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Monedas

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Por Lilliana García Arroyo

Publicado: martes, 30 de enero de 2018

No pasaba un día sin que Trina colocara [la pequeña caja] donde la pudiera contemplar y tocar . Una tarde dispersó las monedas de oro entre las sábanas, se metió en la cama,

se desnudó y durmió toda la noche sobre el dinero, sintiendo un extraño placer y éxtasis al contacto de las suaves y lisas monedas por todo su cuerpo. [traducción nuestra]

Mc Teague

Frank Norris

 

La deuda debe de agobiar a los estadounidenses en la metrópolis. Según un artículo publicado el 22 de septiembre de 2016 en el Washington Post, la deuda de Estados Unidos alcanzó los 20 trillones en moneda o divisa estadounidense o sea dólares.i La población de Estados Unidos es de 323.1 millones según las referencias que obtuvimos. Esto nos lleva a concluir luego de realizar una sencilla división que cada persona en esa nación no importa su edad y situación socioeconómica adeuda nada menos que 619 003.40 dólares o sea dos terceras parte de un millón aunque sea un recién nacido. Ahora bien, si para septiembre del año pasado, justo cuando nos cayeron dos huracanes encima y ya teníamos la plaga de la llamada deuda fiscal, todavía se nos contabilizaba en Puerto Rico como una población de 3.5 millones nuestra deuda resulta sorprendentemente menor. Esto lo concluimos si dividimos los 3.5 por 73 billones que es la cifra que con frecuencia se cita para cuantificar la deuda. De hecho, los estadounidenses en la metrópolis deben alrededor de treinta veces más. Este ejercicio puede necesitar de ajustes para mayor precisión pero no hay duda que da una idea de la necedad y sometimiento que exhiben la mayoría de los llamados analistas cuando se refieren a la deuda de Puerto Rico.

En esta coyuntura de deudas podemos sugerirle a los febriles y alterados analistas que pululan por las ondas radiales algunas ideas de cómo podemos ayudar a la metrópolis amada por ellos y ellas con su deuda. Se puede solicitar que no devuelvan nunca los arbitrios del ron o que suban las contribuciones federales que adornan nuestras facturas de agua y de teléfono pero pasan desapercibidas para muchos o que la marina mercante que ya prácticamente le sostenemos nos aumente los fletes o que el Seguro Social se reciba cuando cumplamos ochenta años. Hay sólo un número reducido de personas que pagan la llamada “contribución federal” por ingreso así que podemos suplicar que se nos imponga una contribución adicional en el IVU y se les envíe automáticamente y sin dilación a los adeudados estadounidenses del norte. De hecho podríamos prohibir cualquier reclamación a FEMA pues nadie nos manda a estar en la ruta de huracanes y que no se molesten en limpiar a Vieques y Culebra y como muestra final de lealtad le pidamos que nos cobren un impuesto adicional cada vez que se utilice un medicamento cuya patente se haya vencido en los últimos veinte años. Estoy segura que de estos analistas pueden salir muchas otras sugerencias… 

Para entender aunque sea parcialmente algo de esa deuda colosal de la metrópolis quizás puede resultar beneficioso ver la historia de algunos momentos claves de cómo su clase dominante utilizan su moneda para aumentar su moneda. Uno de esos momentos claves por lo menos para los boricuas que parlotean obsesivamente sobre la anexión es la compra de Estados Unidos de Alaska en 1867 a la Rusia zarista por la suma de 7.2 millones en divisa de dólar. Tanto Rusia como Estados Unidos contemplaron esta venta desde la década anterior pero no se concretizó antes debido a los respectivos intereses de cada uno de los dos países. ii Del lado de Rusia su clase dominante determinó que las guerras que había sostenido con las potencias europeas de entonces, en particular la Guerra de Crimea contra Francia, Inglaterra, el Imperio Otomano y otros países le hacía costoso defender su posición en Alaska. El oro que había identificado no parecía abundante y el recurso que más le interesaba que eran las pieles podía conseguirla en la cuenca del Rio Amur en China. Del lado de Estados Unidos su interés era intenso por expandirse a toda costa y controlar esa área geográfica para entonces con grandes recursos de carbón y centro de intercambio de mercancías con China. La transacción no cobró impulso antes por las tensiones entre los estados del norte y el sur de Estados Unidos y la Guerra Civil en que desembocaron por la abolición de la esclavitud entre 1860 al 1864. 

