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33 en 33 por Oscar López Rivera: Un recuerdo personal de la Caminata

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Por Juan Camacho

Publicado: martes, 22 de julio de 2014

Todo evento exitoso, como éste, no es otra cosa que la expresión de personas. De esa manera, más allá de los objetivos y propósitos del colectivo, recordamos acciones y actitudes particulares de esas personas, las cuales hacen distinto e inolvidable el evento.

La Caminata no fue la excepción a este premisa, porque fue un compartir de personas, diario, por más de un mes, muchas de las cuales no nos conocíamos entre sí. Pero, sin embargo, nos unía un propósito común y de conciencia. Supimos superar los obstáculos naturales de este proceso y supimos dejar una huella distintiva en el mismo. Por eso nos recordamos.

Recordamos la insistente tarea de Carlos López todas las madrugadas de revisar, limpiar y dejar lista la guagua para la caminata del día. Recordamos su particular interés en el cumplimiento cabal de la ruta establecida día por día. En algunas ocasiones, donde no se cubrió la ruta por la intensa lluvia, la ruta se completaba, de manera íntegra, al día siguiente. Lo recordamos demostrando su liderato en todo el proceso.

Recordamos a Félix Adorno caminando, más que en una ruta lineal, yendo y viniendo de la cabeza a la cola de la caminata, tomando las fotos que les daría continuidad y una forma de participación a los ausentes. Haciendo un chiste aquí y deseando una dona azucarada allá, pero siempre cumpliendo su función de líder y organizador.

Recordamos a Carlos Alicea, Melchor Irrizary, Mario Cruz, Irma Iranzo, Cándido Castro, José Cuadrado, doblando los opúsculos en las noches para luego distribuirlos en la ruta durante el día. Los recuerdo dándose sobos con sábila y otros mejunjes para estar listos para la tarea del otro día.

Recordamos a Carlos Alicea salirse de la ruta para llevar opúsculos a una residencia a más de mil metros de retirada de la carretera, pero que tenía personas en su balcón en actitud receptiva. Y lo vimos subir las escaleras de Porta Coeli a llevarle otros a un grupo de personas. Y aunque no lo crean, lo vimos repartir opúsculos a un automovilista y a un peatón, a la vez que éstos realizaban una rápida transacción de drogas. Recordamos que en un momento imploró por unas costillas asadas o fritas, pero me comprometí a resolver ese deseo.

Recordamos la alegría de este equipo al llegar a una estación de buzones comunales, donde colocarían un opúsculo en cada buzón, como si fuera una carta personal de Oscar al ciudadano.

Recordamos a la compañera Irma distribuir opúsculos, de forma insistente, a automovilistas en pleno movimiento y en ocasiones obligándolos a disminuir la velocidad y a que bajaran su cristal para recoger el documento.

Recordamos a José Cuadrado detenerse a hablar con un ciudadano durante minutos y luego alcanzar la caminata sin ningún esfuerzo. Lo recordamos recogiendo botellas y plásticos para depositarlos en el primer zafacón disponible. Y claro está, lo recordamos porque ya a las cinco de la mañana nos tenía café y tenía listo su desayuno-almuerzo de viandas con aceite de oliva. Su planta de sábila era su fiel acompañante.

Recordamos con mucho amor y nostalgia a los caminantes que usaban bastones o cayados para apoyarse o como distintivo especial del evento. Jorge y Bruni con dos elegantes bastones, los cuales un día dejaron olvidados en un lugar y Ruly y los amigos de Humacao los encontraron. Y el cayado tipo palo de escoba de Rosa y el cayado de Amneris, el cual casi no cabía en la guagua de su esposo Eric.

Así también, recordamos a la siempre presente delegación de compañeros y compañeras de la comunidad Mariana de Humacao, encabezada por Ruly.

Recordamos a Cándido, quien un día dijo voy a hacer esa caminata, se despidió de sus amigos del dominó en Naguabo y se apuntó, cumpliendo hasta el último día de la ruta. Desde las cinco de la mañana Cándido nos anunciaba el resultado de los partidos de grandes ligas y gozaba cuando los Yankees perdían, claro está para estrujarle la derrota en la cara a Carlos Alicea. En las tardes lo recordamos buscando, desesperadamente, un lugar para jugar la loto o lo que fuera.

Recordamos a Melchor, ágil y dinámico en la ruta. Con su paño amarrado a la cabeza pareciendo más un árabe o palestino que un jayuyano. Evocando siempre a sus nietas, sus tres picachos y su cultura jayuyana.

A Mario, quien no solamente condujo la guagua la mayor parte del tiempo, sino que también caminó, desde su particular vehículo, sin amilanarse nunca, como cualquier hijo de vecino, por las más altas y difíciles pendientes de la ruta.

Recordamos a todo el equipo de apoyo de la Caminata. Al compañero Tuto Villanueva, quien nos sorprendió en las lides del caminar. Ruta que comenzaba, ruta que terminaba sin detenerse.

A María, Aidita y otras compañeras, quienes hacían presencia en algunos pueblos con las mesas de venta e información del Comité Pro Derechos Humanos.

A la compañera Rita Zengotita. A Angélica Acosta. A todos los organizadores por pueblos.

A los alcaldes de los 33 pueblos que nos ofrecieron ayuda y apoyo en este proyecto.

 Y recordamos a todos los hombres y mujeres que aunque no mencionemos su nombre aquí, de alguna forma pusieron un granito de arena, ya fuera caminando o en apoyo, para que este evento se realizara de manera exitosa.

Y por último, me recuerdo a mí, privilegiado por haber tenido la oportunidad de compartir con personas tan exquisitas y tan comprometidas.

* El siguiente texto fue leído en una actividad de confraternización el sábado 12 de julio en Naranjito entre los participantes de toda la ruta de la caminata 33 en 33 por Oscar López Rivera, los comités de apoyo de los pueblos, el Comité Pro Derechos Humanos y otros colaboradores. La actividad fue iniciativa de los gestores de la caminata Carlos López y Félix Adorno.

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