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Poesía de Miguel Ángel Náter

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Publicado: miércoles, 23 de enero de 2019

Inmersos en la cálida agonía

de una rosa ar(o)mada 

                con débiles secretos,

los oros de la estatua restringida

liberan los portentos

del árbol, de la sombra, de la (l)ira

que estalla en los antiguos mausoleos

y en los nuevos museos

la vuelta a Caravaggio

y al mítico velamen 

         del navío del tiempo.

 

¡De nuevo Te convoco para el Arte,

loto de amatista en fuego,

volviendo a los relentes 

   del azul diamante, 

volviendo al viejo plectro.

 

§

 

¡Fuego.

Arden los jazmines 

         de El jardín en luto.

 

Arden 

el bello Minotauro, el Laberinto;

la espa(l)da del centauro en celo,

los bucles de Jacinto,

las velas en el templo,

las velas en el mar de lo ya dicho, 

las velas que Te den en el entierro;

arde el arcoíris,

arden las gaviotas sin el cielo,

arden las ballenas

      azules,

arde en el hangar ave de hierro

y en la silente sombra

se vuelve a contemplarte En fuego Orfeo.

 

Arden sobre el pi(a)no partituras

ilegibles, tiempos

en los que se escuchó la voz de oro

decir desde los púlpitos el verso;

arde el agua, 

          arde el viento,

arde la sonata,

arde entre las piedras el barbecho;

arde en el zafiro ignoto 

la luna reme(n)dada 

volviendo a relucir sus versos;

arde la sotana, la túnica aromada,

como arde el ominoso en su deseo,

arde el árbol, arde la manzana

del tierno monaguillo expuesto,

arde el ara, arde el urinario,

arde la Belleza en su misterio…

…pero entre los espejos de mi alma

fuego reflejado en fuego,

en este fuego frío

                   se apaga tu recuerdo.

 

§

 

Salidas de los bosques 

  hacia la escalinata

airosas, libremente en el sendero 

las hordas amenazan

los lobos estatuarios de los templos,

las túnicas doradas,

          las pálidas mejillas,

la cabellera en ascuas

del Batallón Sagrado que espera la desgracia

 

…pero ni en la mirada letal de Macedonia

ni en las picas agudas

    que aspiran penetrar en la derrota

se espera una batalla como aquella

que lib(r)arán las hordas.

 

Un(c)idos por el dios que los dirige

desatan su estrategia inusitada:

perfumes derramados,

sandalias sonrosadas,

espa(l)das que seducen,

    estatuas de Carrara,

racimos encendidos,

          las copas desbordadas,

las túnicas caídas,

      los gladios que amenazan

y en este mar de ca(r)nes en asecho

que logra seducir las amenazas

deciden su victoria entre los lechos

y el rey de Macedonia se retracta.

 

§

 

Decir, ola siniestra, 

          detrás del horizonte

la coda de este sol que se pronuncia,

las olas de los odres;

nuncio hacia la sombra

dejando que se nombre lo que no se nombra;

el ser en la palabra acorralada

es plácido desorden

y en la jaula de oro

el pájaro de plomo

es hora donde el tiempo se corrompe;

camino

y está cansado el plectro,

el pie que no conoce el sacrificio,

el lábaro tendido en el sendero,

el pie se hace en el metro de zafiro

pedúnculo que abrasa al jazminero.

 

§

 

Tenebrosa llama

        la Poesía

con ese fuego negro,

           con su nombre

de locas innombrables osadías

que oculta en el ramaje súper hombres;

se palpa en la carencia desoída

y el nombre que se oculta en el pronombre 

se vuelve al caracol en el oído

y al verso que se oculta en el acorde.

 

§

 

“…mi ánimo no me incita a vivir, ni a permanecer entre los hombres, si Héctor no pierde la vida, atravesado por mi lanza…”

La Ilíada Canto XVIII

Homero

 

Re(s)catada perla,

sed oculta

del agua, que es caricia perfumada,

elfo luminoso

debajo de la seda

    deseada,

de ese hada de oro,

piel oscura, 

cariátide de ámbar,

templo de columnas tibias,

la queja de la esfera nacarada,

tiempo re(s)catado,

          muerto

Patroclo en la batalla

desnudo sobre el suelo

de pronto despojado de sus armas,

t(i)empo oscuro,

invisible

sentido que devora la palabra,

corazón de mármol

que late a su manera, subcutánea

ola de este mar etéreo

que azula tus espumas de Carrara,

semántica de ca(r)nes en silencio

dejando desatadas marejadas

morir en estos viejos litorales

al borde de mi piel mitificada;

mi mano que es la nítida cadencia

que ofrece sus exvotos en el ara

reescribe su perfume irreverente

abriéndole magnolias olvidadas

al pomo sedicioso del poema

que roza ya la rosa en la enramada.

 

§

 

“…la blanca esfinge que trajo

la última niebla de invierno…”1

Sinfonía en blanco mayor

Théophile Gautier

 

El blanco siempre fue

              Blanco divino,

desliz de la mirada de los dioses

al pétalo de nieve de Narciso,

pureza de la impúber porcelana

la cera derretida de los cirios,

la seda de los glúteos de alabastro

tatuados para ser un espejismo,

las velas del drakar de oro

que vaga entre las nieblas de zafiro,

David en la pureza de Carrara

surgiendo como un ángel en el plinto,

Eurídice volviéndose a los sueños

envuelta en el sudario seducido,

la péndola del cisne nacarado

vagando en este lago de mí mismo,

las gemas del dominio de Lasgalen

que brillan en tu joven paraíso,

la túnica del trono deslumbrante

que envuelve los jardines de Jacinto;

del ópalo a la luz del feldespato

recorre tu mirada el laberinto

por donde vagan tristes mis palabras

detrás de los celajes de los mitos;

se alarga entre tus labios blanca luna

que vuelve renovada del abismo,

se vuelve a conjurar en los jazmines

fragancias que jamás han existido,

se siente en la ilusión de tu presencia

la lenta seducción del blanco vino,

seduce en tus hechizos la gardenia,

–el potro se dirige al precipicio…,–

y hay perlas en el fondo del infierno

que brillan solamente en tus dominios.

 

1. Traducción de Manuel Elzaburu

 

 

 

Miguel Ángel Náter (Ciales, 1968-) ha publicado los siguientes libros: Ceremonial (1993), Esta carne proscrita (2004), La queja de los besos negros (2006), El jardín en luto (2011), Nadie es poeta en su tierra: Poemas de la Universidad (2012), Más de Sodoma (2014), Culpa de nadie (2017), Vuelta (2017), La putrefacción del Alma (2018). Los poemas que se divulgan aquí pertenecen al libro En fuego Orfeo.

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