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Trans-Mission de Barbra Herr en el Teatro Círculo de Nueva York

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Por Lawrence La Fountain Stokes

Publicado: miércoles, 31 de mayo de 2017

Legendaria. Inspiradora. Apasionada. Rabiosa. Graciosa. Y más que nada, sumamente conmovedora. La veterana diva del performance transgénero en Puerto Rico Barbra Herr presentó su monólogo original Trans-Mission bajo la dirección del destacado director Luis Caballero del 5 al 14 de mayo en el Teatro Círculo, localizado en el 64 del este de la calle cuatro de Manhattan. Contó con música original por Vir-Amicus y un bien efectuado diseño lumínico por Omayra Garriga. La obra testimonial fue principalmente en inglés pero incluyó diversos textos en español que recalcaron el carácter bilingüe de la vida de la protagonista y de sus relaciones con su familia y sus amistades. Formó parte de la cartelera de la CallBack Series 2017, que también incluyó Adorno del Al Margen Flamenco Dance Company, Olvidadas del dramaturgo venezolano Pablo García-Gámez y Secretos prohibidos de la boricua Tere Marichal bajo la dirección de Rosabel Otón.

 Tras más de cuarenta años de carrera artística y de veinticinco años viviendo como mujer, Barbra Herr se prepara para su cirugía de reasignación de sexo (CRS) en junio de este año, aprovechándose del acceso médico que recibe bajo el plan de salud nacional estadounidense llamado la Ley de Cuidados de Salud Asequibles (“Obamacare”) y las leyes del gobernador Andrew Cuomo del estado de Nueva York, las cuales facilitan el acceso bajo Medicaid a todos los servicios médicos necesarios para las personas transgénero, incluyendo tratamiento de hormonas, consejería y cirugía. Todo bajo la nefasta sombra de la nueva administración presidencial que amenaza limitar severamente este plan de salud.

¿Cómo es la vida de una persona que no se identifica con el sexo o género al que fue asignada al nacer? ¿Qué retos enfrenta con su familia, con sus parejas, con el sistema médico y con la sociedad? ¿A qué substancias clandestinas se sometió en su búsqueda de transformar su cuerpo? ¿Y cuál es la particularidad diaspórica y puertorriqueña de esta experiencia para un niño que nació en el Bronx a mediados de los años cincuenta, que creció y vivió entre la isla y el continente y que es reconocida por una larga trayectoria artística?

Barbra Herr, quien a sus 61 años luce sumamente joven, se ha ganado una bien merecida fama en el ambiente gay por sus presentaciones que comenzaron en los años setenta como transformista en Puerto Rico y en Nueva York en discotecas y clubes nocturnos tales como Stars (espacio de ambiente localizado en el penthouse del Atlantic Beach Hotel en el Condado), El Monster en Greenwich Village en Manhattan y otros locales en Queens. Ha aparecido en varias películas, incluyendo en un documental dedicado a su vida titulado Portrait of a Lady: Story of Barbra Herr de 2009. Más recientemente, protagonizó un cabaret titulado I’m Still Herr, juego de palabras que se vale de la multiplicidad de significados de su nombre artístico (“her” que equivale a ella; “here” que quiere decir aquí) para contar cómo Bobby Hernández llegó a ser quién es. El Herr del título, apócope de su apellido, indica que “todavía estoy aquí” y “todavía soy ella”. Este cabaret se presentó en el Bronx Academy of Arts and Dance (BAAD!), en FUERZAfest (un festival LGBT latino) y en el Duplex (un bar en el Village) bajo la dirección musical de Rachel Kaufman y estaba estructurado alrededor de diversas canciones que Herr interpretaba con su propia voz y no con el doblaje que también utiliza en algunas presentaciones, por ejemplo en el divertido espacio santurcino Zal Zi Puedes.

Trans-Mission está estructurada como una serie de consultas con distintos psiquiatras a quienes Barbra les cuenta su historia, a veces por problemas emocionales, otras para recibir el consentimiento necesario para hacerse la cirugía. Comienza con el Dr. Fishberger, un consejero malhumorado a quien ve en 1996 por ataques de pánico. De ahí pasa en 2000 al Dr. Schmitt, un médico alemán que habla con un fuerte acento, lo cual lleva a graciosos malentendidos (él le dice “Let your mind wander” y ella le pregunta “Who is Vanda?”). La más larga relación es con la doctora Matthews, una mujer rubia del Midwest que la atiende antes de pasar a otro más que le firmará el documento final. Ante sus insistentes preguntas, le afirma que se identifica como mujer heterosexual que busca sincronizar su cuerpo con su identidad y que por supuesto que orina sentada. Los médicos van dialogando con Barbra a través de grabaciones o voces en off. (Como indica el programa, son las voces de Cassandra Douglas, Michael Gobberts y Ranardo-Domenico Grays.)

Como parte de estas consultas, Barbra va contando anécdotas de su vida, desde su infancia hasta la adultez, a veces en orden cronológico, otras no. La estructura de la confesión terapéutica no es muy innovadora a nivel teatral pero le facilita a la actriz un marco para su narración. Mientras Barbra se mueve entre las dos sillas y el sofá del escenario, vamos imaginando esos cuerpos ausentes, figuras de la autoridad que tienen su futuro en sus manos. Aquí oímos un episodio de niñez cuando a los 5 o 6 años se puso el vestido de novia de su madre y se quedó dormido, recibiendo senda paliza cuando la mamá lo encontró así. También nos cuenta sobre la primera vez que se enamoró a los 10 años de un muchacho llamado Anthony Correa que estudiaba con ella en el St. Anselm School en el Bronx. Luego narra un violento episodio que ocurrió en 1970 cuando tenía 14 años en el locker room de la escuela superior DeWitt Clinton en el Bronx. En esa ocasión, casi fue violada por cuatro varones mayores que la agarraron en el baño después de la clase de educación física. Como consecuencia, el joven protagonista, un niño delicado y afeminado, faltó a la escuela por 90 días por miedo a la que se repitiera la violencia, pensando que no le podía contar a nadie lo que había sucedido.

