Opinión / Editorial

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La negligencia que costó muchas vidas

Publicado: martes, 30 de octubre de 2018

Un refrán muy nuestro dice que “en guerra avisada no muere gente”. Pero el huracán María, ejemplo excepcional de la “guerra” avisada de los huracanes a la que siempre estamos expuestos en El Caribe, se encargó de demostrar cuán poco preparados estábamos para un desastre de esa magnitud. No es por falta de planes ni de aviso. Así lo aseguró a CLARIDAD el doctor Ralph Rivera Gutiérrez, principal investigador y director del Centro de Preparación para Desastres de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas. En esta edición publicamos la entrevista con el académico que describe cómo, durante más de una década, el centro que dirige produjo las investigaciones- muchas de estas contratadas por el Departamento de Salud- que permitieron desarrollar los planes y protocolos de preparación para emergencias y desastres. En el 2014, el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) había asignado unos $7 millones en fondos para la realización de las más recientes investigaciones e informes con recomendaciones para el manejo de desastres. 

Dichos planes e informes, actualizados y revisados al 2014, se ofrecieron a más de 60 instituciones hospitalarias, públicas y privadas, así como al Departamento de Salud, Ciencias Forenses, la Administración de Emergencias y Manejo de Desastres y el Centro Médico, y a entidades y organizaciones que ofrecen albergue o servicios directos a los sectores más vulnerables de la población. 

“Un plan es tan efectivo como usted lo aplique”, nos dijo el científico al resaltar la ausencia de interés y seguimiento que se les dio a los mismos por parte del Departamento de Salud y las instituciones concernidas. Incluso en la Legislatura, las recomendaciones de política pública hechas por el Centro de Preparación no encontraron eco. En resumen, se invirtieron millones en investigación, se elaboraron y divulgaron los informes de los investigadores del Recinto de Ciencias Médicas, para que todo ese trabajo quedara engavetado, sin que se lograra movilizar a las agencias e instituciones hacia medidas proactivas para mejorar la infraestructura física de sus facilidades, adoptar nuevas prácticas para desastres, y preparar a su personal en el manejo de contingencias. Tampoco se establecieron programas regulares de simulacros que les hubiesen servido de experiencia y preparación ante la llegada del huracán. 

Un aspecto sobresaliente del relato del doctor Rivera Gutiérrez es cómo el foco de atención del personal de seguridad que participaba en las discusiones sobre posibles desastres se centró en los terremotos, cuando realmente son los huracanes el principal riesgo climático que enfrentamos en Puerto Rico. Entre las principales fallas encontradas por los estudiosos están la falta de preparación del personal, los defectos estructurales y de ubicación de los edificios, la falta de mantenimiento, la insuficiencia de generadores eléctricos, y la falta de capacidad en las morgues de algunos hospitales. Todo esto se le advirtió al Departamento de Salud y a las agencias e instituciones que participaron de los encuentros con el personal del Centro de Preparación. 

Curiosamente, fue la industria turística el único sector al que el Departamento de Salud le dio seguimiento para la implantación de los planes de contingencia. Cabe señalar que en ese sector no se registraron muertes ni situaciones de emergencia graves, como fue la norma en el resto de las instituciones hospitalarias, égidas y demás organizaciones de servicios directos a poblaciones vulnerables. 

Es cierto que anticipar y planificar para desastres no es una tarea agradable. Pero, nuestras autoridades encargadas de dicha tarea tienen que hacerlo porque la realidad del cambio climático es más temeraria que todos los esfuerzos para negar su existencia. Además, porque no hay otra forma de garantizar la mínima seguridad de la población, sino se ponen en vigor los planes de contingencia ante las emergencias y desastres. La experiencia del huracán María nos ha enseñado que es inútil invertir en hacer investigación científica, si luego la misma se va a engavetar, y permitir que sean la improvisación y el caos los que reinen en una situación de emergencia. Con más interés y menos negligencia, probablemente se habrían salvado muchas de las 3,900 vidas que perdimos durante los meses después del huracán. 

Al Departamento de Salud no puede permitírsele abdicar su responsabilidad primaria de velar por la salud del pueblo. Y mucho menos, tolerar que su negligencia en el descargo de dicha responsabilidad quede impune, máxime cuando se perdieron tantas vidas. Toca a dicha agencia y a todo el Gobierno de Puerto Rico- y también a la empresa privada- ser proactivos y diligentes en utilizar los estudios y planes tan cuidadosamente preparados por el Centro de Preparación de la Escuela de Salud Pública, para que el próximo desastre no nos coja con las manos y la voluntad vacías.

 

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claritienda Algo más que rabia