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En Memoria:Se ha callado un cantor

Barasord e Hilda Ramos
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Publicado: miércoles, 18 de julio de 2018

Se ha callado un cantor

Con el fallecimiento repentino de Antonio Barasorda se pierde una gran voz de Puerto Rico. Su biografía, explorada hasta la saciedad durante días recientes, lo ubica entre nuestros mejores cantantes operáticos, ese elevado género musical que trasciende lugar, tiempo y espacio para unirnos en común humanidad. Se escribió sobre su impresionante carrera que lo llevó a brillar en los mejores escenarios del mundo.  También se destacó su calidad artística, su presencia imponente, y el trabajo dedicado e incansable que realizó para promover el acceso de nuestro pueblo a la ópera y otros géneros musicales escénicos, y al  desarrollo de jóvenes cantantes en Puerto Rico. Todo esto fue ampliamente reseñado en las crónicas, artículos y entrevistas de prensa que se le hicieron a lo largo de su vida y, ahora, con motivo de su fallecimiento.

Pero esta nota tiene otro propósito: desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña,  reconocerle y agradecerle a Antonio Barasorda no sólo su infatigable labor musical, sino también su gran ejemplo del patriotismo noble y desinteresado que crea, construye y edifica a través del tiempo, dejando un legado permanente e indestructible. Antonio Barasorda mantuvo  sobre el escenario una vida intensamente pública. Pero también laboró afirmativamente para colmar un anhelo intensamente privado: el de contribuir, en la manera en que sabía y podía, a construir la libertad e independencia de su pueblo confiando en nuestras capacidades y alimentando nuestra autoestima colectiva. Así vivió su patriotismo al decir del maestro Eugenio María de Hostos: “ El patriotismo no es solamente esa virtud heroica que en las angustias de un pueblo brota inopinadamente de la superficie, del medio o del fondo de las sociedades; es también ese anhelo de ser útil al pueblo de que se forma parte; esa cólera que se siente cuando se ve el mal general; ese trabajo interior que hace en nosotros el afecto nacional, y que, llevándonos en las alas del deseo, despiertos y dormidos nos hace soñar constantemente en el bienestar, encarnado en nosotros, del suelo en que nacimos”. Gracias, maestro cantor. ¡Descanse en paz! 

 

 

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