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Por Josefina Pantoja Oquendo

Publicado: miércoles, 9 de agosto de 2017

Parece que fue ayer lleva por título el bonito bolero de Armando Manzanero. Así ocurre con el quehacer activista y solidario del Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico (MAMPR). Al momento en que escribo, compañeras que se juntaron hace una década, están en las montañas de Adjuntas celebrando diez años de vida organizativa. Inicialmente la unión de fuerzas tenía el propósito de lograr que el entonces nuevo gobierno del Partido Nuevo Progresista (PNP) cumpliera con la Ley 20, legislación que como respuesta a las demandas de las feministas boricuas creó la Oficina de la Procuradora de las Mujeres (OPM). Uno de los requisitos para el nombramiento era que las organizaciones de mujeres fueran consultadas. El recién electo gobernador Luis Fortuño, no lo hizo pero ellas se reunieron y alcanzaron un consenso para ofrecerle alternativas que, incluso, eran de su partido. La mayoría legislativa no aceptó a la nominada desde Fortaleza por su orientación sexual, a pesar de ser una correligionaria. La persona que finalmente fue nombrada no cumplía con los requisitos de la Ley, por lo que ésta fue enmendada para acomodarla y a su vez otorgarle mayor salario. Lo que se hizo evidente con su desempeño fue lo incapacitada que estaba para el puesto y para defender los derechos de las mujeres de nuestro país. 

Desde entonces nos convencimos de los tiempos difíciles que se avecinaban para la mayoría poblacional y electoral de Puerto Rico, que también representa poco más del 45 por ciento de la fuerza trabajadora. El MAMPR concluyó que había llegado para quedarse. La coalición está integrada por un grupo de feministas en su carácter individual, de organizaciones sin fines de lucro y entidades afines cuya misión principal es trabajar desde una perspectiva de género por el bienestar de las mujeres en el país. No se trata de un grupo que ofrece servicios, aunque tiene como afiliadas varios que sí lo hacen. Su fuerte son las acciones para lograr que se establezcan políticas afirmativas dirigidas a que se reconozcan nuestros derechos como humanas; luchar por la apertura de los espacios para compartir el proceso de toma de decisiones y ejercicio del poder para el bienestar colectivo, partiendo del reconocimiento de nuestras capacidades y de la equidad como prioridad.

El movimiento es muy diverso, pero tiene un sólido consenso en cuanto a sus exigencias: un estado laico libre de presiones indebidas de sectores religiosos; que se tomen en consideración las realidades, desigualdades y necesidades de las mujeres en toda su amplitud y diversidad, diversidad que más que respetar, se celebra; el ejercicio pleno de los derechos humanos fundamentales, pero también los económicos, sociales y culturales; la participación política plena de las mujeres y en la misma magnitud el ejercicio de sus derechos democráticos. A partir de estos compromisos el accionar del MAMPR ha sido dinámico, creativo, inclusivo. Ha tomado las calles cuando ha sido necesario por nuestras causas y en solidaridad con otros sectores, pues reconoce que no estamos aisladas y que las acciones de quienes detentan el poder político y económico, así como los males del patriarcado tienen un impacto sobre el Pueblo en general. El cabildeo legislativo ha sido campo de trabajo del Movimiento, así como la tarea de hacer divulgación y educación que apodere a las mujeres en particular y a la población en general para enfrentar los desafíos que surgen en el camino para construir una sociedad justa. El apoyo y acompañamiento de sobrevivientes de la violencia de género, la denuncia de acciones ilegales e inmorales de los políticos de turno, la defensa del ambiente, de nuestros recursos naturales, de los derechos laborales de la clase trabajadora han constituido parte de la agenda de la entidad.

 

 

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A tenor con los lineamientos anteriores son emblemáticos del MAMPR, el caso del Mural Contra la Violencia Machista pintado en la Ave. 65 de Infantería y por el cual varias de sus integrantes fueron juzgadas. También lo fue su participación activa en las diversas manifestaciones en contra de la Ley 7 que provocó miles de despidos en el sector público, mayoritariamente de mujeres. Más recientemente ha sido denunciante activa contra la ley PROMESA, las decisiones de la Junta de Control Fiscal y políticas públicas del actual gobierno por sus efectos devastadores sobre las mujeres en nuestros múltiples roles de trabajadoras, consumidoras, jefas de familias, jubiladas, estudiantes. La necesidad de que la educación de la niñez en las escuelas tenga perspectiva de género ha sido bandera emblemática del MAMPR por lo que es una constante en la lista de reclamos. Éste es uno de los temas en los que la controversia sobre la separación entre iglesia y estado ha sido más dramática y el ataque del fundamentalismo religioso contra el Movimiento ha sido visceral. La creación de Rubí: la niña de las mil preguntas fue la herramienta que el MAMPR creó para trabajar el temas con las niñas y niños. Se trata de un taller interactivo que tiene como figura central a la simpática e inteligente niña. 

En tiempos más recientes las denuncias sobre la pérdida de efectividad de la OPM y su distanciamiento de las necesidades de las mujeres y de la opinión de las organizaciones por cuyas demandas fue creada, han sido objeto de denuncias por la Coalición. No podemos olvidar las múltiples acciones, comparecencias y declaraciones del Movimiento en los medios de comunicación sobre el hostigamiento sexual laboral en el municipio de Guaynabo, la violencia de género, la complicidad e impunidad de Héctor O’ Neill, de su propio hijo y de funcionarios de alta jerarquía en la alcaldía, situación que culminó con la renuncia del alcalde que enfrenta cargos criminales. La saga en esa alcaldía sobre el mismo tema continúa, aún cuando el senador Carmelo Ríos, heredero del cacique guaynabeño en muchos sentidos, haya perdido las primarias en las que el mismo se daba como seguro ganador. 

A través de esta década el MAMPR ha ganado espacio y respeto en la opinión pública. Esta organización de carácter horizontal, que trabaja sin estructuras tradicionales, que no cuenta con local, hace uso de la internet, redes sociales, correos electrónicos y también reuniones presenciales para discusiones, planificación y búsqueda de consensos, método preferido para adoptar posturas, tiene total pertinencia y vigencia en tiempos de PROMESA, del que cada vez más descarnado coloniaje de nuestra Nación, de fuerzas reaccionarias que promueven un retroceso en las reivindicaciones de las mujeres. La solidaridad, la transparencia en el hacer y el decir son su carta de presentación. Aunque parece que fue ayer, el MAMPR ha tenido una sólida, vibrante y enriquecedora vida a través de estos diez años. Vale la pena celebrarlos porque seguirán dando candela de la buena.

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