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Será otra cosa: Fuácata

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Por Laurie Garriga

Publicado: miércoles, 31 de mayo de 2017

Por el personaje de Mario Conde supe lo que significa “estar en la fuácata”. Según la jerga cubana que registra Leonardo Padura en su obra, Conde, el expolicía de La Habana convertido tras su jubilación en detective, vendelibros y lo que hiciera falta, elabora sobre la definición del estado de la fuácata como “inopia, pobreza, penuria”. Para aclarar la expresión nuestro detective le explica a su cliente, un pintor con especial interés en la escuela holandesa del siglo XVII, que estar en la fuácata es estar “Como Rembrandt cuando le quitaron su casa con todo lo que tenía adentro”(142).

Mario Conde casi siempre se encuentra en aprietos o estrechez económica y acepta meterse en mil entuertos para paliarla o entretenerla. Es curioso que en Puerto Rico, al menos hasta donde sé, la palabra fuácata se utilice a modo de interjección, como el ruido de un golpe, como lo es “plop” de Condorito. La fuácata de Conde se acerca más a nuestro “estar pela’o o pelá” o “en la prángana”. 

Otras expresiones que refieren a este tipo de carencia se elaboran a partir del verbo tener (o su falta, no tener/carecer). En México y Guatemala eso de estar en la prángana se expresa con un no tener ni un varo (el varo alude a una moneda, en este caso a su desposesión). Muy parecido a nuestro No tengo chavos que es lo mismo que decir que no se cuenta con dinero. La pelambrera se ha arrastrado unos cuantos siglos porque la palabra chavos viene de la antigua moneda española que pesaba un octavo de onza (octavo/ochavo/chavo). 

Por otra parte, es común que en la lengua se registren expresiones similares tanto para apuntar la delgadez física como la precariedad: “Estar en la quilla” puede servirnos de ejemplo. La quilla es la pieza que va desde la popa hasta la proa por la parte inferior de una embarcación. Esta expresión probablemente provenga del castigo que se les imponía a los marineros cuando se les torturaba haciéndoles estar y pasar por ella; arrastrándolos a lo largo –y bajo el agua– de la quilla.

De todas las expresiones, fuácata es la más que me llama la atención por su polivalencia; puede ser un estado, un sonido, un cantazo. Mario Conde lleva la fuácata como rasgo identatario, de ahí el uso del verbo estar más que como un estado cambiante como una característica o lugar permanente. En Puerto Rico la expresión fuácata parece más pasajera, es un golpe o un sonido de poca duración. Me pregunto entonces, en nuestro contexto insular, ¿cuántos golpes se necesitan para hacer de la fuácata un estado permanente? ¿O acaso faltarán castigos y cantazos para darnos cuenta que nos pasan por la quilla?

 

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