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La historia escondida

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Por Félix Córdova Iturregui

Publicado: martes, 22 de julio de 2014

Salir del país puede ayudar a ver con un poco de más claridad la profunda crisis que vive Puerto Rico. Estuve fuera tres semanas y al llegar me encontré con un considerable bloque de periódicos acumulados. Las primeras planas de la prensa no golpean con tanta dureza cuando se reciben día a día. Pero cuando se ha estado ausente y se pueden ver seguidas esas primeras planas de El Nuevo Día, por ejemplo, uno no puede evadir una fuerte sensación de catástrofe en el ambiente. En realidad, no importa el orden: “Firme el gobierno ante degradaciones”, “Bonistas demandan al gobierno”, “AEE rumbo a quiebra criolla”, “Reforma energética en el vacío”, “Justicia apuesta a la quiebra criolla”, “Funesta degradación”, “El gobierno prepara acción contra Moody’s”, etc.

Unas detrás o delante de las otras, estas primeras páginas pueden verse como las cuentas de un collar de calamidades. Ofrecen la impresión de una sociedad que parece haber entrado en un proceso de desintegración. Pensar que la situación actual se puede enmendar, o que la estructura económica y política existente podría ser mejorada, no es un buen punto de partida para enfrentar esta profunda crisis. En otras palabras, adoptar una posición conservadora ante el dramático alcance de los cambios que son necesarios, no dará resultados positivos aunque pueda enlentecer o acelerar el avance del proceso de descomposición.

Recientemente el periódico Caribbean Business le hizo una entrevista al economista Robert Shapiro, quien destacó dos aspectos claves de la crisis: no puede explicarse como el movimiento de un ciclo económico ni está determinada por eventos externos. No basta, según Shapiro, con hacerle cambios marginales a la economía existente. “It’s the set of conditions that says ‘step back and rethink your whole game plan’”. (Caribbean Business, 3 de julio, 2014). Al señalar que hace falta una nueva estrategia económica, el economista estadounidense que estuvo vinculado con la administración de Bill Clinton, se refiere a la necesidad de repensar toda una estructura. Esto es precisamente lo que los empresarios locales han demostrado desde hace más de dos décadas que no pueden hacer. Destacan las palabras de Shapiro, descubriendo el Mediterráneo, utilizándolas más con un fin político que como una propuesta de estudio seria para determinar las complejas causas históricas de la crisis.

La situación, a grandes rasgos, puede describirse de la siguiente forma: lo que está en crisis es una economía colonial que viene acumulando severas contradicciones a través de todo un siglo. El paso atrás que hace falta dar no puede ser un paso corto. Tiene que dar cuenta de una estructura económica organizada a través del eje principal que conlleva la subordinación política. A grandes rasgos, la crisis tiene serias consecuencias sociales y todo el aparato empresarial local, caminando por los márgenes, sin conciencia certera del terreno que pisa, pretende resolver la crisis sin tocar la totalidad de la estructura económica. Por esta razón convierte la necesidad de una nueva estrategia económica en un discurso de manipulación política para avanzar intereses limitados y reiterar lo que ha sido su norte hace varias décadas: golpear a los sectores laborales organizados y abrirle paso a un empeoramiento general de las condiciones de vida de todo el pueblo trabajador.

Lo revelador es que no aparece en Puerto Rico ninguna fuerza empresarial que haga una propuesta capaz de incorporar amplios intereses sociales. Por el contrario, se hace cada día más visible el agotamiento histórico del sector privado y su incapacidad para proponer una salida a una crisis que sigue profundizándose.

Ahora bien, los golpes obligan a abrir los ojos. El Caribbean Business afirma que la crisis no es producto de esta administración. Reconoce que el gobierno de García Padilla es el rabo del problema. Si hemos estado en recesión desde principios de 2006, la mirada tiene que superar los dos años del desastre García Padilla. Reconociendo que no se trata ya de una recesión, sino de una depresión que supera en su duración a la Gran Depresión que comenzó en 1929. El Caribbean Business responsabiliza a las últimas tres administraciones. ¿Qué faltó? “Big Thinking and Vision”. ¡Vaya análisis! Con una retórica fácil, se pretende torear una realidad espinosa que si bien no reparte la desgracia con equidad, afecta a la totalidad social. Si Shapiro destaca la baja tasa de participación laboral en Puerto Rico, una de las más bajas del mundo, considerándola como “a terrible, terrible symptom”, la aguda inteligencia empresarial local salta con su solución: hay que crear miles de empleos para salir de la crisis. ¿Cómo? No se encuentra ningún planteamiento concreto que cuestione la estructura industrial del país, ninguna reflexión sobre la forma en que el mercado se ha organizado en Puerto Rico a lo largo de la historia.

Nada de eso. La solución propone más de lo mismo. La mirada fácil va hacia la política. Ahí están los legisladores, que para ganar elecciones han concedido beneficios y dinero del gobierno a los trabajadores públicos, “specially the unions”. Ya los empresarios barrieron con las uniones en el sector privado y ahora han formado una comparsa gigantesca, con los medios masivos de comunicación como uno de los cuerpos principales de la orquesta, para arremeter contra conquistas históricas laborales que ayudaron a sacar a este pueblo de la pobreza extrema en que vivió durante décadas. A esta chapucería de clase se reduce el pensamiento empresarial, en lugar de estar llevando a cabo una auto-reflexión seria sobre sus enormes aportaciones a esta incontrolable crisis que ya consideran abiertamente como una depresión. ¿Podría tener credibilidad un análisis que destaque a la UTIER y la UIAAA como los grandes responsables de la crisis?

El análisis fatulo del Caribbean Business no resiste sus propios datos. Es muy sencillo: cuando hay mucha gente sin trabajar, el consumo decae, se reduce la demanda de bienes y servicios y la economía se enlentece; lo único que evita el colapso completo hasta ahora son los “$20 billion we receive yearly from the federal government and more tan $20 billion of underground-economy circulating.” ¿Todo esto pasó durante las últimas tres administraciones? La solución exige crear miles de empleos en el sector privado. Pero todo indica que para lograrlo hay que arremeter contra las uniones del sector público y desmantelar sus derechos adquiridos porque son obstáculos para que la empresa privada cumpla con sus objetivos. No hay ningún intento por analizar la raquítica capacidad de la empresa privada para crear empleos. Esta incapacidad se hizo visible en 1974-75. Hace cuatro décadas. El llamado gigantismo gubernamental surgió como resultado de esta incapacidad. Ahora, pretenden poner las cosas patas arriba, esconder la historia, y proyectar al gobierno como el culpable de una crisis que les corresponde a ellos. Culpar a las uniones por la situación que vive un gobierno que desde la década del setenta ha sido asaltado directamente por la empresa privada, no contesta el reto de la crisis. En Puerto Rico lo que está deprimido, desde el punto de vista de la creación de empleos, es el sector privado. Ésa es la depresión que es urgente analizar con rigor y honestidad.

* El autor es profesor de Estudios Hispánicos del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. felhilpr@gmail.com

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