Poco después la familia se muda a Puerto Rico; aquí nos cuenta la tierna historia de su relación en 1973 con un muchacho blanco, rubio, de ojos azules a quien le daba tutorías de inglés con quien se besó a espaldas de su mamá (“¡Estoy aquí por si necesitan algo!” dice imitando a su madre y todo el público se ríe); este primer beso le causa un ataque de ansiedad y sale corriendo. Cuando lo volvió a ver cinco años más tarde durante una presentación transformista en San Juan y vestida de mujer, su amigo la rechazó y salió sin hablarle. También relata cómo regresó a Nueva York en 1973, poco después de la muerte de su madre por causa de un derrame cerebral y de graduarse de escuela superior, a cursar estudios de peluquería, los cuales llevaron a su primer noviazgo con Leo, otro estudiante de peluquería que no sabía apreciar la mujer que Barbra llevaba dentro. De hecho, la actriz identifica la transfobia de los hombres gay como uno de los retos que más la ha marcado, junto al deseo de que el mundo deje de verla como aberrante o monstruosa.

Uno de los temas principales de la obra es la violencia doméstica, particularmente en relaciones con hombres de carácter inestable. Barbra va haciendo una larga lista: Johnny Lee, un kickboxer mentiroso usuario de drogas que la dejó por una mujer; el romántico Juan Carlos (un ángel en comparación a los demás), quien luego le cuenta que nombró a su hija Bárbara en su honor; y un pentecostal con muchos complejos. Una regresión de hipnosis (el único evento inventado de la obra, según comentó la actriz más tarde) la lleva a recordar una relación particularmente traumática marcada por la violencia de su compañero Eddie, quien usaba drogas y alcohol y que la amenazó de muerte, evento que Herr recrea en el escenario con gran acierto. Este episodio la dejó hospitalizada por un posterior atentado de suicidio por sobredosis de Klonopin.

La mejor y más lograda parte del espectáculo es el extraordinario monólogo final, en el que la actriz va trazando las partes de su cuerpo, hablando sobre su concepción de ser, las luchas políticas, su deseo de simplemente poder vivir su vida y de cumplir su misión, es decir, su trans-misión, un acto comunicativo y vivencial que tiene que ver con el activismo político y la transformación personal y social. Ha pagado un alto precio por todos estos cambios, que incluyen el consumo de peligrosas hormonas clandestinas que le compraba a un tal “Dirty Bob” en un bar y sus cirugías de feminización en Guadalajara, México. El gesto de fragmentar el cuerpo y presentarlo parte por parte se parece al extraordinario monólogo de la Agrado (personaje interpretado por la brillante actriz transexual española Antonia San Juan) en el legendario filme de Pedro Almodóvar Todo sobre mi madre. La versión de Herr es sumamente personal, sincera y conmovedora.

En los conversatorios que se dieron después de la obra, Herr explicó que la estructura de la obra surgió a partir de limitaciones económicas, por no poder pagar los altos costos de derechos de autor que requería bajo las normas de ASCAP (la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores) para usar canciones de otros artistas al presentarse en un teatro profesional “Off Off Broadway”, a diferencia de los bares, las discotecas y los centros culturales más pequeños donde acostumbra hacer sus espectáculos. Según la artista, Luis Caballero la seguía instando a que escribiera más y más. La artista también recalcó la importancia de que mujeres trans interpreten los papeles de mujeres trans, señalando a las pioneras Lorraine Cox, Candis Cayne y Alexandra Billings como importantes modelos.

Asistí a dos funciones de la obra. La primera, el viernes 12 de mayo, estuvo completamente vendida. En el público se encontraban destacadas personas del ambiente LGBT puertorriqueño tales como el profesor Rubén Ríos Avila, quien dirige el programa de creación literaria en New York University; su compañero Javier Laureano, autor de San Juan Gay: Conquista de un espacio urbano de 1948 a 1991; el fotógrafo Luis Carle, cuya foto de las activistas transgénero puertorriqueñas Christina Hayworth y Sylvia Rivera se encuentra en la Galería Nacional de Retratos de la Institución Smithsonian en Washington, DC; y la reconocida actriz Selenis Leyva, conocida por aparecer en el programa de Netflix Orange Is the New Black. La segunda función, un poco más íntima y menos concurrida, fue el sábado 13 por la tarde y contó con la presencia de las hermanas gemelas Lauren Vélez (reconocidísima por su participación en numerosas series televisivas y películas) y Lorraine Vélez, también actriz, al igual que con el profesor Arnaldo Cruz-Malavé (autor de Queer Latino Testimonio, Keith Haring and Juanito Xtravaganza: Hard Tails) y la profesora Vanesa Pérez Rosario, autora de Becoming Julia de Burgos: The Making of a Puerto Rican Icon. Sin lugar a dudas, TRANS-MISSION fue un evento cultural de gran envergadura y con profundo impacto social.

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