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Selección de Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci 2

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Publicado: miércoles, 5 de julio de 2017

3.

Ustica, 9 de diciembre de 1926

Queridísima Tatiana,1

Llegué a Ustica el 7 y el día 8 he recibido tu carta del 3. Te describiré en otras cartas todas las impresiones de mi viaje, al paso que los recuerdos y las emociones diversas se vayan organizando en el cerebro y que me haya repuesto de las fatigas y de los insomnios. Además de las condiciones especiales en que ello se llevó a cabo (como puedes comprender no es muy cómodo, incluso para un hombre robusto, viajar horas y horas en tren acelerado y barco de vapor con fierros en las muñecas y estando atado a cadena que te une a las muñecas de los vecinos de viaje), el viaje ha sido interesantísimo y rico por diferentes motivos, desde shakesperianos hasta absurdos: no sé si podré lograr, por ejemplo, reconstruir una escena nocturna en el tránsito por Nápoles, en un cuarto inmenso, riquísimo de ejemplares zoológicos fantasmagóricos; creo que sólo la escena del sepulturero en Hamlet puede igualarla. El peso más difícil del viaje ha sido el tramo de Palermo a Ustica: hemos intentado cuatro veces el viaje y en tres de ellas hemos debido regresarnos al puerto de Palermo, porque la embarcación no resistía la tempestad. No obstante, ¿sabes que he engordado en este mes? Yo mismo estoy estupefacto de sentirme así de bien y de tener tanta hambre: pienso que dentro de 15 días, luego de que repose y duerma lo suficiente, estaré completamente liberado de toda huella de migraña e iniciaré un periodo muy nuevo de mi existencia molecular.

Mi impresión de Ustica es óptima desde todo punto de vista. La isla es grande, 8 kilómetros cuadrados, y tiene una población de cerca de 1,300 habitantes, de los cuales 600 son reos comunes, es decir, criminales muchas veces reincidentes. La población es muy cortés: somos tratados por todos con gran decencia. Estamos totalmente separados de los reos comunes, cuya vida no sabría describirte en pocas líneas: ¿recuerdas el cuento corto de Kipling titulado “The Strange Ride of Morrowbie Jukes” en el volumen al francés, L’uomo che volle farsi re? Me ha llegado de golpe a la memoria de tanto sentir que lo vivía. Hasta ahora somos 15 amigos, entre los cuales he tenido mucho placer de encontrarme al esposo de Ortensia.2 Nuestra vida es tranquilísima: nos ocupamos de explorar la isla, que permite dar paseos bastante largos, de cerca de 9 a 10 kilómetros, con paisajes muy amenos y vistas marinas, de amaneceres y anocheceres maravillosos: cada dos días viene la embarcación que nos trae noticias, periódicos y amigos nuevos. Todavía no estamos todos acomodados: dormí dos noches en un cuarto común con los otros amigos; hoy me encuentro ya en un cuartito de pensión y tal vez mañana o pasado mañana me iré a mudar a una casita que están acondicionando para nosotros. Ustica es mucho más bonita de lo que aparenta en las postales ilustradas que voy a enviar: es un pueblito de tipo sarraceno, pintoresco y lleno de color. No puedes imaginar cuán contento estoy de pasear de una esquina a otra del pueblo y de la isla, y de respirar el aire del mar luego de este mes de tránsito de una cárcel a otra, pero especialmente luego de los 16 días en Regina Coeli pasados en el más absoluto aislamiento. Pienso convertirme en el campeón de Ustica en el lanzamiento de rocas a distancia, porque ya he aplastado a todos los amigos.

