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Contar la guerra en voz infantil

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Publicado: martes, 30 de octubre de 2018

Pabsi Livmar

 

La trama de El visitante de las estrellas se desarrolla en el escenario de un conflicto bélico. Más que contar la guerra y las devastaciones que son consecuencia de la guerra, mi interés desde el principio siempre fue contar, desde la voz de un niño, los temores y la incertidumbre que trae consigo el anuncio de una guerra… o vivir con miedo, cualquier tipo de miedo. Quise mostrar, a través de esa voz, cómo los niños expresan y manifiestan el miedo. A este proceso difícil de escribir sobre la guerra desde una voz infantil, se suma una dificultad adicional. Escribir literatura infantil y juvenil supone una traba que no existe en la literatura para adultos: el público.  ¿Cómo hacemos los escritores adultos para llegar a los niños y jóvenes de una generación distinta a la que pertenecemos cuando nosotros mismos ya ni somos siquiera parte de esos segmentos etarios? 

¿Cómo hacemos, incluso, para hablarles de ciertos temas a los cuales quizás no tengan tanta exposición y no conozcan de primera mano sin sonar como un libro de texto? ¿Cómo jugar con la empatía y hacer que verdaderamente sientan igual a como sienten los personajes?  Algunas personas afirman que la experiencia y el conocimiento es la mejor arma del escritor, y no se equivocan. Sin embargo, la técnica que más usé para escribir mi obra y hacer que esta se sintiera a flor de piel fue una muy distinta. No quería una voz narradora omnisciente, que todo lo sabe y predica lo que conoce. Quería una voz que se sintiera próxima a los niños, a sus temores y formas en que evolucionan sus pensamientos; quería una voz que pudiesen hacer suya. 

Algunas personas se sienten prisioneras en el tiempo, es decir, tienen la capacidad de revivir al momento instantes de su vida que sucedieron hace 20 años, durante la adolescencia, en la infancia, incluso durante los primeros tres años de vida. Yo soy una de esas personas y usé el recurso de la introspección y el recuerdo para crear a mi personaje principal, Sep, y su voz narradora en primera persona. En esa voz plasmé mi admiración por mi madre, la lectura, la educación. Plasmé, asimismo, disgustos hacia la burla y motivos por los cuales la humanidad misma ha creado un mundo lúgubre e injusto donde no reina la paz. Mencionar esto me recuerda la pregunta que me hice cuando la idea de escribir la historia de Sep y Ariel todavía me rondaba por la cabeza: ¿Hace falta haber vivido el ruido y la furia de la guerra para escribir una buena novela bélica? Mi respuesta para esta y quizás cualquier otra pregunta similar de construcción narrativa es no. No si tenemos personajes que se sienten reales porque son trozos o pedazos de uno mismo que dejamos en el texto, porque no solo contamos una historia en primera persona, sino que la vivimos, y así logramos acercar la brecha entre texto y lectores. Para efectos ilustrativos de cómo logré acertar en el proceso de introspección y el recuerdo vivo durante el proceso de escribir la novela, la mayor parte de El visitante de las estrellas la escribí en el cuarto que todavía es mío en casa de mi mamá. Allí encerrada, entre recuerdos y libros de mi infancia, pude volver a ser yo niña, a pensar como niña, y transmitir en Sep cómo de pequeña reaccionaría ante sus adversidades y cuáles serían mis emociones o pensamientos ante situaciones que vive Sep. Con esta técnica de contar en primera persona, escribir como si escribiese en un diario y usándome a mí misma como modelo, logré la honestidad de la narración, de los personajes y de su calidad humana. Es un libro que desde el primer capítulo está cargado de emociones: se sienten los conflictos y las preocupaciones del personaje principal, sus miedos y sus insondables tristezas.  

En un artículo sobre la novela, el escritor y periodista José Borges aquí presente, comenta que tal vez los temas sean complicados para lectores de menor edad, pero la narración estratégica en primera persona ayuda a darles voz a estas consideraciones desde un punto de vista juvenil. Además de usar la voz de un personaje niño para contar cómo desasirnos del adoctrinamiento, para escribir El visitante de las estrellas tuve que aprender a dominar el lenguaje de la sutileza. Usar a Sep era la forma idónea de hacerlo. Nunca quise esconder la realidad de las atrocidades de la guerra, sino narrarlas bien. En la literatura infantil y juvenil, uno de los muchos trabajos de los escritores es saber qué contar, cómo contarlo y hasta dónde llegar. Esa fue mi triada durante el proceso de desarrollo de la trama. No podía perder de vista ni el público lector ni la voz propia de Sep, pero tampoco podía perder de vista los elementos clave de la historia y de los conflictos bélicos: el miedo, el hambre, la influencia mediática negativa, el crujir de las bombas al explotar. Aunque fue un libro difícil de escribir por sus temáticas y en el sentido de saber cuándo limitarme o editarme, no quería que fuese difícil de leer o de entender, sino todo lo contrario. Por eso aposté por un lenguaje muy sencillo en la voz narradora, tanto en los diálogos como en la construcción de la acción y los recuerdos. Tenía que encontrar el punto medio entre el público lector y las realidades de quienes viven conflictos bélicos.  

