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En el camino del Che

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 3 de octubre de 2017

 

 

En el contexto social y político que actualmente vivimos en toda América Latina y Caribe, es importante recordar que en ese 7 de octubre se cumplieron 50 años del martirio del comandante Ernesto Che Guevara. Vale la pena reflexionar qué importancia tiene esa memoria para nosotros y para la lucha por un mundo de más justicia ecosocial. Aún hay cristianos que condenan a Guevara como alguien que optó por la violencia.  En 1967, mismo año en que el Che Guevara era asesinado, el papa Pablo VI, escribió que la insurrección violenta no debe ser el camino de los cristianos, pero puso una excepción a esa regla. Escribió: "a no ser en caso de dictadura evidente y prolongada"  (Encíclica El desarrollo de los pueblos, n. 31). Es precisamente ese el caso de nuestros países, en los cuales se prolongaron indefinidamente varias crueles cruel dictaduras económicas y sociales, ejercidas por las élites que desde el tiempo de la colonia tomaron para sí la tierra y los bienes que, en la misma carta, el Papa declara ser bienes comunes, derecho de todas las personas (PP 30).

En la segunda mitad de los años 60, Bolivia vivía una dictadura militar cruel y sanguinaria, como tantas otras patrocinadas por el imperio norteamericano. Hasta hoy, Vallegrande es una ciudad perdida en el valle de los Andes que le da el nombre. La Higuera, poblado de cien habitantes, 60 km adelante y en una montaña más alta, fue el lugar del martirio del Che. La población de la región, de rasgos indígenas, trae en la memoria los tiempos en los que militares torturaban a los campesinos para que revelaran dónde estaban los subversivos. Para no arriesgar la vida de ese pueblo simple, el Che evitó contactos, a no ser cuando era llamado como médico para cuidar de los enfermos.

Sólo una fe inmensa en la dignidad humana puede explicar su fe en la victoria de una campaña como aquella, con tan poca gente y tan pocos recursos. Él creía que la causa de la justicia jamás sería borrada y acabaría venciendo. El y sus pocos compañeros fueron traicionados y entregados a los militares bolivianos. Esos, comandados por norteamericanos, mataron a todos, algunos en combate y otros, como el Che, en un asesinato frío. Al declararse no creyente, el Che se reveló más espiritual que si hubiera sido adepto de alguna religión. Una poesía suya dice: Cristo, te amo. No porque has bajado de una estrella y si porque revelas que el ser humano tiene lágrimas y angustias, llaves para abrir las cerradas puertas de la luz. Si, enseñaste que el ser humano es un Dios, un Dios pobre y crucificado como tú. Hasta aquel que está a tu izquierda en la cruz también es un dios. Cristo, te amo". (Che Guevara, Nandahuazu, Bolivia, octubre, 1967).

 

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