet– a los jóvenes que tomaron las armas para combatirla todavía se les juzga como criminales. Uno de ellos, Ricardo Palma Salamanca, lucha en estos momentos por evitar que la justicia francesa lo deporte a Chile, donde ya se le procesó por “asesinato” y se le condenó a cadena perpetua. 

Cuando los militares chilenos dieron el golpe y asesinaron al presidente Salvador Allende, Palma Salamanca apenas tenía 4 años y, sin embargo, comenzó a a vivir los efectos de la brutalidad que se instauró en su país. La casa de sus padres, militantes de la Unidad Popular, fue allanada y toda su infancia quedó marcada por la persecución que vivieron sus progenitores. Por eso empezó a luchar muy temprano y a los 15 años ya se destacaba en la lucha callejera contra la dictadura. Un año después formaba parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), el grupo que organizó la resistencia armada clandestina al régimen de Pinochet. 

Cuando las fuerzas policiales lograron detenerlo en 1992, le imputaron dos “asesinatos” y un secuestro, y con apenas 23 años de edad fue condenado a cadena perpetua. ¿Quiénes fueron los “asesinados” por los que se condenó a Palma Salamanca? El primero de ellos fue un coronel de Carabineros llamado Luis Fontaine que, por su largo historial como torturador, estaba desde hacía tiempo en la mirilla del FPMR. Este militar era el director de un lugar conocido popularmente como “La Firma”, un famoso centro de detención y tortura que operó durante la dictadura. 

El otro caso fue el de Jaime Guzmán, un abogado muy cercano al dictador y considerado como el principal ideólogo del régimen. Fue el diseñador de la llamada “Constitución de 1980”, con la que se intentó perpetuar la dictadura. Cayó abatido por las balas del FPMR en 1991, cuando ya Pinochet no figuraba como presidente, pero seguía siendo el jefe del aparato militar. El secuestro que se le imputa a Palma Salamanca fue el de Christian Edwards, hijo del dueño del diario El Mercurio, ejecutado por el FPMR. 

Pero más que estos actos del movimiento guerrillero, lo que no le perdonan los militares chilenos al FPMR y a Palma Salamanca, fue el espectacular escape protagonizado por este último el 30 de diciembre de 1996. Tras ser condenado a cadena perpetua luego de su detención en 1992, el guerrillero se encontraba en la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago, más conocida como “La Bestia” por su dureza. Haciendo uso de un helicóptero del que colgaba una canasta blindada, la organización guerrillera rescató a Palma Salamanca y a otros dos combatientes de la prisión.

Desde su espectacular escape, el rastro de Palma Salamanca se perdió hasta que el pasado 1 de febrero de 2018 fue detenido en París a donde había llegado con pasaporte mexicano a nombre de un tal Esteban Solís. A la detención le siguió el pedido de extradición por parte de las autoridades chilenas y una petición formal de asilo político tanto del exguerrillero como de su compañera, Silvia Berzovic, también excombatiente del FPMR. Ahora las autoridades francesas deben decidir si se trata simplemente de “criminal” que debe entregado quien lo reclama o un luchador revolucionario que enfrentó a la peor dictadura latinoamericana del pasado siglo. 

Desde Chile llegan a París voces oficiales de condena y otras que lo defienden reclamando que Palma Salamanca “fue parte de una generación de jóvenes que asumieron con determinación y valentía dar la vida para poner fin a la brutal dictadura de Augusto Pinochet”. 

Tal vez porque Pinochet nunca fue derrotado, la historia de los exguerrilleros chilenos es distinta a la de otros latinoamericanos. En otros países asumen la presidencia, mientras en Chile luchan por no ser encarcelados.

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