Aunque mi obra trata sobre la guerra con municiones y se puede aplicar a cualquier tipo de guerra que viven nuestros niños y jóvenes, desde guerras psicológicas emocionales internas hasta guerras de abuso sexual, maltrato y violencia doméstica, El visitante de las estrellas construye otras narrativas, secundarias y paralelas, con la voz infantil. María Teresa Andruetto, escritora argentina galardonada con el Premio Hans Christian Andersen de la Organización Internacional del Libro Juvenil, dice que un narrador es mucho más que la persona verbal a través de la cual se ejerce el acto de contar, sino que es por sobre todo la conciencia del relato, la conciencia a través de la cual pasan los hechos contados. Como narrador de El visitante de las estrellas, Sep se vuelve un personaje de cantidad de matices y maestro de un sinnúmero de enseñanzas a la vez que mantiene la inocencia propia de los niños y el poder de reflexionar a tan corta edad.  

Con él aprendemos la importancia de la rebelión ante las injusticias y a tener criterio propio. Una escena del libro sucede en un salón de clase del futuro. Están los estudiantes, la maestra y un soldado intergaláctico. La maestra muestra una imagen caricaturesca de los alienígenas timlij y permite que los alumnos se burlen y digan expresiones ofensivas. Sep es quien único saca la cara por los timlij. Incluso dice que el planeta era de ellos antes y que les tocaba a ellos, los humanos del futuro, buscar la manera de coexistir o devolvérselos. El resultado de su supuesta mala crianza es un fuerte golpe en la boca y el rechazo y abandono por parte de sus compañeros.  

Por Sep, y según lo entiende Sep, los niños que leen la novela descubren que existen niños soldado, y que estos sufren mucho y no quieren la realidad que les han impuesto vivir. A principios de 2017, las estadísticas públicas de la UNICEF pronosticaron que hay unos 300 000 niños soldados dispersos en América del Sur, África, Asia… Estos niños viven cantidad de atrocidades, torturas e injusticias antes de que los conviertan en soldados. Algunos comienzan su proceso de conversión o iniciación a la corta edad de 6 años. Como mencioné antes, el alienígena Ariel es un niño soldado. Simboliza a los niños soldados. Llega al exoplaneta Kepler con un arma en las manos pero la deja caer al suelo tan pronto ve a Sep. No conocemos mucho de su historia, ni sabemos qué horrores habrá vivido, pero sí sabemos, según explica Sep, que a pesar de sus diferencias físicas, ambos son iguales, y cito: “un infano [niño] que no sabe ni tiene cómo defenderse”; “mi instinto me dice que debo protegerlo de los suyos y de los míos”.  

A través de Sep también hago conciencia de cómo los padres deben ser vistos a la luz de los ojos de sus hijos. Jeremías, quien para mí es el personaje de mayor importancia por su influencia, está construido de acuerdo a las descripciones que de él hace su hijo Sep: es un hombre comprensivo, amoroso, respetuoso y justo. Esta construcción tiene su importancia en el hecho de que es el personaje que creé para el público adulto que lee la novela y, por ende, el ejemplo o modelo a seguir.  

“Quiero ser como mi papá”. Esa es la frase que abre un monólogo interno del personaje principal y voz narradora en el primer capítulo. En el libro, la estrecha relación entre los padres y los hijos se hace latente. Por eso, en ocasiones la voz de Sep se funde con la voz de su padre, Jeremías. Esta fusión no es aleatoria ni en vano. Sep, al ser un niño que admira a su padre, trata de aprender cuanto puede de él y usa sus discursos una vez los ha entendido a cabalidad, ya sea para reafirmar sus decisiones, para saberse que ha aprendido o para difundir sus enseñanzas a otros. Esto es un vivo ejemplo de ese refrán que dice que los niños son como esponjas que todo lo absorben, que incluso son un espejo de la crianza que les ofrecen sus padres. Al principio de mi obra y antes de la guerra que allí ocurre, a propósito de los conflictos entre personas y las tendencias a la violencia que la misma sociedad inculca a sus individuos, Jeremías comenta que las personas somos víctimas de nuestras circunstancias. Más adelante, mientras viven la confusión de explosiones, estallidos y muertes a su alrededor, Ariel, el niño soldado del bando “enemigo” e invasor, cuestiona si Sep pensará que ellos, los alienígenas, son malos, a lo que Sep le responde con las palabras de su padre: Las personas somos víctimas de nuestras circunstancias.  

Mientras escribía El visitante de las estrellas sentí temor. Pensaba que era un libro muy triste, muy oscuro, difícil de leer, en especial para un niño. Sin embargo, desde que Ediciones SM publicó mi obra, he pensado en las palabras del escritor francés Patrick Modiano (ganador del Nobel de Literatura del 2014), quien dijo que nunca se había percatado tan intensamente de cómo un escritor es ciego a sus propios libros y cómo los lectores saben mejor que él lo que él escribió. Haberle dado voz a Sep y que esa voz se escuche me recuerda que los niños y jóvenes sí merecen este tipo de literatura, y que ellos pueden y deben enfrentarse a libros como este. Escribirlos, mucho más. Gracias. 

 

Ponencia de Pabsi Livmar panel: La construcción de la voz narrativa y el punto de vista en obras de ficción literaria para jóvenes Congreso Educativo de la Asociación de Escuelas Privadas 2018

 

 

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