Desesperados...

Opinión / Siete días

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Gaza en el corazón

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Por Manuel de J. González

Publicado: martes, 22 de julio de 2014

"Y una mañana todo estaba ardiendo,

y una mañana las hogueras

salían de la tierra

devorando seres,

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces.

Y desde entonces sangre.

venían por el cielo a matar niños

y por las calles la sangre de los niños

corría simplemente, como sangre de niños.

Venid a ver la sangre por las calles

Venid a ver

la sangre por las calles,

venid a ver la sangre por las calles!!"

Pablo Neruda, España en el corazón, 1937.

Estos versos de Pablo Neruda no hablan de palestinos ni se escribieron para Gaza. Se escribieron en 1937 para España, que entonces se desangraba. El día en que escribo esta nota – domingo, 20 de julio de 2014 – es Gaza, uno de los pequeños pedazos de la Palestina histórica que les queda a los palestinos, la que se desangra. Por eso cuando me senté frente al teclado tras escuchar las noticias de la tarde, sólo tenía a Gaza en la memoria y recordé a Neruda y a su España en el corazón.

Cuentan las noticias que este día en que escribo ha sido el más sangriento desde que comenzó la invasión - ¡otra más! ¿Cuántas van? – de las fuerzas armadas israelíes contra la Franja de Gaza. Con toda probabilidad, cuando usted esté leyendo estas líneas ya el récord del 20 de julio habrá sido superado por otros días más sangrientos. Y mucha más sangre de niños estará corriendo por las calles "simplemente, como sangre de niños". Como aquellos cuatro que vimos correr despavoridos por una playa desierta antes de que el proyectil lanzado por los israelíes los despedazara. Nosotros los vimos, el mundo entero los vio y con toda probabilidad también los vio el soldado que apretó el botón para que saliera el proyectil. En aquella playa no había nadie más, sólo aquellos pequeños seres que jugaban fútbol. Ellos, sólo ellos, eran el objetivo. Neruda decía que las hogueras que quemaban a España "salían de la tierra". Las que pulverizan a niños palestinos llegan desde el aire.

La España a la que le cantó Neruda debió luchar sola frente a la ofensiva de los militares fascistas apoyados y auxiliados por Hitler y Mussolini. Desde el cielo les llegó la metralla que lanzaba la Legión Cóndor enviada por el sátrapa alemán y por tierra la de las tropas de asalto que envió el italiano. Igual o mayor es la soledad de Gaza. En 1936 las grandes potencias de entonces, que son las mismas de ahora, se colocaron de espalda ante la ofensiva fascista y dejaron que los republicanos españoles se desangraran, sin percatarse de que España era un ensayo de lo que muy pronto le caería encima a Europa. No sé si lo de Gaza también es un ensayo, pero la sangre que corre es muy real. Los niños que mueren despedazados en la playa son de carne y hueso, como los de París y Londres, y los tantos que murieron en España. Y Gaza sigue sola, apenas apoyada por las palabras y la rabia de los que la llevamos en el corazón.

Ya, a días de la nueva ofensiva, se cuentan por miles los heridos y en centenares los muertos. También son cientos, tal vez miles, las viviendas arrasadas, y decenas de miles los que huyen perseguidos por las bombas para refugiarse en ninguna parte. Gaza es tan pequeña que no hay espacio para refugios. Es apenas una tira de tierra que les lanzaron a los palestinos, como sobras de un banquete al que no fueron invitados. En 1948 las potencias del mundo –las mismas que 1936 le dieron la espalda a España, y otras más– se confabularon para despojarlos de su territorio, para sacarlos a empujones de su patria de siempre. A muchos los lanzaron al exilio en Jordania y Líbano, donde todavía malviven, y a los que no quisieron los vecinos los apiñaron en pequeños pedazos de lo que una vez fue su patria. Uno de esos pequeños territorios es la Franja de Gaza en la que viven cerca de dos millones de palestinos.

¿Acaso se han reunido las grandes potencias para discutir cómo evitar que la sangre siga corriendo en Gaza? No, todas ellas tienen asuntos más importantes. ¿Acaso el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de emergencia para pedirle a Israel que no siga matando niños? No. La ONU no está para esas cosas. Desde Washington dijeron que Israel tenía "derecho a defenderse" sin fijarse en la sangre que corrió, "simplemente, como sangre de niños", en una playa de Gaza. Para "defenderse" Israel está destruyendo casa por casa a Gaza, tal como la Legión Cóndor de Hitler destruyó a Guernica en 1937, mientras Londres bosteza y París se adormece.

Dejemos que sea Neruda quien les hable:

¿Qué habéis logrado? Traed, traed la lámpara,

ved el suelo empapado, ved el huesito negro

comido por las llamas…

 Quienes desde Washington proclaman el "derecho de Israel a defenderse", no son capaces de ver el "huesito negro comido por las llamas".

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