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Más allá de Insularismo:Ssobre Pedreira ensayista

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Por Efraín Barradas

Publicado: martes, 30 de octubre de 2018

Antonio S. Pedreira (1898-1939) lo conocemos esencialmente como el autor de Insularismo (1934), libro que marcó nuestra historia cultural, libro que todavía tiene vigencia y libro que fijó nuestra imagen de este escritor. Para nosotros, injustamente, Pedreira es sólo el autor de este importante ensayo; tendemos a ignorar el resto de su amplia producción. No cabe duda de que esta es su obra más importante. Pero Pedreira, quien murió muy joven, a los cuarentaiún años, fue un escritor muy fecundo que hizo aportes importantes a nuestras letras y nuestra historia. 

En sus libros, especialmente en Insularismo, Pedreira adopta una voz autorial que nos hace pensar en la de uno de sus principales modelos, el escritor uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), quien como el puertorriqueño, escribe su obra maestra, Ariel (1900), muy joven. Rodó tenía veintinueve años cuando aparece su influyente libro y Pedreira, treintaidós cuando sale a luz el suyo. Pero ambos, especialmente Rodó, quien adopta la máscara del viejo Próspero para desarrollar el discurso que compone su libro, se proyectan en sus libros con la firmeza y la autoridad que usualmente vienen con la edad. Tendemos a olvidar que ambos autores murieron muy jóvenes y que los dos, a pesar de ello, nos dejaron una abundante producción, especialmente Pedreira, aunque la suya no tuvo el impacto continental de la de Rodó. 

Por décadas, después de la publicación de Insularismo, el carácter de clásico tiñó nuestra lectura de ese libro que tuvo tempranas refutaciones, especialmente de Tomás Blanco, con su Prontuario histórico de Puerto Rico, y de Emilio S. Belaval con un ensayo titulado “La barca de los sueños fallidos” (ambos de 1935) y de manera más indirecta, con sus cuentos. También podemos leer Tuntún de pasa y grifería de Palés Matos en parte como una refutación del libro de Pedreira. A pesar de ello su texto marcó y aún marca nuestras interpretaciones del carácter nacional. Pero sólo fue cuando José Luis González propuso su interpretación de la formación de Puerto Rico, interpretación basada en la historia, como la de Blanco, aunque en su caso con señalados matices marxistas, y, sobre todo, cuando Juan Flores publicó su Insularismo e ideología burguesa en Antonio S. Pedreira (1979), libro que le ganó el prestigioso premio de Casa de las Américas, que los cimientos de la interpretación de Pedreira, basada en una versión del viejo determinismo geográfico, comenzó a tambalearse. Hoy, cuando volvemos a Pedreira –a quien siempre hay que volver, a pesar de sus errores, pues, definitiva de él podemos aprender y de él partieron otros– tenemos que tener presente la visión de González y, muy particularmente, la de Flores. Mucho se ha escrito sobre Pedreira, pero esos dos nombres son aún esenciales para leerlo.

La lectura de la reedición de una vieja colección de ensayos de este autor, Aristas: Ensayos (Estudio introductorio de Mercedes López-Baralt, Santo Domingo, Cielonaranja, 2018), nos lleva a pensar en nuestra visión de Pedreira. Apunto dos detalles antes de entrar en materia. Primero, la edición original de Aristas... fue anterior a Insularismo y apareció en Madrid. Segundo, la presente edición aparece en la República Dominicana y es parte del esfuerzo del editor de Cielonaranja, Miguel D. Mena, por crear en su país una colección o biblioteca de textos puertorriqueño. Estos detalles editoriales –Madrid, Santo Domingo; 1930, 2018– son significativos ya que, por un lado, hablan del hispanismo de Pedreira, quien se doctoró en Madrid y tuvo fuertes contactos con el Centro de Investigaciones Históricas, institución que marcó a muchos intelectuales hispanoamericanos –Alfonso Reyes, Fernando Ortiz, Pedro Henríquez Ureña y Tomás Blanco, entre otros y otras– y de un interés antillanista de nuestros días, interés que estaba casi completamente ausente en Pedreira.

Pero la lectura de esta colección de ensayos me hace plantearme otras ideas, una en particular: ¿no estaremos interpretando a Pedreira prejuiciadamente al verlo exclusivamente por el lente de su obra maestra, Insularismo? Sin negar en nada la valiosísima contribución de González y especialmente la de Flores, ¿no será ya tiempo de volver a revisar a Pedreira? ¿No será ya tiempo de ver Insularismo en el contexto de la totalidad de la obra de este clásico de una amplia producción y no como pieza aislada? Esas son algunas de las preguntas que la lectura de Aristas… en esta nueva edición me forzaron a plantearme.

Aristas… es una recopilación muy heterogénea de ensayos. Sus temas y acercamientos críticos son variados. El libro abre con un excelente texto, “¿Generación del 98?” que probablemente sea el más arriesgado de todo el libro ya que, en el mismo y desde la misma España, Pedreira hace un cuestionamiento radical de la existencia de ese grupo tan importante para los puertorriqueño de su propia época y, especialmente, para la historiografía española, tanto la literaria como la histórica. Detrás de los planteamientos de Pedreira en este erudito ensayo, ensayo que demuestra su amplio y detallado conocimiento de la literatura y la cultura de España, subyace la crítica a un método de investigación que Ortega y sus discípulos proponían y que marcó por décadas nuestra historia, cultural y literaria. Desde que Ortega y Julián Marías adoptaron y adaptaron la teoría de las generaciones, España e Hispanoamérica se llenó casi matemáticamente de la generación tal y la más cual. Todas las letras hispanoamericana se leyó desde esa perspectiva, como lo demuestra la vieja historia de Enrique Anderson Imbert. Pedreira mismo quedó encasillado en nuestra llamada Generación del Treinta, junto a Palés, Arce de Vázquez, Belaval, Blanco, Meléndez y muchos otros. La crítica a este método subyace el texto de Pedreira, pero no llega a quedar formulada explícitamente. Pedreira duda de la existencia de una generación española marcada por el desastre de 1898, pero no llega a atacar el método empleado para crear tal denominación. A pesar de ello el ensayo es valiente e innovador.

