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Selección de Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci

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Publicado: miércoles, 9 de agosto de 2017

9.

18 de abril de 1927

Mi queridísima Julca,

te vuelvo a escribir, después de tanto tiempo. Hace pocos días recibí dos cartas tuyas: una del 14 de febrero y la otra del 1º de marzo y he pensado mucho mucho en ti; he hecho un inventario de todos mis recuerdos y ¿sabes cuál imagen me ha queda más grabada? Una de las primeras, de hace tanto tiempo atrás. ¿Recuerdas cuando te fuiste del bosque de plata, después de tu mes de vacaciones? Te acompañé hasta el borde de la calle principal y permanecí un largo tiempo para verte mientras te alejabas. Apenas nos habíamos conocido, y yo ya te había hecho algunas bromas y te había incluso hecho llorar; te había burlado con la reunión de los búhos y fastidiaba cuando tocabas a Beethoven. Así te veo siempre mientras te alejas a pasos breves, con el violín en una mano y en la otra tu bolsa de viaje tan pintoresca. ¿Cuál es ahora mi estado de ánimo? Te escribiré más la próxima vez (pediré poder escribir una carta doble) y procuraré describirte los aspectos positivos de mi vida durante estos meses (los aspectos negativos ya están olvidados); vida interesantísima, como puedes imaginar, por los hombres que he conocido y por las escenas que he presenciado. Mi estado de ánimo general está marcado por la más grande tranquilidad. ¿Cómo puedo resumirlo? ¿Recuerdas el viaje de Nansen al Polo? ¿Y recuerdas cómo se desenvolvió? Como no estoy muy seguro, te lo recuerdo yo. Nansen, habiendo estudiado las corrientes marinas y áreas del océano Ártico, y habiendo observado que sobre las playas de Groenlandia había árboles y rocas que debían ser de origen asiático, pensó poder llegar al Polo o por lo menos cerca al Polo, haciendo transportar su nave por el hielo. Así se dejó aprisionar por el hielo y por tres años y medio su barco sólo avanzaba a la medida en que se desplazaba el hielo, lentísimamente. Mi estado de ánimo puede compararse al de los marineros de Nansen durante este viaje fantástico, que siempre me ha impresionado por su ideación, verdaderamente épica.

¿Te he dado la idea? (como dirían mis amigos sicilianos de Ustica). No podría brindártela de forma más breve y concisa. Así que no te preocupes por esa parte de mi existencia. En vez, si quieres que te recuerde siempre con ternura (¡bromeo, sabes!) escríbeme mucho y descríbeme tu vida y la de los niños. Me interesa todo, hasta los detalles más mínimos. Y mándame fotografías, de tanto en tanto. Así seguiré, incluso con los ojos, el desarrollo de los niños. Y escríbeme también de ti, mucho. ¿Ves a veces al señor Bianco? ¿Y has visto aquel curioso africanista que una vez me prometió riñones fritos de rinoceronte? Quizás se recuerda todavía de mí; si lo ves háblale del rinoceronte y escríbeme su respuesta; me divertirá un mundo. Sabes que no hago otra cosa que pensar en el pasado y rememorar todas las escenas y los episodios más chistosos; eso me ayuda a pasar el tiempo, a veces hasta me río de todo corazón, sin ni siquiera darme cuenta. Querida, Tania me anunció otras cartas tuyas; ¡cómo las espero! Salúdame a todos los tuyos. Te quiero mucho.

 

Antonio

Tania es una muchacha muy buena. Por eso le he dado tantos tormentos.

 

10.

23 de mayo de 1927

Queridísima Tania, Recibí la semana pasada una postal y una carta tuya, con la carta de Giulia.