Te escribo un poco de forma irregular, así como me viene, porque estoy todavía un poco cansado. Queridísima Tatiana, no puedes imaginarte mi emoción cuando en Regina Coeli vi tu caligrafía sobre el primer envase de café recibido y leí el nombre de Marietta; literalmente volvía a transformarme en un niño. Ves, en este tiempo, sabiendo con certeza que mis cartas serían leídas según las disposiciones carcelarias, me ha nacido una especie de pudor: no oso escribir en torno a ciertos sentimientos y busco atemperarlos para adecuarme a la situación, me parece de hacer como el sacristán. Por eso me limitaré a escribirte algunas noticias sobre mi estadía a R.C. con relación a cuanto tú me preguntes. He recibido el abrigo de lana que me ha sido extremadamente útil, y así también los calcetines, etcétera. Hubiera sufrido mucho frío sin eso porque partí con el abrigo liviano y a menudo, inmediatamente en la mañana, cuando intentamos la travesía entre Palermo y Ustica hace un frío perro. Recibí los platitos que me han fastidiado el haber dejado en Roma, porque debí meter toda mi maleta en el forro (que me ha provisto servicios inestimables) y estaba seguro que se romperían. No he recibido el cirio, ni el chocolate, ni el pan de España que estaba prohibido: los vi señalados en la lista, pero con la advertencia de que no podían pasar; así que no he tenido la tacita para el café pero me la he provisto yo construyéndome un servicio de media docena de cáscaras de huevo montadas de forma óptima sobre una base de migajas de pan. He visto que te has impresionado porque los desayunos estaban casi siempre fríos: nada malo, porque siempre he comido, después de los primeros días, al menos el doble de lo que comía afuera y nunca he sentido el más mínimo malestar, mientras que he sabido que todos mis amigos han tenido malestares y han abusado de los purgantes. Voy convenciéndome de ser más fuerte de lo que jamás hubiese creído porque, a diferencia de todos, me las he arreglado con el simple cansancio. Te aseguro que, con la excepción de poquísimas horas de miedo una noche que cortaron las luces de nuestras celdas, he estado siempre contentísimo; el espíritu que me lleva a tomar el lado cómico y caricaturesco de todas las escenas estaba siempre activo en mí y me ha mantenido sin preocupaciones no obstante todo. He leído siempre, o casi siempre, revistas ilustradas y periódicos deportivos y me estaba haciendo una biblioteca. Aquí he establecido el siguiente plan: 1º estar bien para siempre estar mejor de salud; 2º estudiar la lengua alemana y rusa con método y continuidad; 3º estudiar economía e historia. Entre nosotros haremos los ejercicios racionales, etcétera, etcétera.

Queridísima Tatiana, si no te había escrito todavía, no debes creer que te haya olvidado ni tan siquiera por un minuto y no haya pensado en ti; tu expresión es exacta, porque cada cosa que recibía y en las cuales veía las improntas de tus manos era más que un saludo, era también una caricia afectuosa. Habría querido tener la dirección de Marietta; quizás quisiera escribirle también a Nilde: ¿qué te parece? ¿Se recordará de mí y le agradarán mis saludos? Escribir y recibir cartas se ha convertido para mí en uno de los momentos más intensos de la vida.

Es necesario que en estos primeros días, hasta la sistematización culminada, te de los encargos de trabajo. Quisiera tener un bolso de viaje que sea, sin embargo, más seguro con cerradura o candado: es mejor que cualquier maleta o caja, suponiendo que no puede descartarse aue haya más traslados en las islas o a tierra firme. Así, tendría necesidad de todas las pequeñas cosas, como la navaja de seguridad con sus hojas de afeitar cambiables, el cortaúñas, la lima, etc., etc. que siempre sirven y que están a la venta; quisiera algún pote de aspirinas por si acaso los fuertísimos vientos me den molestias en los dientes. Por la ropa, el abrigo y la ropa interior restante creo que está bien. Si puedes, envíame de inmediato, la gramática alemana y una gramática rusa; el diccionario alemán-italiano e italiano-alemán y algún libro (Max und Moritz y la historia de la literatura italiana de Vossler, si logras encontrarla entre los libros). Mándame aquel volumen grande de artículos y estudios sobre el risorgimento italiano que creo que se titula Storia política del secolo XIX y un libro titulado: R. Ciasca, La formazione del programa dell’ unità nazionale, o algo pareceido. De todos modos, mira tú misma y decides según tu juicio. Escríbele tú a Giulia por esta vez: no logro vencer el sentido de pudor del que te he hablado previamente: estoy feliz de saber las buenas noticias sobre Delio y Giuliano; espero las fotografías. La dirección que usaste es correcta, como has visto: aquí el correo funciona de manera simple, porque yo voy a la ventanilla a preguntar y en Ustica existe un solo edificio postal. En torno a los telegramas enviados, sabía con casi certeza que aquel de Roma anunciando mi partida llegaría tardísimo, pero quería hacer saber la noticia y no excluía que pudiese ser útil para un encuentro en el caso de que el destinatario hubiese sabido que era posible venir hasta las once de la noche. De los cinco que nos fuimos, sólo Molinelli, que ha viajado siempre conmigo, ha recibido la visita de la esposa justo a las once: los otros nada.

