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Háblame de Elliott: Para Elliott todos éramos iguales.

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Por Reinaldo Segurola Pérez

Publicado: martes, 30 de enero de 2018

 

¡Qué les voy a decir sobre Elliott!… No creo haber tenido que compartir a un amigo con tanta gente sin sentir pizca de celos. Decir que Elliott fue un ser gregario con un don especial para acumular amigos ni comienza a describir esa fuerza magnética con la que vino alambrado y con la que nos mantenía a todos emburujados.

Creo que es ahora que realmente entiendo su esencia. En más de una ocasión anduve con él en reuniones y actividades. En algún momento me decía, “Cabo Rei, nos vamos en como 10 minutos”. Demás está tener que aclararles que en el reloj de Elliott una advertencia de que nos íbamos en 10 era de seguro por lo menos hora y media. Antes de partir el compay tenía que despedirse de cada ser humano a quien había saludado de llegada. Nunca era una conversación frugal o, cómo dicen los gringos, “small talk”. Elliott tenía esta única capacidad de sentir a los demás, él escuchaba, sabía de las familias, preguntaba con interés sobre lo que ahora estaba haciendo el amigo o la amiga. Conocía y preguntaba por la familia y los hijos. Ese don de preguntar e interesarse por los demás lo convirtió en un ser querido por todos. Lo vi muchas veces conversando con otros y siempre desplegaba cariño y respeto. Trataba con igual generosidad a don Rafael Cancel Miranda que a un chamaquito de La Perla. Era igual de atento a lo que hablaba un fanático de baloncesto que recién conoció en una cancha como cuando hablaba con Flor Meléndez. Para él un anónimo salsero requería la misma atención que la que le prestaba a Andy Montañez.

He aquí lo que para mí distinguía a Elliott: para él todos éramos iguales. Yo sigo aprendiendo tanto de este maravilloso ser a quien el amigo Jaime Córdova acertadamente describió como “alguien a quien el alma le pasea por el cuerpo”. Él siempre le sacó el jugo al tiempo, nunca fue su esclavo. En el tiempo que vivió supo cultivar amistades ricas y verdaderas, por eso cuando le recordamos lo hacemos con sonrisas y no llanto.

Hay gente que nos es tan necesaria que cuando mueren arrastran y se llevan a nuestro mundo con ellos… no es que el mundo desaparezca, pero el que teníamos deja de ser.

 

Rei Segurola

Abogado y pana de Elliott

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