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Venezuela o el Terrorismo de Estado

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Por Noel Colón Martínez

Publicado: martes, 3 de marzo de 2015

La Revolución Bolivariana de Venezuela atraviesa una amenaza de desestabilización dirigida a derrocar el gobierno legítimamente elegido en elecciones comprobadamente limpias. Ahora, como en ocasiones anteriores, el instigador aparece claramente reconocido; es el mismo que ha mantenido un bloqueo económico y político que ha recaído principalmente sobre las espaldas del pueblo cubano desde hace más de cincuenta años. Es el mismo país que pretendió escudarse detrás de Pinochet y su lugarteniente Manuel Contreras para organizar y dirigir en la década del setenta la famosa Operación Cóndor que con mayor o menor intensidad cubrió a toda una América Latina dirigida por dictadores que, al servicio de Estados Unidos, sembraron terror y muerte como nunca se había considerado posible en casi toda la región.

Investigaciones que partieron de hallazgos en archivos secretos del Paraguay sitúan las pérdidas en 50,000 personas asesinadas, 30,000 desaparecidos y 400,000 encarcelados entre las décadas del 70 y el 80 del pasado siglo. Henry Kissinger y Contreras, adiestrado éste en Estados Unidos para coordinar la actividad de terrorismo de estado en América Latina, lograron mantener esta parte del mundo como un verdadero traspatio de la política exterior de Estados Unidos durante el periodo de la llamada Guerra Fría. Sólo Cuba, a partir de la victoria de su revolución, pudo mantener una conducta a nivel internacional de repudio a la política imperialista de Estados Unidos.

Pero el afán de dominación imperialista de Estados Unidos parece no tener límites. En Vietnam y Corea Estados Unidos sufrió derrotas con pérdidas de vida y recursos significativos. Sin embargo, su afán de dominación ha continuado de manera intermitente a través de las últimas décadas. Sus intervenciones en Irak, Afganistán, Libia y Siria así como su invariable apoyo al terrorista estado de Israel, han menoscabado de manera ostensible su prestigio en el mundo, coincidiendo estas absurdas intervenciones con la gran revolución democrática que se ha producido en América Latina.

En la agenda imperialista se ha colocado ahora como prioridad interferir con la unidad latinoamericana, que se ha ido construyendo de manera pausada y consensuada con las ideas bolivarianas como bandera de lucha en manos, principalmente de la Venezuela democrática liderada por Hugo Chávez y Nicolás Maduro. El imperialismo piensa que si se intenta seriamente afectar el proceso de integración latinoamericano hay que iniciar la desestabilización en la República Bolivariana de Venezuela. Allí nació el ALBA, allí nació CELAC; allí nacieron Bolívar, Chávez y Maduro.

Hay unos pequeños problemas que el imperialismo intenta desconocer. La Guerra Fría terminó en la década del 90: los residuos de la Segunda Guerra Mundial que ataron a Latinoamérica a la política exterior de Estados Unidos son hoy agua pasada que no mueve molinos. Hay una voluntad de integración que tiene ramificaciones muy extendidas a través del hemisferio y aunque unas generaciones tienden a ignorar las desventuras de generaciones anteriores, en América Latina existe una firme voluntad de no olvidar; de no olvidar a Pinochet atacando La Moneda para derrocar el régimen democrático presidido por Salvador Allende en 1973; a Videla, Massera y Viola en Argentina a partir del año 1976; a Alfredo Stroessner, dictador paraguayo por más de treinta años; a la dictadura cívico militar de Uruguay a partir del año 1973, con José Mujica preso desde 1972 hasta 1985. En Brasil los militares sacaron del poder al gobernante Joao Goulart, de gran entronque popular y democrático. Es imposible continuar una reseña detallada de los movimientos antipopulares al servicio del imperialismo internacional. Los imperialistas, como buenos terroristas, sembraron el terror y lograron cultivar el silencio… pero no indefinidamente.

Hoy, los políticos latinoamericanos, encarnaciones del pueblo, no fabricados en los talleres de inteligencia de Estados Unidos, son los reclamados para conducir un inevitable proceso de unificación, de integración, tan profundo como las circunstancias lo permitan. Esos reclamos los están haciendo los pueblos en procesos transparentes, dándole plena legitimidad a una tradición democrática que el imperialismo nunca ha respetado ni aun en su propia casa.

Por lo anterior, la provocación al pueblo venezolano no habrá de progresar ni prevalecer. Los presentes gobernantes han decidido que no se puede olvidar. Fue importante esta pasada semana recordar la fortaleza del pueblo con motivo del Caracazo de 1989. Venezuela es tan importante para América Latina como lo es, muy particularmente, para Puerto Rico. Para esa Revolución toda nuestra solidaridad.

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claritienda mi tierra me llama