Queridísima Tatiana, te he escrito con un poco de confusión. Creo que hoy, 10, el barco no podrá venir porque hubo toda la noche un viento violentísimo, que no me ha dejado dormir, no obstante lo blando de la cama y las almohadas a las que me había desacostumbrado; es un viento que penetra todas las rendijas del balcón, de las ventanas y de las puertas con silbidos y sonidos de trompetilla muy pintorescos, algo irritantes. Escríbele a Giulia y dile que estoy realmente bien, bajo todo punto de vista y que mi permanencia aquí, que por lo demás no creo que sea tan larga como la orden determinó, me sacará del cuerpo todos los viejos achaques: quizás un largo periodo de reposo absoluto era precisamente una necesidad para mí.

Te abrazo tiernamente, queridísima, porque abrazo contigo a todos mis queridos.

Antonio

 

Si a Nilde le dan gusto mis saludos, mándame su dirección. 

 

4.

Ustica, 11 de diciembre de 1926

 

Queridísimo amigo,3

Llegué a Ustica el 7 de diciembre, después de un viaje algo incómodo (como podrás comprender), pero muy interesante. Estoy en óptimas condiciones de salud. Ustica será para mí una estadía bastante placentera desde el punto de vista de la existencia animal, porque el clima es óptimo y puedo pasear saludablemente: por las comodidades generales, tú sabes que no tengo muchas pretensiones y puedo vivir con poquísimo. Me preocupa un poco el problema del aburrimiento, que no podrá resolverse únicamente por los paseos y por el contacto con los amigos: somos hasta ahora 14 amigos, entre los cuales se encuentra Bordiga. Acudo a ti para que me hagas la cortesía de enviarme algún libro. Desearía tener un buen tratado de economía o de finanzas para estudiar: algún libro fundamental, que podrás escoger a tu juicio. Cuando te sea posible mándame algún libro y alguna revista de cultura general que creas interesante para mí. Queridísimo amigo, tú conoces mis condiciones familiares y sabes cuán difícil es para mí recibir libros a menos que no sea de parte de algún amigo personal: ten por seguro que no habría osado darte tal fastidio, si no fuese obligado por la necesidad de resolver este problema de embrutecimiento intelectual que me preocupa de forma particular.

Te abrazo afectuosamente,

A. Gramsci

Mi dirección: A. G. – Ustica (prov. di Palermo).

 

NOTAS

1 Tatiana, cuñada de Gramsci, será uno de los interlocutores principales de Gramsci en sus cartas y le servirá de intermediaria para un sinfín de diligencias de asuntos familiares, personales, políticos, etcétera.

2 Se refiere a Amadeo Bordiga, uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, y su líder principal en los primeros tiempos antes de que algún grupo alrededor de Gramsci y Togliatti lograra la dirección. Bordiga concebía la revolución como un evento que sería necesariamente el resultado de una insurrección armada dirigida por el Partido Comunista pero rechazando todo tipo de participación electoral y parlamentaria que llevara a logros de medio alcance o conquistas de posiciones, así como rechazando alianzas con otros sectores. Esto lo llevó a ser merecedor de críticas, por ejemplo, de parte de Lenin en su La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo.

3 Se refiere a su amigo Piero Sraffa, el reconocido economista italiano y estudioso de la obra de David Ricardo. Sraffa sirvió de enlace entre Gramsci y el liderato del partido comunista, y también ayudó para lograr que a Gramsci se les hicieran llegar libros y materiales de estudio. Además, Sraffa también fue gran amigo de Ludwig Wittsgestein. Se ha planteado la posibilidad muy verosímil de que los escritos carcelarios de Gramsci sobre lingüística hayan influenciado de manera clave en la obra del ‘segundo’ Wittsgestein, que cobra su mayor expresión en sus Investigaciones filosóficas (Lo Piparo 2013).

 

Referencias

Lo Piparo, Franco. 2013. Il profesor Gramsci e Wittsgenstein. Il linguaggio e il potere. Roma: Donzelli Editore.

 

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claritienda Daniel Santos