Opinión / Editorial

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Estados Unidos frente a todos, mientras la colonia mira

Publicado: miércoles, 13 de junio de 2018

Desde 1945, al finalizar la Segunda Gran Guerra, Estados Unidos se proclamó el líder del universo. Hasta 1989, mientras existió la Unión Soviética, a su mundo le añadían el vocablo “libre” y se auto festejaban como garantes de un sistema mundial donde perduraba la libertad de empresa y de intercambio. Hoy, siete décadas después de aquellas proclamas, el otrora líder se convierte en enemigo de todos y la emprende hasta contra los que fueron sus socios en aquel mundo de “libertad”. El presidente de ese país, que antes se rodeaba de sus pares y sus acólitos, abandona en soledad las reuniones dando portazos. 

Lo que sucedió en la última reunión del llamado Grupo de los 7 –que fue G 8 hasta que recientemente decidieron excluir a Rusia tras el conflicto en Ucrania– resume en la imagen del portazo cómo está cambiando el papel de Estados Unidos en el planeta desde que Donald Trump llegó a la presidencia de ese país. Aislado hasta el extremo de verse convertido en minoría de uno dentro del grupo, el presidente estadounidense abandonó el cónclave en medio de un arrebato de cólera y luego, en sus acostumbrados tuits, procedió a insultar al primer ministro canadiense Justin Trudeau, anfitrión del encuentro. Según la líder alemana Ángela Merkel la experiencia fue “un poco deprimente”. 

La reunión había comenzado en un ambiente de tensión luego de que la administración de Trump anunciara la imposición de severas tarifas de importación contra productos de los que habían sido hasta ahora los principales socios comerciales de Estados Unidos. Los vecinos inmediatos, Canadá y México, junto a toda la Unión  Europea – ex socios de la anterior hermandad del “mundo libre”- además de China, quedaron impactados por los nuevos impuestos aduaneros. Todos ellos se apresuraron a anunciar que responderían con la misma moneda, imponiendo nuevas tarifas a las importaciones provenientes de Estados Unidos. Con la acción de Trump ha comenzado una guerra comercial de viejo cuño que las entidades que nacieron en la segunda mitad del siglo XX, como la Organización Mundial de Comercio, habían pretendido dejar atrás. 

Muchos tenían la ilusión de que la reunión del G 7 en Canadá, celebrada en un ambiente relajado, permitiera bajar tensiones y reducir las confrontaciones. Pero la actitud de perro rabioso de Trump no dio margen a ninguna posibilidad de encuentro. Allí quedó claro que Estados Unidos se ha quedado solo y que hasta los “buenos vecinos”, Canadá y México, han sido colocados en el campo enemigo. 

Quienes antes miraban con sorna el infantilismo de los grupos de extrema derecha de Estados Unidos deben reconocer que aquellas políticas absurdas son ahora el centro del discurso oficial. Según la narrativa de estos grupos, la ONU es enemiga de su país y está integrada por países que succionan la riqueza y se aprovechan de su “gran América”. La Unión Europea también está integrada por aprovechados que mejoran sus economías a costa de Estados Unidos que, para colmo, invierte grandes sumas de dinero en su defensa. Esa narrativa, en la que Estados Unidos es “víctima” de amigos y vecinos aprovechados, dejó de estar en la periferia del debate político convirtiéndose en el nuevo dogma.

Los líderes del capitalismo mundial, entre los cuales los estadounidenses siguen siendo la mayoría, deben estar asombrados. Ellos saben muy bien, que la avalancha de productos manufactureros que llega a Estados Unidos desde el resto del mundo está en buena medida financiado con su capital y producido por empresas de ese país. Saben también que las ganancias de ese gran tráfico comercial, se mercadea luego desde Wall Street, convirtiéndose en el capital financiero que hace crecer la economía de Estados Unidos y de sus socios. Ese intercambio comercial que Trump pretende torpedear es la base del capitalismo mundial del cual Estados Unidos es el principal beneficiado. Es lógico suponer que la oligarquía empresarial esté ahora mismo nerviosa ante las acciones de Trump. Si algo les preocupa a los capitalistas es que se revuelque el ambiente sereno donde sus ganancias crecen, por lo que ahora mismo deben estar pensando en las maneras de detener al energúmeno de la Casa Blanca.

Mientras Trump se aísla de sus amigos de siempre, lo único que le queda es mirar hacia el antiguo “enemigo” de su país, Rusia, a la que le debe favores importantes de tipo eleccionario. Pero difícilmente Vladimir Putin pueda ser el socio que necesita porque los intereses rusos son otros y porque la investigación criminal que  conduce el fiscal especial Robert Muller en torno a la llamada “trama rusa” se acerca cada vez más al propio Trump. Aliarse con Putin en esas circunstancias no sería una buena idea.

En cuanto a la principal colonia de Estados Unidos, Puerto Rico, donde la importación de productos manufactureros es la norma, ya se están sintiendo los efectos de las nuevas políticas estadounidenses. El primer cantazo lo sufrió el vital esfuerzo que se realiza para reconstruir las decenas de miles de estructuras parcial o totalmente destruidas por el huracán María. Buena parte de los materiales necesarios para ese esfuerzo son importados y el aumento en precio de los mismos ha sido grande y lo será aún más en los próximos meses. Frente a ese cuadro la colonia puertorriqueña está, como siempre, indefensa porque carece de poderes para llegar a acuerdos comerciales que le beneficien.

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