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Dudar de las chárters

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Publicado: miércoles, 22 de agosto de 2018

María del Carmen Gutiérrez

 

Uno se permite dudar de los números y de las buenas intenciones. Se permite preguntarse hasta el por qué de los buenos resultados.  Eso hacemos.

Está bueno eso: crear una institución educativa que ofrezca un lugar seguro y creativo para el desarrollo de destrezas de vida, recreación, deportes, artes y salud. 

Mejor todavía que para un poco más de un centenar de niños se disponga de una ayuda gubernamental que sume, digamos, 19 millones de dólares. Eso es bueno. Mejor todavía si se piensa que la ley establece cómo es que con fondos públicos un operador privado puede administrar una escuela. Vale recordar que una “escuela chárter” recibe fondos públicos, destinados al derecho de la educación de todos los niños, no de 58, ni 104, ni 13,000. 

Digamos que Saint John’s recibe fondos gubernamentales. Se trata de una burbuja de un sector minoritario del país que tiene todos los recursos del mundo, niños que viajan alrededor del planeta desde temprana edad con padres profesionales, emprendedores, con comodidades a su alrededor. Eso no lo tiene la mayoría de los niños del país, identificados como los más pobres en Estados Unidos. Si el Departamento de Educación (DE) tan solo tiene para invertir entre $2,000 a $7,000 por estudiantes, ¿cómo permitir que desvíe $6,400 por estudiante a la escuela de Boys and Girls Club, que tiene más fondos disponibles que lo que tiene el DE para financiar decenas de escuelas para la educación de miles? Eso, para mi, es terrible y una gran injusticia.

Lo que el DE reconoce al coauspiciar esa escuela que alega es chárter, probablemente de manera ilegal, es que el salario mínimo de un maestro debe ser $40,000 y no $21,000 como tiene hace 10 años; que debe tener 12 estudiantes por salón; la integración de los padres en el proceso permitiéndoles desayunar y cenar junto a su hijo en la escuela; espacios impecables; y respeto, mucho respeto hacia la comunidad escolar. Nada de lo que la secretaria Keleher tiene en su política como principal administradora del DE. 

Quizás debemos aspirar a proponer el proceso a la inversa: traer la capacidad de buscar fondos privados para inyectar a lo público.

 

 La autora es portavoz de la Asociación de Maestros de Puerto Rico, AMPR

 

 

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