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El ocho de marzo y una rosa roja

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Publicado: martes, 6 de marzo de 2018

Alicia Contreras / Especial para En Rojo

 

Pienso en el 8 de marzo como se piensa en una rosa en medio de un desierto. Y desde esa soledad hago la película de cómo se va creando un rosal. ¿Qué rosa? ¿Qué desierto? El desierto del androcentrismo y la rosa de Luxemburgo.

El androcentrismo, decíamos, es un desierto habitado por un animal de muchos rostros y nombres. En arroz y habichuelas no es otra cosa que la ideología que usa el concepto “hombre” como medida de todas las cosas. Pero no estamos hablando de arroz y habichuelas. La historiadora Anne Devin ha dicho: “Se ha estudiado a la población femenina únicamente en relación a las necesidades y preocupaciones de la clase dominante ilustrada (…) Las actividades de los hombres constituyen lo esencial del drama”. Ciertamente así ha sido. ¿Rosa Luxemburgo es tan importante y a la vez, tan relativamente desconocida entre los movimientos progresistas? ¿Será que los que escriben la historia aún sufren de esa enfermedad ideológica (androcentrismo)? ¿Todavía tenemos que lidiar con ese/esa orden del discurso? Evidentemente sí.

Sin embargo, hace poco más de siglo y medio, un 8 de marzo de 1857, las obreras textiles salieron a las calles de Nueva York a protestar por las miserables condiciones en las que trabajaban. Aquello fue el inicio de movimientos obreros que transformaron el rostro de la humanidad. 

Así, el 5 de marzo de 1908, Nueva York fue otra vez escenario de una huelga histórica. Un grupo de mujeres reclamaba la igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral y un tiempo para poder lactar a sus hijos. Durante esa huelga murieron más de un centenar de mujeres quemadas en un centro de trabajo. El siniestro se atribuyó al dueño de la fábrica. ¿Puede esto llamarse odio?

Virginia Woolf en Una habitación propia, señala al menos tres asuntos que le llaman la atención y la llevan a una reflexión amplia: 1. la gran importancia que los hombres se dan a sí mismos y las alabanzas que se dedican entre ellos; 2. lo mucho que han escrito sobre las mujeres para describir sus defectos; 3. la rabia y el odio con el que lo hacen que sobrepasa todo aquello que quieren demostrar. Esa rabia y ese odio se manifiesta desde un patrono que responde a las exigencias de las mujeres trabajadoras, o hasta un compañero que ve su poder amenazado por una mujer asertiva y libre, o un legislador interrumpiendo a una maestra que argumenta en favor de mejores condiciones laborales. Eso es hoy. Es el relevo de aquellas manifestaciones que señalamos.

¿Y la rosa y el rosal? En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca) más de 100 mujeres procedentes de 17 países reiteraron la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, a propuesta de Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Eso en medio del desierto, cambiando el paisaje ideológico, poco a poco.

Rosa Luxemburgo (Zamosc, parte polaca del Imperio Ruso, 5 de marzo de 1871 – Berlín, Alemania, 14 de enero de 1919), fue la mujer y teórica marxista más importante del periodo revolucionario entre 1880 y 1918. Sigue siendo un paradigma.

A los 22 años Rosa fundó en 1893 el periódico La causa de los trabajadores (Sprawa Robotnicza) desde el que se criticaban las políticas nacionalistas del Partido Socialista de Polonia. Ella creía que una Polonia independiente sólo podía resultar de una revolución proletaria en Alemania, Austria y Rusia. Mantenía que la lucha social frente al capitalismo era lo esencial, entrando en debates importantes con Lenin en torno al concepto de derecho de autodeterminación de las naciones bajo el socialismo.

Desde 1900 Rosa Luxemburgo expresó sus opiniones sobre los problemas económicos y sociales en varios artículos en periódicos de toda Europa. Sus ataques al militarismo alemán y al imperialismo se volvieron más insistentes a medida que entendía la posibilidad de una guerra en Europa. Quería organizar una huelga general que uniera solidariamente a todos los trabajadores europeos y así evitar la Primera Guerra Mundial. Eso no ocurrió. Pocos años después Rosa fue ejecutada y su cadáver lanzado a un río. Las circunstancias fueron horribles pues uno de los que ordenó su muerte fue un ex discípulo de sus talleres de capacitación política. Ese odio del que hablábamos, se manifestó entonces.

Los tiempos han cambiado. En 1972 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 1975 Año Internacional de la Mujer y en 1977 invitó a todos los estados a declarar un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. 

Este año la ONU ha declarado: 

Bajo el lema “Ahora es el momento: las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres”, la celebración de 2018 se sumará a un movimiento mundial sin preceden tes por los derechos, la igualdad y la justicia de las mujeres. El acoso sexual, la violencia y la discriminación contra las mujeres han acaparado los titulares y el discurso público, con una creciente determinación a favor del cambio.

El Día Internacional de la Mujer nos brinda la oportunidad de transformar el impulso en acción, de empoderar a las mujeres en todos los contextos, y rendir homenaje a las activistas que trabajan sin descanso defendiendo los derechos de las mujeres y animando a las mujeres a que se desarrollen plenamente.

Centrándose también en el tema del 62º periodo de sesiones de la de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, la celebración quiere llamar la atención sobre los derechos y el activismo de las mujeres rurales, que constituyen más de un cuarto de la población mundial y la mayoría del 43 por ciento de las mujeres que se dedican a la agricultura en el mundo. Labran la tierra, plantan las semillas que alimentan a sus comunidades y se hacen resilientes frente al cambio climático. Sin embargo, en casi todos los aspectos del desarrollo, debido a las arraigadas desigualdades y discriminación por razones de género, las mujeres rurales viven en peores condiciones que los hombres rurales o las mujeres urbanas. Por ejemplo, menos de un 20 por ciento de los propietarios de tierras son mujeres, y si bien la brecha salarial en base al género es el 23 por ciento, en las áreas rurales esa cifra sube hasta el 40 por ciento. Carecen de infraestructuras y servicios, trabajos dignos y protección social, además de ser más vulnerables a los efectos del cambio climático. Las mujeres rurales y sus organizaciones tienen un enorme potencial y se están moviendo para reclamar sus derechos y mejorar sus medios de vida y su bienestar. Usan métodos agrícolas innovadores, ponen en funcionamiento negocios con éxito, aprenden nuevas habilidades y conocimientos, reclaman sus legítimos derechos y se presentan a cargos públicos.

El 8 de marzo, únete a las activistas de todo el mundo, aprovecha el momento, y pon de tu parte para transformar las vidas de las mujeres allí donde se encuentren. ¡Ahora es el momento!

Por supuesto, no es la ONU, ni las ONG y mucho menos los estados los que pueden cambiar el curso de la historia. Somos nosotras, las mujeres trabajadoras, las que a través de nuestras organizaciones y grupos solidarios tenemos que reclamar y lograr que esas instituciones y esos estados se vean obligados a hacer valer esos derechos y somos nosotras las que vamos a cambiar y eliminar la ideología de que la medida de todo es la medida de los hombres.

El Día Internacional de la Mujer no es el día de regalarle flores a las compañeras. El ocho de marzo debe ser un rosal de fuego.

 

Alicia Contreras es líder comunitaria puertorriqueña residente en Ecuador. Es poeta y estudió antropología.

 

 

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