La venta de Alaska se realizó y para todos fines Estados Unidos y la Rusia zarista ignoraron los pobladores indígenas en particular las tribus de Tlingits y Haidas con quienes los rusos que se establecieron en Alaska habían desarrollado relaciones de trabajo beneficiosas. Éstos nunca les vendieron sus tierras a los rusos ni consintieron en modo alguno para esa venta. De hecho esta venta les traería grandes beneficios a la clase dominante estadounidense y los que la criticaron fuertemente entonces como lo hizo la Cámara de Representantes en 1867 dejarían de hacerlo en 1896 cuando se supo del descubrimiento de oro por exploradores en la confluencia de los ríos Klondike y Yukon. Éstos fueron dos indígenas y un tercero, un estadounidense casado con una indígena. Otro estadounidense estaba husmeando también. La estampida que llegó a los territorios de Alaska y Canada significó para los indígenas una pérdida sustancial de sus medios de subsistencia y sus valores culturales y en muchos casos enormes abusos y desastres de salud. El gran promocionador de esta venta fue el ambicioso y expansionista William H. Seward para entonces Secretario de Estado bajo la presidencia de Andrew Johnson. El pueblo estadounidense se enteró de la venta casi ya culminada y para nada se les consultó sobre esa erogación de fondos. El Senado se oponía pero accedió a la venta como cortesía al Zar por la posición de Rusia de no reconocer a los estados sureños el status de beligerantes. Seward era abolicionista y tuvo un rol muy importante en la presidencia de Abraham Lincoln, sin embargo, esto no era impedimento para trazar grandes planes de anexión por todo el Caribe que incluía a Cuba y República Dominicana y estaba dispuesto a comprar lo que fuera mostrando una gran capacidad para invisibilizar a los seres humanos. Tenía la acumulación de moneda para hacerlo. 

La venta de Alaska a Estados Unidos fue precedida por dos décadas de vertiginoso expansionismo a costa del territorio nacional mexicano. Eran muchos los intereses que la clase dominante de Estados Unidos fue identificando para apoderarse de México pero predominaban rutas para el ferrocarril hasta llegar al Pacífico y riqueza mineral, en particular oro que en el caso de California se descubrió luego de haberse apoderado de ésta. En el 1848 se puso fin a la guerra provocada por Estados Unidos contra México con el Tratado de Guadalupe Hidalgo perdiendo México más de una tercera parte de su territorio y pocos años después se les arrebató más territorio con la infame compra de (James) Gadsten en 1854. En al Tratado de Guadalupe Hidalgo pagaron 15 millones a México.iii Gadsten pagó 10 millones por más territorio iv y 200 000 de soborno al Presidente de México, Antonio López de Santa Anna a quien amenazaron con una nueva invasiónv. La suma del soborno parece no necesariamente estar clara pero el Secretario de Estado de entonces William L. Marcy, se comprometió con Gadsten a conseguir una cantidad de un “fondo especial”. Luego de todo este inmenso robo de tierras, todos los seres humanos que eran mexicanos quedaron atrapados en este “nuevo país” y separados de familiares al sur de la frontera. Como se sabe esto sería el preámbulo de la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud al desatarse una intensa confrontación entre abolicionistas y esclavistas por el uso de esclavos en el territorio robado a México. 

No hay que elaborar mucho de la suerte que corrieron los diversos pueblos indígenas a manos de los imperialistas europeos y la cual continuó con toda clase de crueldad luego de Estados Unidos advenir como nación. Sin embargo, ¿cómo le fue al estadounidense común que no era parte de la clase dominante, clase que con la industrialización ya tenía suficiente moneda acumulada para decidir el destino de gran parte de los menos privilegiados? Tanto las estampidas por el oro como la participación directa en las guerras y su composición de clase nos puede dar una idea de lo que se esconde detrás de infraestructura y actividad económica que de alguna forma se atribuye al resultado como vencedor. En el caso de Alaska miles de los prospectivos mineros no corrieron con suerte y desplazaron a los indígenas en los trabajos manuales y artesanales que éstos hacían como servir de guía a mineros, cortar madera para botes y pescar para alimentarlos.vi Todo esto en medio de unas temperaturas a las cuales no estaban acostumbrados.

