Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

La sensualidad de la campiña italiana: Reseña de Call Me by Your Name

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)
Perfil de Autor

Por Juan R. Recondo

Publicado: martes, 30 de enero de 2018

En una película, uno de los factores que determinan el comportamiento y/o la manera de ser de un personaje es el espacio en el que habita. La banda de criminales de Reservoir Dogs (dir. Quentin Tarantino, EEUU, 1992), con sus chaquetas negras y gafas oscuras, son una expresión que asociamos de inmediato con un centro urbano. Éstas no son figuras que visualizamos en una playa apacible del Mediterráneo mojando sus pies descalzos en el agua cristalina mientras se toman un café. Su mundo es el de la ciudad, donde el ritmo atropellado de un robo se hace eco del precipitado movimiento del tránsito y de la tensión ante los peligros de la jungla de asfalto. En Call Me by Your Name (Italia/EEUU/Brazil/Francia, 2017), dirigida por Luca Guadagnino, los personajes de la historia disfrutan del verano del ‘83 en la campiña del norte de Italia. Éstos corren sus bicicletas por calles adoquinadas de pequeños pueblos, se zambullen en lagos de aguas heladas que bajan de las montañas y cenan entre árboles de albaricoques y melocotones. En este espacio, se encuentran Elio (Timothée Chalamet), un intelectual de diecisiete años y de curiosidad voraz, y Oliver (Armie Hammer), un hombre de veinticuatro años y estudioso del arte clásico. Durante unas semanas, ambos experimentarán un idilio bendecido por el crujir de los pisos de madera en la villa de la familia Perlman.

Oliver, un estudiante doctoral estadounidense, llega a la villa del Profesor Perlman (Michael Stuhlbarg), donde pasará un verano sirviéndole como asistente de investigación. Perlman, cuya especialidad es el arte grecorromano, lo recibe junto a su esposa, Annella (Amira Casar), su sirvienta Mafalda (Vanda Capriolo) y su hijo, Elio. Éste último es un joven interesado en la música y en la literatura y, durante ese verano, se encuentra explorando el placer sexual junto a su amiga/novia, Marzia (Esther Garrel). Como en muchas historias de amor, a Elio inicialmente le choca la arrogancia de Oliver, el atractivo estudiante universitario que nunca escapa de su mirada. La belleza física de Oliver se convierte en la invitación a la contemplación y al deseo de Elio. En una conversación con Perlman, Oliver se maravilla ante la sensualidad masculina en las esculturas de Praxíteles, el artista griego del siglo IV a.E.C. De esta misma manera, la cámara de Guadagnino aprecia la figura de Oliver cuando juega voleibol sin camisa o mientras descansa acostado al borde de una piscina. Tanto como el escultor ático, el director tienta al espectador y nos hace entender visualmente el deseo de Elio que florece gradualmente en el trasfondo natural idóneo. 

El mayor triunfo de la película está en cómo visualiza la relación de Elio y Oliver como la expresión más natural del espacio bucólico que habitan. Diferente a Brokeback Mountain (dir. Ang Lee, EEUU, 2005), donde los encuentros borrascosos entre Jack (Jake Gyllenhaal) y Ennis (Heath Ledger) tienen una relación visual a los paisajes montañosos de Wyoming, Elio y Oliver pertenecen de lleno a un mundo natural apacible donde su deseo no es corrompido por juicios morales. El director de fotografía, Sayombhu Mukdeeprom, retrata una naturaleza que combina la armonía del andar de una mosca sobre el brazo de un personaje con la belleza artística de una escultura clásica que Perlman rescata del mar. En este ambiente, Guadagnino ubica la historia de Elio y Oliver enfatizando el encuentro entre ambos como una manifestación del espacio en el cual coexisten. 

Guadagnino imagina la naturaleza como asilo para las relaciones amorosas que escapan las normas sociales. Su maravillosa película, Io sono l’amore (Soy el amor, Italia, 2009), trata sobre cómo el personaje de Emma (Tilda Swinton) transita entre una Italia urbana de privilegio que sofoca cualquier expresión de identidad marginada y el mundo natural alejado de la ciudad, donde ella explora sus deseos secretos. Esa dualidad espacial está ausente de Call Me by Your Name, donde los personajes no se sienten inhibidos. Aunque hay atisbos del horror moralista del exterior, éstos son limitados a pequeños momentos que funcionan para enaltecer la libertad del hogar de Elio. Éste elemento parece escapar de muchos críticos estadounidenses que se sienten en la necesidad de justificar que la edad de consentimiento en Italia es diferente a la de los Estados Unidos y por eso no se debe condenar la relación entre el adolescente y Oliver. Call Me by Your Name no representa el sexo como una relación de poder entre un depredador adulto y un menor que cae víctima a sus avances sexuales. La historia se enfoca en dos personas que se exploran mutuamente porque así lo desea cada uno. Chalamet, el joven actor que interpreta a Elio, crea un balance magistral entre la inocencia juvenil y la madurez intelectual del personaje que lo posiciona como un igual ante Oliver. Incluso, en uno de los momentos más gloriosos de la película, Perlman le hace entender a su hijo la maravilla de su exploración amorosa. Esta escena, que resalta la grandeza del talento dramático de Stuhlbarg, no sólo revela el esplendor del amor y la pasión de la juventud, sino la tristeza del final de una experiencia única. Les recomiendo que busquen la pantalla más grande que encuentren para experimentar plenamente el amor, la naturaleza y la visión artística de esta obra, que está entre mis cinco películas favoritas del 2017.  

  (0) Comentarios




claritienda Niños Sol