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FRANCES DEL VALLE: Volando chiringa

Frances del Valle, Volando chiringa, 2013, tinta e marcadores/papel, 22,6 x 27 cm
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Publicado: miércoles, 9 de agosto de 2017

Carmina Sánchez

 

Frances del Valle, fue estudiante de Eugenio Fernández Granell, que enseñaba Arte en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en los años ’50 y cofundadora del grupo surrealista El Mirador Azul. Del grupo dice: “éramos lagartijos en un sitio donde la gente les tenía repelillo.” A sus ochenta y tantos años continúa su faena puesto que, como ella explica, “me queda mucho por hacer.” Presentó su trabajo por primera vez en el 1956, en una importante exposición colectiva en la UPR, donde también expuso E. F. Granell entre otros artistas establecidos. Desde entonces ha participado en muchas exposiciones colectivas e individuales. En el 1970 cofundó, junto a la artista y educadora Anita Campos, el taller de títeres Teatro Pacholí, llevando funciones a niños en zonas de pobres recursos. En la década de los ochenta formó parte de la colectiva Arte en la Calle, grupo de artistas que compartía la visión del arte para todos, y no tan sólo en museos y galerías. Ha contribuido en trabajos apoyando esfuerzos por la independencia de Puerto Rico, los derechos de la mujer y las causas ambientalistas. Sus exhibiciones individuales más recientes son: Pajarera (2001), En Tinta Viva (2003) y Veo, Veo (2011).

La directora de la Fundación Eugenio Granell, Natalia Fernández Segarra, le propuso a la artista escoger trabajos recientes que no hubieran sido exhibidos. De la preselección que hiciera la artista, la directora escogió épstos encontrando hilo para atarlos. Y esto es casi milagroso, porque FDV no define temas de antemano, aunque sí en su obra hay ideas recurrentes. Son trabajos en medio mixtos, collage, reciclajes y dibujos sobre papel en los que se funden mitos y leyendas de Puerto Rico con las de otros lugares y épocas, filmes, relatos de ciencia ficción, miniaturas Persas y de la India, noticias y eventos familiares “lo que aguante.” Dice de lo que crea: “en mi interior como en los sueños, se gesta mi versión del mundo exterior.”

La mayoría de estos trabajos fueron creados en los últimos años, pero se colaron algunos más viejos. Dan una idea de las transiciones entre lo nuevo y lo repetitivo. Por ejemplo, el dibujo en tinta Guerrera de 1995, presenta uno de los personajes favoritos de FDV: la mujer como ente gestor que determina vida y muerte. Lo femenino se presenta como punto de origen: isla, joya, luna, huevo, hueco, cueva, ojo, astro, universo. También aparece como arpía, furia, reina, Eva. A las diosas Astarté, Ishtar, Venus, Ochún, Yemayá, Guabancex, y a las vírgenes las presenta, no porque son símbolos, sino como mujeres con las que se identifica. Dice que ante la supremacía de lo masculino, en las diosas la mujer es indiscutiblemente la fuerza, no apéndice.

Otros personajes que se ven en sus trabajos son, por ejemplo, los vejigantes –diablillos burlones de folfklore puertorriqueño-, y los árboles por su contundente vitalidad. También la inspira la creencia de los antillanos sobre el árbol de la Ceiba que conecta vida y muerte, y en cuyo dosel habitan otros espíritus.

Sobre su método de creación dice que hace lo que le sale en el momento, como quiere, con el medio que quiera o tenga; y si no le satisface, lo tira. Para FDV experimentar es necesario. Le gustan los detalles minúsculos. La técnica del collage le estimula la imaginación, ayudándola a encontrar formas nuevas. No sigue un proceso racional. Dice que la imaginación no se puede reducir a un método. Es meticulosa o no, según crea. Algunos trabajos requieren más control y un esfuerzo deliberado. Volando chiringa –en Puerto Rico se le dice “chiringa” a la cometa-, ejemplifica el trabajo libre que se le anunció según fue creándose. El tamaño pequeño de los trabajos se debe a la falta de espacio para trabajar y a los recursos limitados.

La obra de FDV no está desarraigada del mundo, pero tampoco procura representarlo. Si el observador/a encuentra alguna referencia, bienvenido/a sea. El dibujo sugiere y da margen a la interpretación del espectador. Es un diálogo que no se expresa en palabras, sino que ocurre ahí en el encuentro con la obra.

Esta exposición presenta una muestra del trabajo de FDV por primera vez ante una audiencia internacional. La artista quiere saber qué dicen, qué interpretaciones suscita, y cómo se relaciona con lo que se hace fuera de su órbita. La artista y su obra aguardan comentario.

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