La composición de clase del ejército de voluntarios-no reclutas, sus acciones en el territorio mexicano y la mala fama que finalmente ganaron da una idea del papel que jugaron al no ser parte de la clase dominante. A éstos les tocó ejecutar las acciones prescritas por el “destino manifiesto”, discurso de la élite y ventilado en muchas de las notas aparecidas en los periódicos de entonces. El ejército que cruzó a México bajo el mando del General Zachary Taylor era cincuenta por ciento de inmigrantes irlandeses y alemanes a quienes los atrajo las ofertas de un sueldo y de terreno. vii Sufrieron muchos abusos de parte de los superiores y se enfrentaron a condiciones de vida terribles pero por su parte, masacraron civiles, violaron mujeres y torturaron a soldados mexicanos. El ambiente era de embrutecimiento y adicción al juego donde los soldados perdían mucho de su dinero. viii Algunos de estos hechos pasaron a la historia como una vergüenza para Estados Unidos. Los llamados Texas Rangers masacraron 24 civiles e hirieron a otros 40 en el pueblo de Guadalupe luego de saber que milicianos habían dado muerte a uno de los suyos. Un periódico en Matamoros denunció que en otra ocasión éstos también ahorcaron y colgaron a más de 40 civiles. Quizás la peor masacre la realizó otro grupo de voluntarios conocido como los “Rackensackers” de Arkansas quienes encerraron en una cueva a 25 civiles asesinándolos y arrancándole el pelo. Esta masacre causó horror a soldados que la observaron y no participaron en ella pero tampoco la detuvieron. 

Los periódicos en Estados Unidos promovían la explicación circunstancial para las masacres y otros hechos abominables de los voluntarios. En ningún momento los que habían propiciado la guerra se cuestionaban si era un error creerse una civilización superior. Las condiciones materiales que se iban creando en el propio pueblo de estadounidenses dentro de los territorios arrebatados a México iban provocando desesperación por las condiciones de trabajo y de vida cada vez menos predecibles y tendientes a fracturar las relaciones interpersonales y familiares. La obsesión por el oro se percibía aun en las comunidades que no estaban ligadas a esta actividad. Esta obsesión destruye física y emocionalmente a dos de las tres parejas que se retratan en la obra de epígrafe. Sin embargo, esta obra que se considera como importante dentro del Naturalismo en la literatura estadounidense más que ser un hito en la producción literaria de ese país es un grito de auxilio del autor a nombre de la sociedad de entonces que se levantaba en los nacientes centros urbanos de San Francisco. Lejos de la guerra pero imbuidos de sus causas, la avaricia y el desamor que la acompaña irremediablemente, se desatan acciones que guardan la misma perversidad y desenfreno que las que se puedan observar en el campo de batalla. Sobra decir que este grito no fue escuchado entonces…

Son muchas las cosas que debemos plantearnos sobre la avaricia pero es urgente que veamos el lado práctico del uso de la moneda o divisa. Su acumulación es una tara. Una vez se acumula sólo sirve para seguir acumulándose representándose a sí misma. Se ha alejado demasiado del principio de trueque y de la brecha que se supone cubriera cuando el trueque se trata de dos servicios muy disimiles en el trabajo que requieren para producirlos en su forma final. ¿Alguien cree que el gobierno de un país que debe 20 trillones está en posición de siquiera sugerir cosas sensatas a otro país endeudado que es su colonia? ¿Alguien cree que el gobierno de un país donde el yerno del presidente toma prestado nada menos que 285 millones a un banco extranjero para su firma familiar de bienes raíces toma en serio a la clase trabajadora que no puede sino vivir de cheque a cheque? ¿Entonces, qué hacer? A tenor con lo expuesto por Wilma Reverón en su artículo en CLARIDAD del 11 al 17 de enero de 2018 sobre los renglones a considerar para construir el país libre al cual muchos aspiramos, sugerimos como no economistas que en torno a la moneda o divisa, examinar si debe ser más de una y si una parte del intercambio de productos puede hacerse sin ella. Con el paso de los huracanes se nos ha recordado las cosas fundamentales que cuentan para mantener la vida y la salud. Y saber lo que cuesta aquello que de verdad cuenta es nuestra fortaleza más grande.

 

La autora es sicologa. Comentarios a: unasolalira2@gmail.com

 

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