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CLARIDADES: El Tratado de Paz de París

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Publicado: martes, 16 de mayo de 2017

La derrota o mejor, el desastre de la escuadra española en Santiago de Cuba, así como la rendición de esta última plaza, significaron de hecho, el fin de la guerra entre los Estados Unidos y España en el teatro principal de operaciones.

Sin embargo, no es el 3 de julio de 1898, fecha del combate naval de Santiago en que las 6 naves de la escuadra del almirante Pascual Cervera y Topete son convertidas en blanco fácil de los modernos buques de guerra norteamericanos comandados por Winfield  Scott Schley, ni tampoco el 16 de ese mes, día en que es firmada la capitulación de Santiago de Cuba, en virtud de la cual se rinden las fuerzas de la Primera División del Cuarto Cuerpo del Ejército Español, las fechas en que terminan las hostilidades, pues como apunta el general Enrique Collazo fue el 18 de agosto de 1898 cuando sonó el último tiro en Cuba.

El fin de la guerra desde el ángulo jurídico formal se produce el 11 de abril de 1899, día en que, de acuerdo con el Artículo XVII del Tratado de Paz firmado por representantes plenipotenciarios de España y los Estados Unidos en París, el 10 de diciembre de 1898, fueron intercambiados en Washington los instrumentos de ratificación por lo que el estado de guerra entre esas dos naciones cesó formalmente y así lo afirmó el presidente norteamericano, William McKinley, en proclama presidencial de ese mismo día. 

Los dos estados beligerantes pusieron fin al conflicto bélico que los enfrentó a finales del pasado siglo e ignoraron a los representantes del pueblo heroico que durante más de 30 años había luchado por su independencia y ni siquiera escucharon su parecer, a pesar de que sin el valioso concurso de los insurrectos cubanos, la acción en tierra de las fuerzas norteamericanas las hubiera conducido a un desastre. Conducta similar asumieron con los rebeldes filipinos.

La terminación del estado de guerra a partir del 11 de abril de 1899 hizo que se restablecieran plenamente las relaciones jurídicas de paz entre las partes beligerantes, pero no significó que se volviera al status de preguerra.

Los Estados Unidos, que intervinieron en la guerra que libraba el gobierno colonial español contra el pueblo de Cuba, que luchaba por su libertad, con el pretexto “de obtener la cesación completa y definitiva de las hostilidades entre el Gobierno de España y el pueblo de Cuba y de asegurar a la isla un gobierno estable, capaz de mantener el orden, cumplir con sus obligaciones internacionales y garantizar la paz, tranquilidad y seguridad de sus ciudadanos..” se mostraron ante el mundo como la potencia invencible que irrumpía en las relaciones internacionales en la era del imperialismo.

Antes de la guerra el león español, ya desdentado, retenía a Cuba, Puerto Rico y Filipinas, únicos restos de un viejo imperio mundial; los Estados Unidos entraron en el conflicto con el pretexto de que “el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”.

Hasta la guerra de 1898, la política mundial había sido principalmente, política europea. La fácil “victoria” sobre España en Filipinas y en Cuba sacaba la política mundial de esos marcos y convertía a los Estados Unidos —país que había ganado en población y riqueza durante un siglo, en proporciones nunca vistas, pero que había anexado territorios solo en América sin provocar conflictos con las grandes potencias, pues el equilibrio de los poderes había sido sinónimo de equilibrio europeo— en una potencia que emergía en un momento de exaltación y plenitud.

La “cuestión cubana” brindó en 1898 la oportunidad para que el “destino manifiesto” siguiera su curso y la potencia emergente conquistara territorios no solo en el hemisferio, sino también en el Pacífico lejano. 

 

Fuente: El Tratado de Paz de París – José Peraza Chapeau

 

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