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Inversión, redesarrollo y desplazamiento

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Publicado: miércoles, 22 de agosto de 2018

Por Hugo Marín González

Especial para CLARIDAD 

 

MAYAGUEZ, PR- La inversión y el redesarrollo urbano son dos necesidades muy deseables para Puerto Rico. La devastación causada por el huracán María y la migración masiva de familias a los Estados Unidos, ha dejado concentradas áreas de pobreza en muchos barrios urbanos, rurales y costeros de nuestro país. Una serie de iniciativas gubernamentales para generar capital, apuesta el futuro económico boricua en el turismo y la inversión foránea. Esto ha despertado el interés de desarrolladores locales y extranjeros, que reconocen el potencial de algunas comunidades, y con planes llega esperanza para la tan necesaria revitalización. A medida que dependemos de los beneficios potenciales que inversionistas pueden aportar a la infraestructura de comunidades vulnerables, y cómo recuperarse de la crisis financiera, es también imprescindible examinar que históricamente, un efecto adverso de una mala planificación es el desplazamiento de nuestras familias. 

La afluencia de familias adineradas a un vecindario de bajos ingresos se llama gentrificación. En los Estados Unidos este fenómeno es eje de controversia entre muchos académicos, activistas y planificadores urbanos, centrando discusiones en los efectos que impactan a las comunidades minoritarias. La reurbanización y gentrificación, beneficia tanto a los residentes nuevos como a los existentes, mejora la infraestructura y ayuda a que los servicios públicos, las carreteras, la respuesta a emergencias y las escuelas sean más eficientes. También aumenta las opciones de empleo local, fomenta oportunidades de desarrollo económico y la actividad comercial del vecindario.
El primer desafío que enfrentamos es el aumento en la demanda de hogares por gente acomodada, se elevan tanto los precios de la vivienda como los costos de vida. Esta tendencia reemplaza la disponibilidad de casas con renta barata o módica. 

Este aumento en la demanda y precio de vivienda limita la oferta a la persona de escasos recursos económicos, sin embargo el rico sí puede costear los precios. Entonces el individuo o la familia desventajada se ve forzada a mudarse a otro lugar, donde pueda vivir de acuerdo a su estado social, aunque su familia haya vivido en el área gentrificada por varias generaciones. 

Mientras Puerto Rico se encuentra en una crisis financiera sin precedentes, un agente de bienes raíces, me explicó que la economía del pueblo de Rincón no se ha visto afectada y que por el contrario, la economía de la Municipalidad se encuentra muy sólida gracias a la industria turística, y en crecimiento. El desarrollo turístico en Rincón a convertido de este en un muy colorido pueblo con una gran actividad social y comercial.

Ahora, muchas de las humildes viviendas frente al mar, que antes pertenecían a familias de pescadores locales, han sido reemplazadas por “Airbnbs”, apartamentos de lujo y extravagantes mansiones. Muchísima gente local de raíz rincoeña, se ha visto forzada a relocalizarse a municipios aledaños, donde la renta es aún de costo moderado. 

El fenómeno del desplazamiento como producto de la gentrificación, no sólo es impulsado por el impacto directo de la escalada en precios de alquiler o venta, existen además implicaciones indirectas que pueden conducir al desplazamiento.
La evolución socioeconómica, los cambios culturales y físicos de un vecindario, de tiendas y lugares de reunión, son algunos elementos que pueden conducir a un desplazamiento indirecto. Algunas de las personas que han vivido en un área durante generaciones, puede que sean capaces de pagar los nuevos costos de vida, pero es posible que ya no sientan una conexión con su vecindario. Muchas de las características y lugares que significaron algo para ellos, tales como plazas, iglesias y cafeterías, son transformadas en comodidades y amenidades que no están diseñadas o destinadas para ellos.
Algunas fuentes aseguran que unas 750,000 personas abandonarían Puerto Rico durante los próximos cuatro años. Muchos de ellos se fueron dejando atrás sus hogares. Incluso, antes de los huracanes Irma y María, Puerto Rico enfrentaba ya una crisis hipotecaria. Según un infor
me de NBC el pasado mes de junio, entre 2009 a 2016 se ejecutaron alrededor de 33,000 viviendas, y en 2016 se marcó un récord de 5,424 viviendas.
A la hora de evaluar nuevas estrategias de redesarrollo, la coordinación y la comunicación entre líderes comunitarios, desarrolladores y funcionarios de gobierno, es esencial para mantener el equilibrio y garantizar que los intereses de los residentes existentes sean atendidos y respetados. 

 

Comentarios a: hugomarin76@gmail.com

 

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