Opinión / Editorial

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Mujeres: desafíos y lucha

Publicado: martes, 6 de marzo de 2018

En Puerto Rico, las mujeres han sido y son una gran fuerza que mueve al País. No sólo conforman el 45% de la fuerza laboral, sino que son también el eje alrededor del cual gira la vida en la mayoría de nuestros hogares. El llamado “trabajo invisible” que realizan nuestras mujeres para el sostén y protección de sus familias y del tejido social, puede que no se registre en las estadísticas ni reciba remuneración, pero su impacto permea todos los aspectos de nuestra vida colectiva y constituye una reserva poderosa de productividad que multiplica los bienes y las posibilidades futuras de nuestro país. También coloca un peso desproporcionado sobre los hombros de nuestras mujeres, que deben barajar la conjunción de roles y tareas como si fueran artes de magia, sin que su enorme capacidad de trabajo les permita a decenas de miles de ellas superar las condiciones de pobreza y privación en que se encuentran.

Tras el paso del huracán María, dichas condiciones de pobreza y privación son más evidentes entre nuestras mujeres- especialmente las trabajadoras, las jefas de familia, las estudiantes, y las de mayor edad- quienes no sólo compartieron con el resto del País los efectos del embate del fenómeno, sino que han estado también en la primera fila de la recuperación y la reconstrucción. A lo largo de todos estos meses difíciles, miles de mujeres han decidido no esperar por el servicio lento e ineficiente de las agencias del Gobierno de Puerto Rico y de FEMA, y se han colocado en la primera fila de los esfuerzos para que sus familias, sus vecindarios, sus comunidades, centros de trabajo y estudio se reconstruyan y tengan lo necesario para salir adelante. Han sido ellas el motor tras los esfuerzos para enfrentar la falta de energía eléctrica, de agua potable, de servicios primarios de salud, y otras carencias que han enfrentado con creatividad y sentido colectivo, y con un espíritu indomable de resistencia que genera activismo y solidaridad. Nuestras mujeres han puesto en práctica, como nunca antes en nuestra historia reciente, el lema de “hacer mucho con poco” como ejemplo para ir levantando al País desde sus cimientos.

Pero, por el hecho de ser mujeres, éstas viven unos desafíos particulares que van más allá de los retos cotidianos. Aunque son la mitad de la fuerza laboral, y son tan eficientes y productivas como el que más, están sujetas a prácticas discriminatorias en ese ámbito. Las posiciones de mayor poder y, por ende, de mayor paga y prestigio son generalmente ocupadas por hombres en una proporción injustamente alta, aún en casos de similar preparación y experiencia. Cerrar esa brecha de inequidad en la jerarquía laboral y en el salario es uno de los principales retos de las mujeres en esta sociedad, especialmente porque es un factor fundamental en la pavorosa pobreza que sufren. 

Las mujeres también confrontan la doble jornada; añaden a la labor en su centro de trabajo las múltiples tareas del hogar y las relacionadas a los hijos e hijas, generando una plusvalía social incalculable, por la que no reciben remuneración ni reconocimiento formal. Lograr una participación de mayor equidad entre hombres y mujeres en el ámbito del hogar, y de la crianza y cuidado de los hijos, es otro reto a superar en la lucha de las mujeres.

Acabar con las conductas que las reducen a objetos, y propiedad de los hombres, es quizá el reto mayor que enfrentan las mujeres en Puerto Rico y en distintas partes del mundo. Aunque la forma de manifestarse varía en cada cultura, el menosprecio, la doble vara, las prohibiciones, las decisiones unilaterales por parte de padres, hermanos, novios, esposos o jefes, y el hostigamiento generalizado, son matices variados de la persistente actitud machista hacia la mujer que se manifiesta en todos los ámbitos, y perpetúa las nociones y estereotipos de la sociedad patriarcal. Estas son las actitudes y conductas que en su vertiente más cruel y descarnada, pueden desembocar en crímenes como el abuso sexual y físico, las violaciones y el asesinato. Tristemente, las estadísticas nos dan la razón y, desproporcionadamente, son las mujeres y las niñas las principales víctimas de estos delitos.

Por eso, las mujeres han comenzado a expandir hacia otras áreas su proverbial combatividad y resistencia, ganando consciencia y experiencia de que los cambios permanentes y duraderos son sólo posibles en una lucha por la equidad más amplia y abarcadora. Así, en años recientes la conmemoración mundial del Día Internacional de la Mujer Trabajadora se conjuga con actividades donde las mujeres paralizan labores durante un período de tiempo en la jornada de ese día, y con ello dramatizan cómo se paralizaría el mundo si sus mujeres decidieran no trabajar más. 

En Puerto Rico, la Coalición 8 de marzo convoca a las mujeres a detener sus labores este próximo jueves, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, desde donde se encuentren- centros de trabajo, de estudio u hogares- y luego reunirse masivamente a las 3:00 de la tarde, frente al Departamento del Trabajo en la Avenida Muñoz Rivera, para marchar hasta la sede de la Junta de Control Fiscal en Hato Rey.

 Las mujeres son más de la mitad de la humanidad. Sus datos poblaciones, y los roles que asumen o se les asignan en sus respectivas sociedades, las colocan en el centro de la vida en este planeta. Las mujeres no sólo proveen sus cuerpos para la perpetuación de la especie, sino que son esenciales para el desarrollo humano, como un polo productivo y de cambio social. Es injusta e irrazonable su condición de inequidad ante sus compañeros de especie, y que sus derechos fundamentales sigan tan rezagados en Puerto Rico y el mundo. Mucho peor es la violencia continua que se perpetra contra ellas sólo por ser mujeres. Por todas estas razones y muchas más, su lucha por la equidad es absolutamente necesaria para la evolución positiva de la humanidad. ¡Todos y todas a conmemorar el Día Internacional de la Mujer este próximo jueves, 8 de marzo!

 

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