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La Natalidad es También un Asunto Político

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Por Noel Colón Martínez

Publicado: lunes, 15 de septiembre de 2014

Puerto Rico y su geografía existen hace millones de años y debemos suponer que podrán continuar existiendo por muchos millones más, salvo transformaciones naturales que no pueden descartarse. Los que hemos tenido el privilegio de habitar esta geografía, sin embargo, no siempre hemos sido los mismos. Con la colonización española, iniciada en el siglo 16, en esta región se iniciaron prácticas genocidas que terminaron con la mayoría de los habitantes naturales y se inició un proceso de repoblación que ha continuado caracterizando lo que es el puertorriqueño de hoy. Básicamente nos hemos mezclado tres razas y hemos constituido así una nacionalidad con claro perfil propio.

Dicho lo anterior, hace poco tiempo el gobierno de Corea del Sur ordenó un estudio que determinará con alguna certeza cuándo se extinguiría la vida de la nación surcoreana como se ha conocido hasta el presente. Se determinó que la población de Corea del Sur se extinguirá completamente para el año 2750 si mantiene su actual tasa de natalidad. La actual tasa es de 1.19 hijos por mujer registrada hasta el año 2013. Los más de 50 millones de personas que aún viven en el país se reducirán a 40 millones en 2056 y a sólo 20 millones al fin de este siglo, según el estudio del Servicio de Investigación de la Asamblea Nacional de Corea del Sur. Se explica que Corea del Sur iniciaría el próximo siglo con una población similar a la de toda la península coreana (Norte y Sur) en 1930. El número de habitantes bajaría hasta 10 millones en 2136 y finalmente quedaría en cero en el 2750.

Se admite que existen factores que podrían afectar esta proyección pero se enfatiza que el reemplazo generacional sólo se logra cuando la tasa sube a 2.1. Las razones para la exigua tasa de natalidad en Corea del Sur es la misma, en términos generales, que la que se esbozan en todas las sociedades del primer mundo. El avance en el reconocimiento de los derechos de la mujer, sobre todo su profesionalización y participación en el mercado laboral, los elevados recursos necesarios para una adecuada crianza y educación de los hijos, el acceso a métodos contraceptivos, el desarrollo de entornos extremadamente competitivos, los cambios profundos en la manera en que se relacionan el hombre y la mujer, y muchos otros. El factor que no cambia es aquél que asigna a la mujer el mantenimiento de la tasa de natalidad de cualquier país en todas las épocas.

Corea del Sur no es una excepción. En Puerto Rico se produjeron 85,455 nacimientos en 1950 para una tasa de 38.5 y en 2007 el número descendió a 46,658: un cambio de 83.2% y un descenso a 11.8 en la tasa de nacimientos por cada mil personas. Pasados siete años desde el 2007, y habiéndose agravado de modo tan profundo la situación del país, la tasa ha disminuido de forma significativa. En Corea del Sur los ciudadanos no pueden moverse hacia el norte pero en Puerto Rico la otra válvula que nos despobla está abierta y activa y se calcula que cerca de 500,000 puertorriqueños han abandonado la Isla en los doce años de la actual recesión.

Estoy tratando de analizar asuntos demográficos pero la sustancia es política. Cuando en nuestro país se aborda el problema demográfico invariablemente se asocia con el problema del éxodo de puertorriqueños a Estados Unidos. En verdad corren de la mano. En una época, la época de Manos a la Obra, en los años cincuenta del pasado siglo, se pensó que la emigración facilitaba el desarrollo económico porque restaba cargas al desarrollo social del país y porque se perdió totalmente la confianza en las posibilidades de una agricultura puertorriqueña sustentable. Así fue como un gobierno entronizó la práctica de impulsar hacia afuera a 500,000 puertorriqueños, la mayoría de los cuales no regresó. En la presente crisis nos hemos repetido la receta aunque ahora sustentada por una diáspora amplia y asentada.

No parece necesario decir que en las actuales circunstancias este gobierno carece de incentivo alguno para pedirle al puertorriqueño que se quede en su país. El País está totalmente desorganizado, hay inseguridad, la educación pública es objeto de críticas continuas y justificadas, el desempleo y la tasa de participación laboral no dan indicios de mejorar a corto plazo, mientras las apremiantes necesidades de nuestra gente son, ciertamente, a corto plazo. Por eso muchos se tienen que ir por obligación.

En marzo de este año, entrevistando a Julio César Hernández, director del Programa de Planificación Económica y Social de la Junta de Planificación, el funcionario expresó que “Es importante que se establezca una política pública clara que defina la tasa socialmente deseada de nacimientos en Puerto Rico. Este objetivo pudiera alcanzar el número de nacimientos necesarios para reemplazar la población: una tasa de natalidad de 2.1 (hijos por familia)”. Se citó entonces que la Ley del Reto Demográfico que se aprobó hace cuatro años creó un organismo presidido por la Junta de Planificación que “está analizando el desarrollo de la población y los factores que han incidido en su disminución para buscar alternativas que fomenten su crecimiento. Natalidad, Migración, Adultos Mayores, Niños y Adolescentes, Población General y Mortalidad, son los seis temas que estudia el Comité.

Lo que se advirtió de manera clara en la información de El Nuevo Día de 5 de marzo de este año es que Puerto Rico es uno de los países con menor tasa de fecundidad en el mundo: 1.7 hijos por mujer. 1.19 Corea del Sur y 1.7 Puerto Rico. Según el Banco Mundial (2013) después de Cuba, Puerto Rico tiene la tasa de fecundidad más baja de América Latina y el Caribe. Frente a problemas parecidos, en otros lugares se enfrenta el problema con reformas laborales pro natalidad, con subsidios económicos e incentivos contributivos o con programas de cuido de niños o cuidados especiales de salud a una embarazada. Puerto Rico no parece entender el problema. Confrontado Hernández con la necesidad de implantar políticas públicas como las expresadas anteriormente, se limitó a señalar que es momento de “sentarse a repensarlo”.

Siempre pensamos, y lo hicimos correctamente, que nuestra población era una de nuestras grandes riquezas, llenas de posibilidades y de capacidad para impulsar un desarrollo económico y social y retener una memoria histórica que se tiende a perder con el pasar del tiempo cuando se dispersa el grupo humano y todo su entronque cultural y político. Lo vemos hoy día cuando nos maravillamos de la trascendencia de los esfuerzos de algunos grupos de puertorriqueños que en lugares muy señalados de Estados Unidos se constituyen en vigías del patriotismo y la identidad nacional. Pero el tiempo es inexorable y una generación dará paso a otras que por razones sencillamente naturales se desvincularán de sus raíces. La natalidad para los puertorriqueños es un asunto político que deberá siempre ir más allá de la emigración.

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