Quiero tranquilizarte por lo que respecta a mi salud: estoy bastante bien, en serio. En esta última semana estoy comiendo con tal diligencia que me sorprendo a mí mismo: logré que me mandaran la comida casi del todo como a mí me gusta y hasta creo haber engordado. Además, desde hace algún rato dedico un poco de tiempo, tanto en la mañana como en la tarde, a la gimnasia; gimnasia de cuarto, que no creo sea muy racional, pero que me parece me hace muchísimo bien. Hago lo siguiente: trato de hacer movimientos que den impulso a todas las articulaciones y a todos los músculos, ordenadamente y procurando aumentar cada semana el número de movimientos; que es útil está demostrado, según yo, por el hecho de que los en los primeros días me sentía todo adolorido y podía hacer cierto movimiento más que poquísimas veces, mientras que ahora ya he logrado triplicar el número de los movimientos sin sentir ninguna molestia. Creo que esta novedad me haya ayudado también psicológicamente, distrayéndome especialmente de lecturas demasiado insulsas y hechas sólo para matar el tiempo. No debes tampoco creer que estudio demasiado. Creo que me sea imposible un propio y verdadero estudio, por tantas razones, no sólo psicológicas sino también técnicas; me es muy difícil abandonarme completamente a un tema o una materia y profundizar sólo en ella, tal como se hace cuando se estudia en serio, a modo de recoger todas las relaciones posibles y conectarlas armónicamente. Tal vez algo de ello comienza a suceder para el estudio de las lenguas, que trato de llevar a cabo sistemáticamente, es decir, sin descuidar ningún elemento gramatical, como no había hecho hasta ahora porque me bastaba saber lo necesario para hablar y sobre todo para leer. Por eso hasta ahora no te he escrito pidiendo que me mandes ningún diccionario: el diccionario alemán de Kohler que me habías mandado a Ustica lo perdieron mis amigos de allá; te escribiré para pedirte que me mandes el otro diccionario, el del sistema Langescheid, cuando haya estudiado toda la gramática; también te pediré los Gespräche de Goethe con Eckermann, para hacer análisis de sintaxis y de estilo y no sólo para leerlos. Ahora estoy leyendo los cuentos de los hermanos Grimm que son muy elementales. Estoy decidido a hacer del estudio de las lenguas mi principal ocupación; quiero retomar sistemáticamente, después del alemán y el ruso, el inglés, el español y el portugués que estudié en años pasados, aparte del rumano que había estudiado en la universidad solamente en su parte neolatina y que ahora creo poder estudiar completamente, o sea también la parte eslava de su diccionario (que constituye más del 50% del vocabulario rumano). Como ves, todo demuestra que estoy completamente tranquilo, también psicológicamente; de hecho, ya no sufro más de nerviosismo ni de accesos de cólera como al principio; estoy aclimatado y el tiempo pasa muy rápido; lo calculo por semanas y no por días y el lunes es el punto de referencia porque escribo y me afeito la barba, labores eminentemente rutinarias.

Te quiero hacer un catálogo de mi biblioteca permanente, o sea de los libros de mi propiedad, que hojeo continuamente y trato de estudiar. Veamos. El Corso di Scienza delle Finanze de Einaudi, he aquí un libro sólido para digerir sistemáticamente. De finanzas tengo además: Gli ordinamenti finanziari italiani, recopilación de lecciones impartidas por técnicos de la administración estatal de la Universidad de Roma, un gran libro y de mucho interés. Una Storia dell’Inflazione, escrita por Lewinsohn, muy interesante, si bien de tipo periodístico. Un libro sobre la Stabilizzazione monetaria den Belgio escrito por el ministro Frank. De economía no tengo ningún texto: tenía en Ustica aquel excelente de Marshall, pero mis amigos se lo han quedado. No obstante, tengo las Prospettive economiche de Mortara para el 1927; la Inchisesta Agraria de Stefano Jacini; el libro de Ford Oggi e domani que divierte mucho, porque Ford, si bien es un gran industrial, me parece bastante cómico como teórico.; el libro de Parto sobre la estructura económica del Piemonte y de Turín y un fascículo de los Annali di Economia con una investigación muy cuidadosa sobre la estructura económica de Varcellese (zona de arroz italiano) y una serie de conferencias sobre la situación económica inglesa (hay también una conferencia de Loria). De historia y de literatura tengo poquísimo: un libro de Gioacchino Volpe sobre los últimos 50 años de historia italiana, de actualidad pero de carácter bastante polémico, la Storia della lett. ital. y los Saggi critici de De Sanctis. Los que tenía en Ustica se los tuve que dejar a mis amigos de allá, que también les hacían falta.

Te he querido escribir todo esto porque me parece que sea el mejor medio para que tanto tú como Giulia se hagan una idea al menos aproximada de mi vida y del curso cotidiano de mis pensamientos. Por otro lado, no deben pensar que estoy completamente solo y aislado; cada día, en un modo u otro, hay algo de movimiento. En la mañana está el paseo; cuando me toca un buen pedazo de patio, observo las caras de los que van y vienen a ocupar los otros patios. Después venden los diarios permitidos a todos los presos. De regreso en la celda, me traen los periódicos políticos de los cuales se me concedió la lectura; después vienen las compras, traen las compras hechas el día anterior, luego traen el almuerzo, etcétera, etcétera. En fin, se ven continuamente caras nuevas, cada una de las cuales esconde una personalidad que adivinar. Podría renunciar a la lectura de los periódicos políticos, estar en compañía de otros detenidos por 4 o 5 horas al día. Lo pensé un poco, pero decidí estar solo manteniendo la lectura de los diarios. Una compañía ocasional me divertiría unos días o quizás una semana, pero después muy probablemente no lograría sustituir la lectura de los periódicos. ¿Qué les parece? ¿O acaso la compañía, en sí y por sí misma, les parece un elemento psicológico que debe apreciarse más? Tania, como médico, debes darme un consejo técnico, porque es posible que yo no esté en condición de juzgar con la objetividad que quizás sería necesaria.

Ahí está la estructura general de mi vida y de mis pensamientos. No quiero hablar de mis pensamientos dirigidos a ustedes y a los niños: esa parte deberán imaginarla y creo que la sienten.

Querida Tania, en tu postal todavía me hablas de venir a Milán y de la posibilidad de vernos. ¿Será verdad esta vez? ¿Sabías que desde hace más de seis meses no veo a ningún familiar? Estaba vez te espero en serio. Abrazos.

 

Antonio

 

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