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El deporte contra la barbarie de Israel

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Por Elliott Castro Tirado

Publicado: martes, 22 de julio de 2014

Hace unos días, cuatro niñitos entre nueve y once años fueron asesinados por dos bombazos lanzados desde un barco de guerra de Israel hacia una playa en Palestina en la que no había guerrilleros, ni lanza-cohetes, sino un grupo de Chamaquitos jugando al fútbol.

La indignación internacional fue tal, que el propio Primer Ministro de Israel, Bejamín Netanyahu, hizo algo parecido a pedir excusas. Por su parte, NBC no ha brindado las razones por las que trasladó al periodista que grabó y divulgó el asesinato múltiple y lo sustituyó por un estadounidense que no habla ni entiende árabe.

Es imposible permanecer imparcial ante tantas muestras de “terrorismo de estado”, que incluyen el sadismo bárbaro de sus dirigentes, como el de Ayelet Shaked, diputada del radical partido israelí “Hogar Judío”, quien pidió que deberían matar a todas las mujeres palestinas embarazadas, pues de lo contrario “criarán serpientes más pequeñas”. (Europa Press).

¿Cuál es la diferencia entre esas dos barbaries y los montones de casos de ataques indiscriminados contra civiles, con lo que les hicieron los nazis a sus antepasados?

Israel obstruye el deporte en Palestina

Desde 1995 -con el obvio voto en contra de Israel-, el Comité Olímpico Internacional, COI, dio un paso importante al incorporar al pueblo palestino a su seno, en igualdad de condiciones, deberes y responsabilidades que los restantes pueblos del planeta.

Ese estatus supera incluso el que le brindan las Naciones Unidas, que reconoce a Palestina como una especie de “estado asociado”, aun tras la aprobación en noviembre de 2012 de una histórica resolución con 138 a favor, 9 en contra y 41 abstenciones. Aparte de los votos obvios de Israel y Estados Unidos, llama la atención que el único de América Latina en contra fue el de Panamá.

Mientras el deporte brinda derechos plenos al pueblo palestino, Israel se los limita o se los niega. Por ejemplo, hoy en Palestina no se puede practicar de forma organizada ningún deporte y mucho menos celebrar eventos internacionales, pues para Israel no hay lugares exentos para sus ataques. Si en los últimos días han bombardeado hospitales, escuelas, iglesias, centros de cuido de niños y de bienestar social… obviamente las facilidades deportivas tampoco serían lugares seguros.

Por otro lado, en otra muestra del abuso que mantiene, Israel en ocasiones deniega la entrada o salida al territorio palestino de sus propios ciudadanos, así como atletas y deportistas de otros países.

Ante esa realidad, y en una muestra de solidaridad, la FIFA asumió todos los gastos de preparación del equipo palestino que en el 2011 participó en los partidos clasificatorios para la Copa de Brasil, incluyendo traslados, acuartelamiento y entrenamiento, así como el equipamiento de atletas y técnicos. Luego de haber vencido a Afganistán en primera ronda, Palestina vio tronchado su sueño mundialista cuando cayó ante Tailandia 3-2 (1-0 y 2-2).

No es suficiente lo que se ha hecho

El momento exige asumir posiciones firmes y tomar acciones de mayor envergadura por parte de la comunidad deportiva internacional, comenzando por el COI y sus federaciones adscritas. No basta ayudar a Palestina, hay que presionar a Israel.

No es suficiente brindar al pueblo palestino reconocimiento pleno en el deporte mundial. Tampoco basta con ayudar a sus atletas para que se preparen lo mejor posible y puedan participar en eventos internacionales. Eso no detiene a Israel en su política de exterminio y destierro del pueblo palestino, como tampoco lo hará ante resoluciones de “preocupación” y ni siquiera las de “condena”. Mucho menos responderá a los reclamos genéricos de paz, ni a los que pretenden repartir culpas por partes iguales, condenando la violencia “de donde venga”.

Esto no es una cuestión de preferencias políticas o ideológicas, por lo que en este caso no aplican los reclamos de separación “del deporte y la política”. Tiene que ser en respuesta de los elementos más primarios de humanismo y repugnancia ante el abuso.

El deporte ayudó a acabar el “apartheid”

Hay precedentes de acciones del deporte internacional organizado en contra de la injusticia y con resultados positivos. Uno de ellos fue el estricto boicot impuesto por el COI y todas sus federaciones afiliadas contra África del Sur a todas las pruebas internacionales, mientras mantuviera la política oficial de limitar los derechos y accesos de sus ciudadanos, dependiendo al color de su piel, conocida como “apartheid”.

Por eso, África del Sur estuvo fuera de los Juegos Olímpicos celebrados entre 1964 y 88. Su reingreso a la familia olímpica se produjo en 1992, mientras se daban pasos acelerados para el desmantelamiento del sistema de discriminación racial en ese país. La presión también se extendió, con bastante éxito al deporte profesional y no-olímpico, como el boxeo, tenis, golf y rugby.

No estoy alegando que el boicot deportivo acabó con el “apartheid”, pero los propios luchadores surafricanos reconocieron su importancia.

Nadie cuestiona que la lucha por la supervivencia del pueblo palestino hoy luce cuesta arriba, al combinarse el enorme poderío militar y la prepotencia israelí con el apoyo sostenido que le brinda Estados Unidos, aunque contradiga todo su discurso de derechos humanos. Sin embargo, debemos recordar que durante años, Estados Unidos e Inglaterra, no sólo respaldaban al gobierno racista de África del Sur, sino que declararon a Nelson Mandela y a sus compañeros de lucha “terroristas” y al final ambos gobiernos tuvieron que ceder ante la avalancha de apoyo mundial, incluyendo al interior de sus propias naciones.

“Yo no intercambio mi camiseta con asesinos”

Ya se han producido acciones espontáneas de deportistas, como la de los componentes del equipo de Argelia, que decidieron donar “a los niños de Palestina” los $9 millones que le correspondían por su actuación en la Copa Mundial de Brasil.

Anteriormente, el extraordinario futbolista portugués Cristiano Ronaldo entregó artículos y premios personales, como la Bota de Oro, que ganó por sus actuaciones durante el 2011, para que fueran subastados y lo que se recaudara se destinara para “los niños de Palestina”. Posteriormente, donó casi dos millones de dólares de su bolsillo para la reconstrucción de escuelas en la Franja de Gaza.

“Yo no intercambio mi camiseta con asesinos”, fue la explicación que dio Ronaldo para haber rechazado la solicitud del capitán del equipo de Israel, tras un encuentro entre sus países, buscando la clasificación para la Copa de Brasil. También rehusó siquiera aceptar una camisa de Israel, que le ofreció otro jugador de forma incondicional, explicando que “no me pondría la camiseta con la bandera de un estado que bombardea y asesina a niños inocentes”.

Como optimista de vida que soy, confío en que más temprano que tarde, se iniciarán las gestiones del deporte internacional, que se unirá a otros sectores, para presionar a Israel a detener el “terrorismo de estado” que practica contra el pueblo palestino.

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