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Publicado: martes, 29 de mayo de 2018

Por Andrés Méndez/Especial para CLARIDAD

 

Por conciencia debo insistir en abordar el tema de La Ley Ochenta. En días anteriores escribí sobre el tema pero al parecer nadie leyó o entendió el mensaje o no quiso comprometerse en opinar al respecto. La ley 80 fue resultado de un acuerdo o punto medio entre patronos y obreros para regular los despidos. Comento por experiencia de haber tenido a cargo un taller por varios años en las década del 80 y la primera mitad de los 90. La ley establece requisitos tanto al trabajador para mantener su empleo, como al patrono en llevar un expediente donde muestre haber cumplido con medidas de disciplina progresivas. Un trabajador que reiteradamente violara las normas del empleo se exponía al despido y ser penalizado al momento de recibir beneficios por desempleo. El patrón que no pudiera probar con un expediente la razón para el despido debía pagar una mesada y hasta restituir al empleado a su puesto de trabajo. Ello en parte evitaba los pleitos o demandas en tribunales, que en si son un proceso costoso y lento; que aunque pueda resultar triunfante la parte perjudicada puede tardar años en dilucidarse. 

Hay otras leyes que protegen al obrero en contra del discriminen, pero en las mismas el peso de probar el caso recae sobre el trabajador; el que por lo general carece de recursos. 

Con la propuesta de eliminar la Ley Ochenta pueden ocurrir las situaciones reales que describo a continuación donde sin tener que dar explicaciones el patrono puede despedir al trabajador:

1. La eventualidad que en un momento el gerente o supervisor sienta que alguien reta su autoridad por mirarle de mala forma, no contestar como esperaba o cuestionar explícitamente de las ordenes.

2. Aquel trabajador que por razones familiares o religiosas no pueda trabajar horas extras o los fines de semana.

3. Aquellas situaciones que sin llegar al extremo del acoso sexual; el empleado o empleada no esta dispuesto a reír las gracias al supervisor. Alguien olvida la ocasión cuando un gerente le comento con sorna a una empleada si tenia frío por se le notaran los pezones.

4. El trabajador que en ocasiones se ausenta, llega tarde o sale temprano mas allá de los demás por atender a sus progenitores ancianos, a reuniones escolares, la enfermedad de un hijo o algún asunto legal propio o de sus familiares.

5. El trabajador que muestra algún liderato y por rumores el patrono conoce que promueve la organización sindical.

6. El que difiera de sus ideas religiosas, creencias política o muestre una orientación sexual diferente a la norma.

7. El que lleve muchos años en el taller y con el paso de los años haya obtenido incrementos de sueldo o beneficios marginales y que puede ser sustituido con otra persona con similar capacidad a un menor salario.

8. Aquel que enfermo o se accidentó en el trabajo teniendo que acudir al Fondo del Seguro del Estado ( Worksman Compensation) que aunque se le guardo el trabajo por el tiempo que se estipula en esa ley tras varios meses de reincorporarse se le despide.

9. El trabajador de un patrono sucesor, es decir una empresa que adquirió un negocio existente que hará revisión a toda la plantilla de trabajadores con criterios no especificados y sin tener que dar explicaciones podrá prescindir o sustituir a los que consideré feos, viejos o problemáticos.

10. Estará el trabajador de ventas sujeto a que luego de haber desarrollado una clientela que le produce ganancias a la empresa pueda ser sustituido sin ninguna razón para darle el trabajo a algún pariente del dueño del negocio. Tras haber hecho el trabajo arduo otro cosechara los frutos de tu esfuerzo. 

En resumen con la eliminación de la Ley Ochenta volvemos a la época de las cavernas, donde sólo prevalecerá el más fuerte, la ley o capricho del patrón.  Sé que la mayoría de los que leen son de mi generación y están jubilados por lo que poco le afecta directamente estos cambios de ley; al igual que los que sobreviven de las ayudas y subsidios gubernamentales. Sé y concuerdo que cada generación debe hacer su propia lucha y por mas que queramos no podemos sustituirlos. Pero al aceptar pasivos esta medida impositiva de la Junta Colonial en contubernio con el gobernante de turno, de la cual ningún economista serio ha justificado que mejorara un ápice las finanzas del país, estaremos condenando a nuestros hijos, sobrinos, vecinos en edad productiva y nietos a la esclavitud moderna. 

Piensa, medita, recuerda de cuando eras un trabajador, un obrero; de las veces que el patrono llegó al taller, la oficina o la tienda malhumorado, sin que nadie pudiera beberle el caldo. El que de no existir la Ley Ochenta como un dios del Olimpo te hubiera eliminado con un rayo; despedido sin tener que explicarlo. 

Te pido y solicito que no te limites a leer lo que escribo. Te exhorto que converse sobre el tema con tus personas cercanas y significativas sea en la familia, la comunidad o la iglesia. No te quedes callado. No te convoco a piquetes o marchas. Solo espero que al menos manifiestes en llamada telefónica o carta tu sentir sobre el tema a tu representante de precinto o senador de de distrito.

Es mucho lo que esta en juego para sacrificar por treinta monedas falsas.

 

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