La temática española abunda en Aristas… donde aparece un ensayo sobre el Quijote, texto que no tiene la agudeza crítica del antes comentado y que está compuesto esencialmente, al menos en su primera parte, por citas y citas de la gran novela. Se incluyen también breves textos sobre el mito de don Juan y sobre un interesantísimo personaje de la novela de Cervantes, Sansón Carrasco. (¿Se usaría con frecuencia en la España del Renacimiento y el Barroco ese nombre, Sansón, nombre bíblico en un contexto de antisemitismo galopante? ¿Habrá otros sansones españoles del momento?) Todos estos ensayos prueban el detallado conocimiento de la cultura española que tenía Pedreira.

Otro de los ensayos destacados de Aristas…versa sobre el color azul en las letras occidentales. Aunque el centro de atención es, obviamente, Rubén Darío y los modernistas hispanoamericanos, el ensayo sirve para destacar uno de los rasgos principales del libro: la amplia erudición del autor y sus más amplios intereses intelectuales. En este ensayo Pedreira rastrea el empleo del azul en las letras occidentales y, al hacerlo, muestra su amplio conocimiento de diversas literaturas europeas, especialmente la francesa. Este ensayo me hizo pensar en los libros de Michel Pastoureau, medievalista francés que ha escrito varios sobre la historia de diversos colores –azul, rojo, negro, verde…– en la cultura occidental. Pastoureau se centra mucho más que Pedreira en las artes visuales y en la historia. Sus libros sobre los colores están llenos de ese conocimiento aparentemente inútil que tanto me apasiona. El ensayo de Pedreira, en cambio, es mucho más limitado que los libros del medievalista francés, pero no deja de asombrar por su conocimiento de las letras europeas e hispanoamericanas. Esa misma erudición se manifiesta en otros textos de Aristas… –uno sobre Ibsen, otro sobre Marcial, otro más sobre el Diablo en las letras europeas– rasgos que habrá que tener en consideración al hacer esa necesaria revisión de Pedreira.

Los temas puertorriqueños aparecen también en esta colección, lo que sorprende algo si se tiene en cuenta que el libro se publicó originalmente en Madrid y que, por ello, tendría como lectores principales a los españoles. Dos ensayos relacionados forman el elemento puertorriqueño del libro y ambos versan sobre nuestro nombre, el de la Isla y el de sus habitantes. Leídos en el contexto de la ideología de Pedreira –su marcada hispanofilia– estos textos adquieren un rasgo que los coloca cómodamente en un libro publicado en España y para lectores españoles ya que en ambos textos Pedreira hace de manera indirecta una defensa de nuestras raíces hispánicas y un ataque a la invasión estadounidense. Otro rasgo que también marca estos textos es su familiaridad con la historia y la historiografía, elemento que también su observará marcadamente en Insularismo.

No me cabe duda de que el lector puertorriqueño de hoy se beneficiaría de la lectura de Aristas…, a pesar de los marcados cambios que hemos experimentado en cuanto a acercamientos críticos y a intereses temáticos. Es que en esta colección de ensayos nos topamos con un joven estudioso que adopta, por medio de su erudición, una actitud de sabio que no va con su edad. ¡Es tan duro pensar que Pedreira murió cuando sólo tenía cuarentaiún años! También podemos ver en estos textos su conocimiento e interés en la cultura española, rasgo que hay que calificar como hispanofilia y que, definitivamente, tiñe su visión de nuestra cultura ya que lo lleva a destacar nuestras raíces hispanas y a poner poco énfasis en nuestro mestizaje cultural, rasgo que Blanco, Belaval y Palés recalcarán. 

Aristas… también retrata a un joven de una amplia erudición que se sentía muy cómodo al adoptar una voz autoritaria, rasgo que marca toda su producción. Para mí, la lectura de esta colección de ensayos me hizo pensar en todo lo que Pedreira pudo lograr en tan poco tiempo. Leo Aristas… y no veo a un joven de treintaidós años –edad que tenía cuando apareció el libro– sino a un hombre mayor lleno de erudición y valentía. Erró en muchas cosas, especialmente en su interpretación general de nuestra cultura, como Juan Flores nos ha hecho ver con tanta precisión. Pero no hay que recordar su juventud, sino su premura para darnos textos de importancia para nuestra historia como lo prueban sus libros sobre Hostos, sobre Celso Barbosa, sobre el periodismo en Puerto Rico y sobre el fatídico año de 1887. ¿Qué más nos hubiera dado de no haber muerto a tan temprana edad? Esa es una pregunta que no tiene respuesta y que, en el fondo, no nos debemos hacer; debemos ver lo que tenemos, lo que nos dejó, y no lo que pudo haber sido.

Espero que esta nueva edición de Aristas… lleve a los lectores dominicanos a descubrir a Pedreira –la introducción de Mercedes López-Baralt está dirigida a ese nuevo lector y cumple muy bien ese propósito– y a los puertorriqueños a colocar Insularismo en el contexto mayor de toda la producción de Pedreira para que vista en ese amplio ámbito podamos revisar sus logros y significados. Las acertadísimas críticas de González y, sobre todo, las de Flores todavía están vigentes. Pero se nos hace ya necesario revalorar otra vez más a Pedreira, ahora con una visión que vaya más allá de Insularismo. La reedición de esta colección de ensayos nos ayudará a así hacerlo.

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