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Manrique Cabrera: A 40 años de su muerte

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Por Luz Nereida Pérez

Publicado: miércoles, 13 de junio de 2018

El 15 de junio de 1978 muere en San Juan, Puerto Rico el poeta, periodista, profesor universitario y patriota Francisco Manrique Cabrera, dejando toda una obra literaria y periodística, y una Fundación que se encarga de difundir y preservar su obra y la de su esposa Josefina Freiría Vidal, y de respaldar proyectos que desarrollen la nacionalidad puertorriqueña.

Manrique Cabrera nació en el barrio Dajaos de Bayamón un 25 de diciembre de 1908 y tuvo, como bien afirma en un artículo periodístico, una “niñez de campo adentro y luego arrabalera” (“Fin por fin”, Coscorrones). Estudió en escuelas de Naranjito y de su natal Bayamón y para 1929 recibe el grado de Normal en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, donde posteriormente obtiene un Bachillerato en Artes en Educación (1931). Alcanza su grado de Doctor en Filosofía y Letras (1934) de la Universidad Central de Madrid, a donde se trasladó gracias a una beca. Su disertación doctoral se tituló El negro en la literatura española y en ella abarca desde la historia literaria del tema hasta los bailes y cantos, y la fonética y morfología del habla negra en España.

Su libro Historia de la literatura puertorriqueña (1956) ha sido texto en los cursos de esta materia que tomamos con Manrique quienes hemos tenido el privilegio de haber sido sus alumnos y de quien recibimos no solo los conocimientos esenciales sobre nuestra literatura, sino también un alto sentido del valor de la Patria y una inequívoca conciencia de nacionalidad. 

Francisco Manrique Cabrera instituyó el primer curso graduado sobre Eugenio María de Hostos (1957) e inició en la década del 1940 la conmemoración anual del natalicio, que aún se realiza frente al busto en bronce de Hostos en los predios del campus riopedrense de la Universidad de Puerto Rico. Fue también organizador de la asociación de profesores universitarios conocida como APPU (1961), cofundador del Movimiento Pro Independencia (MPI) y su director general por una década. También se le honró con el título de Profesor Emeritus de la Universidad de Puerto Rico en 1974.

Durante la segunda mitad de la década de 1970, Manrique Cabrera publicó en el semanario Claridad su columna de opinión titulada Coscorrones, vocablo que alude a un golpe en la cabeza dado con los nudillos. Con estos espacios periodísticos de Manrique, ocurre lo que con los famosos Paliques del jayuyano Nemesio Canales: sus comentarios y situaciones, en la mayoría de los casos, son tan vigentes para los lectores de entonces como para los de hoy. 

El libro que acopia la producción de sus Coscorrones hace su apertura precisamente con una columna dedicada a este Semanario a la que titula “Saludo en claro a Claridad” en la que nos recuerda las agresiones con vehículos a los vendedores de este periódico como también los bombazos a los locales donde se produce una publicación que cualifica –y siempre lo ha sido– como un “chorro de voz liberadora”. En “Desde la mística a la brega”, alude al tan mentado verbo ‘bregar’ que, según Manrique, fue puesto en boga por unas palabras de Luis Muñoz Marín ante periodistas. 

En “El secreto” se luce con el juego de palabras –muy frecuente en este quehacer periodístico manrriqueño–: “Y en llegando a Claridad ni el manco Maneco con sus embelecos detiene el tostón de la represión”, donde también se escapa el poeta Manrique Cabrera con esta enunciación tan rimada. El juego con los vocablos, al igual que la aliteración, se aprecian igualmente en “alude al Presupuesto mal puesto o descompuesto con novísimos impuestos peripuestos”, para al final de la columna proponer que se requiera tributar por todo “discurso o sermón que provoque cinco o más bostezos por minuto cúbico” y a cualquier persona que tenga el atrevimiento de manifestar en público que “todo va bien”.

¿Quiere usted, lector o lectora, mayor vigencia que lo que afirma en “De las inundaciones”, escrito con motivo de la tormenta Eloísa? Allí ataca la mala planificación en este país nuestro donde se dan construcciones en zonas inundables, donde se permiten los nombres en inglés para las urbanizaciones y donde se tolera con la paciencia de Job la ineficiencia de las aseguradoras: “en razón de trucos técnicos, ciertos contratos con aseguradores no tendrán la más leve reparación económica de todo lo perdido”. Cierra Manrique con una aseveración que es una foto precisa de lo que hoy vivimos post María: “Mucho me temo que si en lugar de las lluvias que trajo Doña Loa, se hubiese zafado sobre nosotros un pichón de huracán, gorda la estaríamos pasando”.

En “Fin con fin” alude a la muerte de Francisco Franco en España y cierra con la de Manuel Jiménez “Canario” en Puerto Rico –hechos indiscutiblemente contrastantes por las personas de quienes se trata–. En “San Guiven” destaca lo desabrido del sabor de la carne del pavo y lo foráneo de tal costumbre para el paladar boricua: “yo llevaría un buen surtido de estos nuevos devotos de San Guiven con su pavo en la mano y los sometería como argumento decisivo para probar ante la ONU el genocidio moral que aquí el imperialismo realiza sin cuartel y a manos llenas”.

No olvida Manrique, en más de una ocasión, denunciar el horroroso, y aún impune, asesinato de Chagui Mari Pesquera (“Es como si lo monstruoso se convirtiera en animal doméstico.”) El libro Coscorrones cierra con la columna de título “Patria negra” inspirada por unos comentarios estudiantiles en torno al triunfo, para ese entonces, de la candidata de Trinidad al concurso de Miss Universo para concluir subrayando nuestros divisionismos como pueblo con las siguientes preguntas: “¿A quién beneficia hoc hora cualquier tipo de actividad divisionista? ¿A quién?”

Los Coscorrones de Francisco Manrique Cabrera fueron escritos con extraordinario humor y en un lenguaje sencillo y coloquial poblado de voces, frases hechas y refranes boricuas que apelan a todo tipo de lector. En estos días, la Real Academia Española de la Lengua prepara un acopio de frases hechas propias de los diversos países de habla hispana. Para recoger las nuestras, estos Coscorrones serían una buena fuente: “se acabó el pan de piquito”, “el año de las guácaras”, “quien tiene dinga tiene mandinga”…

En el plano poético, nos dejó Rumbo en flor (su primer libro), Poemas de mi tierra tierra, Remo y reto, Alba y nana, Huellas y Elegías, los que dan mucho fruto para escribir otro artículo en el futuro. Para muestra un botón (del primer poema que conocí de Francisco Manrique Cabrera y que en el acto me cautivó): “Si os dijeran güiro / quitaos las sandalias del alma / que pisáis tierra santa.” Ante la obra patriótica, periodística, literaria y filantrópica de Francisco Manrique Cabrera, definitivamente hay que quitarse las sandalias.

 

La autora es miembro de la Junta de Directores de la Fundación Francisco Manrique Cabrera

 

 

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