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CLARIDADES: Recordando a Fidel

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Publicado: martes, 30 de enero de 2018

En aquel discurso que pronunció la noche del 8 de enero de 1959, a su llegada a La Habana, dijo entre sus primeras palabras: “la tiranía ha sido derrochada. La alegría es inmensa [ … ]. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil: quizá en lo adelante todo será más fácil: quizá en lo adelante todo sea más difícil”. Y a esa afirmación que podía frenar el ilimitado entusiasmo reinante añadió, más como explicación que como excusa: “Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario”. Aclaró lo que entraña no engañar ni engañarse. “¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde?. Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados”. El mensaje era la primera lección del arte revolucionario de gobernar para ganar. No engañar al pueblo ni dejar que el pueblo se engañe con los triunfos. Y tras narrar, como ejemplo, en qué forma, decir la verdad había servido para el triunfo del Ejército Rebelde, concluyó: “Y por eso yo quiero empezar —o mejor dicho, seguir— con el mismo sistema, el de decirle al pueblo siempre la verdad”.

La practica de la verdad y de la moral serían los valores y los medios de una lucha revolucionaria que además organizaría su legítima defensa, frente a las tradicionales ofensivas de “la zanahoria y el garrote”, de la corrupción y la represión permanentemente renovadas y armadas por la oligarquía y el Imperio. Tanto la verdad como la moral practicadas serían constitutivas de un proceso que necesariamente tendría que armarse para defenderse.

En aquel discurso en la Plaza de la Revolución en que Fidel empezó a definir cómo sería la democracia en Cuba, y en aquella plaza donde había un inmenso “lleno” de guajiros y de trabajadores de la caña, las fábricas y de los servicios, Fidel le preguntó al pueblo: “En caso de tener que escoger, ¿qué preferirían? ¿Un voto o un rifle?”. Y se oyó un grito gigantesco: “¡Un rifle!”, El clamor vehemente y el gozo inmenso de la multitud determinaron la meta y la organización de un ejército y un Estado del pueblo y de los trabajadores. De paso expresó la temible dificultad que para los imperialistas presentaría invadir a Cuba. Fue esa una de las primeras clases para aprender a tomar decisiones. 

Señala Fidel en su lección sobre la vanguardia: “La vanguardia”, sostuvo, “trasmite con su acción y su pensamiento, la teoría, la ideología revolucionaria que viene de un marxismo no sólo aprendido de los libros, sino de las experiencias propias en la vida”. Y en relación con el conocimiento, desde los inicios de la Revolución, Fidel precisó que, como parte esencial, el método del saber y el hacer se apoya en el saber anterior del pueblo y en el que adquiere en el curso de la lucha, como había dicho el Che.

Entre los problemas que plantea la alternativa uno es el que se refiere a las limitaciones y contradicciones internas de los propios partidos y organizaciones comunistas, socialistas, populares y de liberación nacional o regional. Es cierto que el control de los gobiernos por los pueblos es la solución fundamental, pero que su organización debe hacerse, a sabiendas —entre otras fuentes— de lo que le dijo Fidel en Chile a una inmensa multitud, cada vez más presionada por los agentes provocadores de la CIA, por los “maoístas”, ya infiltrados de arriba abajo, y por organizaciones supuestamente más radicales que la Unidad Popular encabezada por el presidente Allende. Cuando Fidel, tras un emocionante discurso en la Plaza Municipal de Santiago, ya tenía ganada a la multitud y levantando la mano y la voz le preguntó animoso: “¿Ustedes creen que el pueblo se equivoca?”, y el pueblo le contestó con un clamoroso ¡NOOOOOO!, Fidel le contestó a toda voz, como si estuviera conversando: “Pues fíjense que sí”. A lo que sucedió una inmensa risa solidaria contra los provocadores del golpe, y en apoyo a Fidel y la Unidad Popular.

 

Fuente: Pablo González Casanova – Escritor Mexicano

 

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