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Norman H. Dávila y Elliott Castro, una amistad olímpica

Norman H. Dávila
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Publicado: miércoles, 9 de mayo de 2018

Por Emmanuel Márquez

Especial para CLARIDAD

 

Sin duda alguna reconocerás su tono de voz tan pronto los caballos entren en carrera.  Y es que su garganta y su narrativa, se han convertido en un cántico icónico de la cultura puertorriqueña y el deporte latinoamericano. Pero hay mucho más de Norman Hopgood Dávila que simplemente narrar las carreras de caballos en el hipódromo por los pasados 47 años. 

Detrás de todo eso, hay un niño criado en la calle Loíza de Santurce, apasionado por el hipismo, un maestro de educación física, un estudiante de ciencias políticas, un jugador de béisbol superior, un director de torneo del voleibol, un escritor y muchos otros adjetivos que lo consagran como leyenda.

Hoy, un domingo de febrero en el Hipódromo Camarero, según se preparan los caballos para correr, así también Dávila se alista para las crónicas del día.  Repasando con particular facilidad el nombre de los 60 ejemplares en el programa de carreras. Junto a su inseparable gorra de Puerto Rico, ya perfectamente amoldada a su cráneo, en breves minutos narrará las carreras con la misma emoción que lo hizo por primera vez en 1971. Pero antes, recuerda que su incursión en el ambiente del periodismo deportivo se dio sin esperarla.

“Yo jugaba ya en Cataño béisbol superior (1965) y uno de los mejores periodistas deportivos de la época, Joaquín Martínez Roussett, tan pronto yo me gradué me dijo que si quería trabajar en la sesión deportiva con él, y yo enseguida dije que sí, imagínate.  Él era el apoderado del equipo y director deportivo del El Mundo, el principal periódico de Puerto Rico en ese momento.”

Apadrinado por los reyes de la radio y televisión puertorriqueña, José Miguel Agrelot y Mariano Artau, Dávila incursiona como comentarista en los programas de hipismo que éstos mantenían en la década del setenta. Desde entonces, como dicen por ahí; ‘el resto es historia’.  

El espigado narrador también ha formado parte por los pasado 18 años, de uno de los programas deportivos más famosos y duraderos en la radio, La Descarga Original por Radio Isla 1320 AM, haciendo pareja –entre otros– con el fenecido símbolo del olimpismo boricua, Elliott Castro Tirado. De ese junte, nacería una bonita amistad que se fortalecía según viajaban el mundo juntos, por compromisos con la prensa deportiva del país. 

“Antes de que trabajaramos en la descarga -yo comencé en el 2000-, yo lo conocía del periodismo y de ideas políticas, pero no era amigo de él”, dijo Dávila. “Nos conocíamos y hablábamos cuando estábamos trabajando un juego de baloncesto pero no puedo decir que era amigo de él, éramos conocidos”.

“Una vez comenzó el programa (siete días a la semana), uno comienza a prácticamente convivir con esos compañeros, y desde 2001 comenzamos a hacer viajes al exterior (juntos) siguiendo al equipo de baloncesto, y estuvimos ahí hasta hace dos años.  Por ésos 15-16 años, nos veíamos todos los días. Después de los primeros tres años, eramos compañeros de cuarto Elliot y yo.” Sobre su relación con el creador de la frase “Qué buenos es!” no tuvo más que elogios, reconociendo que aun cuando compartían visiones desde el deporte hasta lo socio-político, tuvieron diferencias, que ponían a un lado rápidamente, en pos de su amistad. 

“Nosotros discutimos mucho siempre, teníamos muchos puntos en común pero (también) teníamos muchas diferencias, sin embargo, nuestra convivencia y nuestra relacion era muy positiva.”

Tanto Norman como Elliott, nunca fueron educados en periodismo ni mucho menos. Dávila cursó Ciencias Políticas mientras que Castro era ingeniero industrial. Sin embargo, eso no fue impedimento para que se destacaran como pilares del olimpismo y ese sentir patriótico manifestado a través de la prensa deportiva . 

“Yo creo que no había escuela de periodismo en esa época. Uno estudiaba lo que fuese hasta donde fuese.  Casi todas las personas que escribían venían del deporte de alguna forma, había personas que eran genialidades, literatos que les gustaba el deporte y escribian del deporte. Y en ese grupo estaba Rafael Pont Flores y Emilio Huyke, que eran personas que también escribían de otras cosas y eran personas muy cultas. Todavía hay algo de eso pero, ese prototipo ya no es común. Yo creo que de las personas más preparadas que hay ahora mismo en ese sentido es  Chu García.”

El dúo era parte de la cepa de periodistas y comentaristas borinqueños que no les temblaba la mano, el pulso, ni la voz para señalar asuntos políticos que afectaban al deporte y la cultura, aún cuando eso rebotaba en contra de sus vidas personales.  

Esa tenacidad crítica y el pasar tanto tiempo juntos, permitió que pudiesen identificar las cosas que mejor hacían y que los distinguen de los demás, desarrollando un sentimiento de admiración mutua. 

“Él era uno de lo principales mantenedores, animador. Para mí ésa era su mejor faceta, más que narrar incluso” dijo Dávila refiriéndose a Castro. “Era un animador que contagiaba a la gente con una soltura hablando y una facilidad de palabra, por eso estuvo como mantenedor de todas las últimas Olimpiadas, era una figura  clave, el centro, el eje de la transmisión.”  

Tanto Dávila como Castro lograron mantenerse relevantes en televisión y radio por décadas, aún con los retos enfrentados, –y que enfrenta– el periodismo deportivo. Principalmente el declive en espacio en los periódicos y tiempo en la pantalla chica. A esto se le suma la llegada del internet y las redes sociales, creando un sinnúmero de plataformas -muchas de ellas no bien fundamentadas y basadas en opinión-  que desvían la atención de los medios tradicionales. 

“Yo tuve la suerte que me ofrecieron una oportunidad que yo no esperaba y desarrollé un estilo y una forma de narrar las carreras que tuvo la aceptación general del público y eso me dio la oportunidad de mantenerme en un deporte que es de 12 meses.  Porque aquí, si uno se retira, prácticamente en 2 anos nadie se acuerda de lo que uno hizo y eso pasa, eso es natural” explicó el hípico.  

“El programa de radio que tenemos al mediodía de la descarga para mí ha sido una bendición.Porque primero, me da la oportunidad de decir cosas que no me lo permiten en ningún sitio de los que yo trabajo, de expresarme con total y absoluta libertad. (Además) Me da un desahogo de temas que a veces no son exclusivamente deportivos pero que están relacionados.”

No fue un trabajo fácil sustituir al legendario Pito Rivera Monge, pero con su voz Norman H. Dávila logró dibujar historias en las mentes de los que no lo estaban viendo. Son 47 años, dando buenas noticias a unos y malas nuevas a otros. Crónicas que hacen feliz al que pasa la meta al frente mientras otros escuchan como su dinero se rezaga encima del caballo perdedor. 

Sin títulos, ni apodos, todos sabemos que es una leyenda, porque cuando Norman no narra, la historia no es la misma.   

Con mucho respeto y admiración, en memoria de Elliott Castro Tirado.

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