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Consumo consciente y solidario

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Por Marcelo Barros

Publicado: jueves, 16 de noviembre de 2017

En todo el mundo, el actual modelo de desarrollo revive casi al pie de la letra un antiguo mito griego. El rey Midas transformaba en oro todo lo que tocaba. Hoy, los capitalistas transforman la tierra y el agua en mercancías. Los trabajadores son vistos como mano de obra o recursos humanos y hasta la guerra se hace fuente de lucro. 

Grupos y movimientos cuestionan ese dogma del pensamiento único. Revelan que otro modo de organizar el mundo es posible y urgente. En Brasil, la Asociación Brasileña de las Organizaciones No Gubernamentales (ABONG) instituyó lo que llama “Banco de Prácticas Alternativas” (ver www.observatoriosc.org.br). Esa iniciativa reúne experiencias de comunidades que practican economía solidaria, agroecología o tienen energía alternativa. Diversas entidades buscan desarrollar en las personas el hábito del “consumo crítico”. Quién compra un producto o consume una marca debe verificar si la empresa que la produce respeta los derechos de los trabajadores, o se explota el trabajo infantil. Si gana dinero con venta de armas o depredan la naturaleza.

Misiles nucleares que, en segundos, pueden destruir la humanidad y la Tierra, son producidos por la misma empresa que fabrica nuestras lámparas caseras. El combustible para el ejército americano mata inocentes en los países que invade y es  producido por la misma multinacional que abastece los coches. Las empresas de minería que destruyen la Amazonia y, en diversos continentes envenenan ríos son las mismas que venden plata y joyas en los centros comerciales.

Como el aprendiz de hechicero de la antigua leyenda, las personas saben accionar computadoras, navegar por Internet, invertir sus ahorros, pero no saben cómo organizar la resistencia de las comunidades para priorizar la vida humana y salvar la naturaleza herida.

La mayoría de las religiones antiguas valora el ayuno y la abstinencia como instrumentos de purificación interior y educación del auto-dominio. Los antiguos padres de la Iglesia enseñaban: todo lo que sobra en nuestra mesa y en la casa pertenece de derecho a quien necesita de aquello para vivir. El año pasado, el papa Francisco propuso que,  cada año, el 19 de noviembre sea dedicado a intensificar la solidaridad con los pobres. En este año, el tema escogido fue: “No amemos solamente con palabras”. Es urgente fortalecer y movilizar, lo antes posible, la solidaridad no sólo en nuestras relaciones personales, sino con la  sociedad civil. De hecho, según el evangelio, Jesús nos dice: “Donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón” (Mt 6, 21).

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claritienda que el pueblo decida