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La raíz del problema

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Por María de Lourdes Guzmán

Publicado: miércoles, 9 de abril de 2014

El Movimiento Unión Soberanista (MUS) compareció a la invitación que le cursó la Mesa de Competitividad y el Crecimiento nombrada por el gobernador Alejandro García Padilla para  expresarnos sobre los cuatro temas que componen la agenda de ese Comité: la baja tasa de participación laboral, la fuga de talento joven, el envejecimiento de la población y la economía subterránea. Empecemos por decir que la premisa es equivocada. Los cuatro asuntos que se plantean no son problemas separados e independientes, sino la secuela directa de un modelo económico desgastado, maltrecho, que está incapacitado para responder a las necesidades y a las exigencias de los nuevos tiempos en Puerto Rico. La falta de poderes políticos, así como la falta de confianza que muchos gobernantes exhiben sobre nuestra capacidad para la autosuficiencia, impiden que Puerto Rico desarrolle e implante medidas y estrategias económicas efectivas. La condición de subordinación política a los Estados Unidos nos niega la oportunidad de crear un nuevo modelo económico, lo que genera esta profunda crisis en la que está sumido el país. Es, pues, necesario ir a la raíz de la crisis: el modelo económico prevaleciente, de donde surgen estos cuatro problemas y muchos más.

El deterioro actual es el mayor en los últimos 70 años. El modelo económico del Estado Libre Asociado está agotado. Más de la mitad de los puertorriqueños aptos para trabajar no trabajan o  están desempleados. La  tasa  de  participación laboral  es  menor del 40%. Ha quedado marginado un sector significativo de la población, condenado a vivir en una economía informal que se sustenta, en gran medida, del narcotráfico, responsable de una ola de criminalidad sin precedentes donde muere un gran número de nuestros jóvenes. Muchos de estos jóvenes terminan en los puntos de drogas como consecuencia, además, de un sistema educativo desgastado y arcaico y que al día de hoy no ha podido manejar el epidémico problema de la deserción escolar. El deterioro del sistema de educación pública ha tenido su efecto en la marginación de las clases de mayor privación económica y principalmente de aquellas familias lideradas por mujeres y/o compuestas por personas de la raza negra. Mientras, 45% de la población está bajo el nivel oficial de pobreza. La dependencia de los fondos de asistencia social, tal y como está estructurada, no contribuye a estimular la productividad en la gente, ni promueve un deseo de superación que integre al individuo al mundo escolar y laboral. Tampoco se estimula la autogestión, el empresarismo ni el cooperativismo.

Ningún gobierno ha integrado la productividad popular a una economía que sea proyecto de país. Se ha creado  una fuerte relación de dependencia del gobierno de Puerto Rico con el de los Estados Unidos, para obtener fondos que le permitan mantener el orden dentro del caos, producto de una estructura profundamente desigual. Convenientemente, las ideologías de poder vigentes en nuestra sociedad, postulan que los problemas de la pobreza son un derivado de la incapacidad individual de integrarse al mercado del trabajo y consumo. Así, pretenden soslayar que la pobreza es el resultado de la existencia de una estructura de clases desigual en la que la distribución desbalanceada de la riqueza también incluye una desigual distribución de oportunidades.

La aplicación de la cláusula de comercio interestatal de la Constitución de los Estados Unidos a Puerto Rico es, además, responsable del desplazamiento de empresas puertorriqueñas, de la quiebra y cierre de cientos de estos negocios, problema que el presente sistema político se ve impedido de resolver. La extrema y reprochable liberalidad de los gobiernos al permitir el establecimiento de múltiples megatiendas en el país, ha acorralado a las empresas de capital nativo. Cada vez es menor la participación del capital local en nuestra economía lo que, indudablemente, constituye una de las raíces de la actual crisis. Por otro lado, las ganancias que genera el capital extranjero abandonan el País sin abonar al crecimiento de la riqueza nacional. El balance entre los fondos federales asignados por el gobierno de los Estados Unidos para la asistencia social y lo extraído en ganancias por las corporaciones establecidas en la Isla arroja un saldo muy favorable a las empresas de ese país. Las leyes federales que rigen el comercio interestatal impiden la implantación de medidas efectivas para favorecer la inversión competitiva en la Isla de los ahorros que se generen aquí.

Enfrentar exitosamente la crisis actual tiene escasas probabilidades, o ninguna, bajo las presentes estructuras políticas coloniales. Atravesamos una crisis económica que no es cíclica sino estructural. Por lo tanto, la solución de esta crisis exige cambios radicales en nuestras estructuras políticas y económicas. Ya no hay espacio para reformas o parchos al sistema actual. En ausencia de los poderes políticos de país soberano, Puerto Rico está impedido de desarrollar medidas y estrategias para hacer los cambios estructurales necesarios para la creación de un nuevo modelo económico. Obviar esta realidad y, en su lugar, ir en busca de meras reformas temporales para paliar en algo la crisis, sólo conduce a mantener las condiciones y circunstancias que producen los resultados enunciados en los cuatro asuntos planteados, así como muchos otros.

Ante la realidad de un modelo económico desgastado, acompañado por una distribución desbalanceada de la riqueza que también incluye una desigual distribución de oportunidades, se crea un sinfín de problemas sociales, como el crimen, la drogadicción, la alta tasa de suicidios, la violencia intrafamiliar, el aumento alarmante de las personas sin techo y la corrupción a todos los niveles. La economía oficial no tiene la capacidad para atender las necesidades de grandes sectores de nuestra población que han sido marginados y condenados a recurrir a una economía informal o subterránea como medio de subsistencia. Este sector, que se convierte en dependiente, sale del mercado de empleos, lo que produce una baja tasa de participación laboral, así como la fuga de talento joven frustrado con el fracaso de sus gestiones para emplearse, con el consiguiente envejecimiento de la población. La génesis de esta situación tan caótica es nada más que el modelo económico que nos negamos a reconocer que ya no nos sirve más.

A corto plazo, necesitamos que quienes nos gobiernan tengan visión, voluntad y valentía. Es necesario repensar nuestro país, tener compromiso con su bienestar, solidaridad con nuestros compatriotas que sufren y viven esta crisis y valentía para tomar decisiones que produzcan cambios fundamentales, trascendentales y definitorios. Es indispensable buscar un consenso entre amplios sectores del país, considerando seriamente las recomendaciones que respondan al mejor interés del pueblo al que se le sirve y no a los grupos de poder que solo actúan en función de su propio beneficio.

* La autora es abogada y Presidenta del Movimiento Unión Soberanista (MUS).

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