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CLARIDADES: ‘Cobardes, Viva Puerto Rico Libre’

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Publicado: miércoles, 22 de agosto de 2018

“¡Ustedes son unos cobardes, y no podrán detener esta lucha!”. Así les gritó Filiberto Ojeda a las decenas de agentes del FBI que rodearon y penetraron en su apartamento en la madrugada del viernes 30 de agosto como parte del operativo represivo realizado la pasada semana contra el independentismo puertorriqueño.

Ojeda, de 52 años de edad, mantuvo a raya a decenas de efectivos de las fuerzas  especiales federales que por espacio de alrededor de dos horas no pudieron acercarse al segundo piso de su apartamento en la urbanización Costa Azul de Luquillo. Esto, a pesar de que los agentes norteamericanos habían ocupado la primera planta del mismo y mantenían numerosos efectivos en los edificios aledaños.

Según testigos oculares, vecinos del área, la operación del FBI dio comienzo en horas de la madrugada del viernes y contó con la participación de unidades especializadas en asalto, explosivo y secuestros así como con francotiradores y helicópteros. Todos estos efectivos  fueron transportados a Puerto Rico desde diversos puntos de Estados Unidos.

Ojeda, destacado luchador independentista que permanecía en la clandestinidad desde hace 15  años, combatió las fuerzas combinadas de los federales apostado en la parte superior de la escalera que conduce al dormitorio y la oficina de su apartamento.

Contrario a lo publicado en otros medios, Ojeda jamás ha sido vinculado al tráfico de drogas ni al “bajo mundo” de la mafia.

A tempranas horas de la madrugada, los agentes del FBI rodearon el edificio de cuatro apartamentos gritando: “Filiberto Ojeda, estás rodeado, entrégate”. Luego, los norteamericanos rompieron la puerta trasera de cristal, forzaron la principal, ocupando así la planta baja de la vivienda.

Según voceros del FBI, el primer agente que intentó  subir al segundo piso, fue recibido con un disparo que impactó la pared al fondo de la escalera. Se especula que fue este el agente que fue herido en un ojo por  el rebote del proyectil. Otros cuatro agentes  sufrieron heridas leves producto del cemento arrojado por los disparos en la pared.

Numerosos impactos de bala pueden apreciarse en la pared que sirvió de blanco amedrentador y que frustró el asalto de los agentes norteamericanos a la oficina de Ojeda.

Luego de negociar con los federales, se permitió la salida de Blanca Serrano, esposa de Ojeda, quien de inmediato fue introducida en un vehículo oficial.

Según voceros del FBI y vecinos de Costa Azul, Ojeda gritó varias veces a los federales que eran unos “cobardes” y que desconocían el valor de los puertorriqueños. Relatan además, que el independentista reconoció entre los agentes a un puertorriqueño a quien le gritó: “¿Cómo es que tú siendo puertorriqueño te prestas para esta patraña? ¡¿Cómo es que te pone a luchar contra tus hermanos de parte del invasor?!. Según se relata, el agente no respondió.

Narran vecinos del área que la preocupación mayor de la tropa de asalto era que Ojeda tuviera explosivos en el segundo piso de la vivienda donde defendía su posición, y una y otra vez le indagaron al respecto. Según CLARIDAD pudo constatar en la hoja de objetos confiscados por el FBI no se hallaron explosivos en el apartamento de Luquillo.

Durante el sitio a su apartamento, Ojeda mantuvo una posición defensiva inexpugnable en la parte superior de la escalera, mientras un espeso humo negro se colaba entre las ventanas del segundo piso de la residencia.

Contrario a lo declarado por el juez Justo Arenas durante las vista de identificación, el independentista no ofrecía blanco a los francotiradores del FBI. Según expertos, de haberse decidido a tomar por asalto la posición de Ojeda, los federales hubieran perdido varios hombres en el intento.

Luego de alrededor de dos horas de combate, Ojeda decidió entregarse, bajando voluntariamente a la primera planta donde se encontraba un nutrido contingente de agentes norteamericanos. Todo indica que allí fue golpeado por éstos pues el independentista mostraba hematomas en la parte inferior de su mandíbula.

Al ser arrestado a la parte exterior del edificio, Ojeda fue lanzado al pavimento, esposado, mientras continuaba gritando: “¡Cobardes: Viva Puerto Rico Libre!”.

 

Noticia escrita por Manuel E. Coss para CLARIDAD en septiembre de 1985. 

 

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