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Nuevas corrientes de esclavitud

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Por Marcelo Barros

Publicado: miércoles, 22 de agosto de 2018

En el mundo actual, la esclavitud sigue siendo una llaga tan pesada y cruel que la ONU consagra anualmente el 23 de agosto como “Día internacional del recuerdo del tráfico de esclavos y de su abolición”.

El lenguaje es ambiguo. No se puede hablar de recuerdo del tráfico de esclavos como si eso fuera sólo un mal recuerdo. No lo es. La misma ONU sabe que, cada día, en las fronteras de algunos países de África, todavía se ven camiones apiñados de niños y adolescentes llevados al tráfico de esclavos. En países “del primer mundo”, el tráfico humano se hace clandestinamente, de forma igualmente cruel y violenta.

La misma ONU calcula que todavía existen más de 800 mil personas sometidas a regímenes de esclavitud. Los campesinos trabajan como esclavos en granjas que son verdaderos campos de concentración. Mujeres son obligadas a prostituirse. Niños son robados de sus casas hasta para servir como donantes de órganos. Eso ocurre en todos los continentes. En Brasil, ese problema es tan grave que, en 2014, la conferencia de los obispos (CNBB) lo tomó como tema de la Campaña de Cuaresma. 

En 2017, en todo Brasil, el Ministerio de Trabajo del actual gobierno ilegítimo actuó 131 empresas que mantenían a personas en régimen análogo a la esclavitud. En el campo, la agricultura y la ganadería son sectores en los cuales se han aún encontrado campesinos aprisionados con corrientes eléctricas. En las ciudades, es sub-humana la situación de trabajo de muchos obreros de la construcción civil y del sector textil. 

La explotación del otro al servicio del lucro no es un abuso del sistema. Es la misma lógica del capitalismo. Si se considera legal que cinco brasileños posean una riqueza equivalente a la mitad de la población, eso solo puede darse como fruto de la explotación del trabajo y de la fragilidad de las personas. El papa Francisco siempre nos alerta en contra la cultura del individualismo y de la indiferencia. En julio de 2013, en Lampedusa, la isla italiana a donde intentan llegar miles de migrantes clandestinos, el papa declaró: “Pidamos a Dios la gracia de llorar por la crueldad que hay en el mundo y en nosotros, incluyendo aquellos que toman decisiones socioeconómicas que abren el camino a dramas como este”.

Las Iglesias cristianas tienen como misión testificar el proyecto divino de paz y justicia en el mundo para vencer todas las estructuras inicuas. Más que en tutelar la sociedad y querer imponer a todos leyes y reglas que las iglesias crean para sus fieles, los cristianos están llamados a testimoniar la verdad de lo que san Pablo escribió: “Fue para que seamos libres que el Cristo nos liberó “(Gal 5, 1).

 

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